lunes, 23 de septiembre de 2019


REBELDE E INCONFORMISTA
Entrevista a Guillermo Almeyra realizada por Marcelo Langieri
 Comparto a modo de homenaje una entrevista que le realicé a Guillermo Almeyra en el año 2016. Fue publicada en el libro "Rebeldes e inconformistas" coordinado por Pablo Pozzi y publicado por CLACSO e IMAGO MUNDI.
Tuve el honor de compartir durante la gestión de Emir Sader varios años con Guillermo. Recuerdo muy afectuosamente nuestras charlas. A su calidez y experiencia le sumaba una gran formación y cultura. Además de una vida militante de muchos años.
En los últimos tiempos, ya en Marsella, nos deleitaba con sus imperdibles posteros en Facebook. Guillermo fue un querido y gran maestro.
Con estas líneas honramos y despedimos a un gran revolucionario.
Entrevista a Guillermo Almeyra
La historia sería de naturaleza muy mística si el ‘azar’
no desempeñase ningún papel.”
Carlos Marx; La comuna de París
Pregunta: ¿cuáles fueron los debates de los años 60 en torno a la lucha revolucionaria y, específicamente, en torno a la lucha armada? ¿Y cuáles fueron los actores principales en esas discusiones, en esas luchas ideológicas?
Guillermo Almeyra (GA): Yo iría un poquito más atrás para ver la transformación social, porque una vez que se produce la revolución libertadora se derrumba todo el aparato del Partido Peronista, al cual nadie le había dado bola, salvo Nahuel Moreno que se relacionó con el Comando Superior del Consejo Peronista. Y la gente empieza la resistencia. ¿Cómo empieza la resistencia? Algunos poniendo caños o intentando el levantamiento, como el General Valle que planteaba una insurrección militar con apoyo popular. Después poniendo caños. Eran los sectores obreros, se ponían caños en todo el país, desde Jujuy hasta Buenos Aires.
Se inicia una resistencia que aunque estaba totalmente aislada tenía un apoyo muy grande, la gente no tenía cómo pelear porque no encontraba un centro; te pongo un ejemplo: cuando la CGT llama al paro general inmediatamente después del 55, es aplastada y meten a diez mil dirigentes sindicales presos, queda todo vacío, no hay quién organice. Entonces, la clase media que había creído que Perón era fascista, que se había opuesto incluso armas en mano al gobierno peronista, sectores que después confluirían en el frondicismo, harían alianza con el peronismo. Eran anti peronistas gorilas. Entonces, todo dependía del movimiento obrero. El movimiento obrero empezó a organizarse sin saber bien cómo, pero había un deseo grande de reorganizarse. Había un grupo de gente muy pequeño, estaban los comunistas, Rubens Iscaro, los dirigentes comunistas de gastronómicos, yo por aceiteros, ninguno representaba a nadie, estaban todos los gremios intervenidos, ninguno de nosotros estaba trabajando, ni los comunistas, ni yo ni nadie, organizamos un Comité Intersindical, que en el año 57 consiguió parar dos millones de trabajadores en el Gran Buenos Aires, con una huelga de dos horas de protesta, nadie sabía quién era el Comité Intersindical, no representaba a nadie el Comité Intersindical, pero la gente quería pelear y cuando encontró un punto donde apoyarse lo hizo. En todas las fábricas comenzaron a surgir tendencias. Hubo una efervescencia muy importante que tenía características diferentes según la provincia. En la Capital eran tendencias que trataban de recuperar los sindicatos intervenidos y como el sindicato estaba en manos de militares y no funcionaban, funcionaban directamente clandestinamente, hicieron una experiencia clandestina. Empieza la experiencia clandestina alrededor de los años 56, 57 y resistiendo por los problemas de las fábricas, porque inmediatamente por supuesto hubo un retroceso social enorme, las fábricas aumentaron el ritmo de trabajo, aumentaron el número de máquinas a atender. Entonces empieza una resistencia clandestina. En alguna provincia, como en Tucumán donde los sindicatos habían nacido al mismo tiempo que como instrumento peronista, obrero, la FOTIA por ejemplo, los sindicatos azucareros, esos van más lejos en la resistencia, se transforma también en grupos que están hablando de lucha armada y de otras cosas. Eso explicará por qué en Tucumán cuando Perón llama a votar por Frondizi los sindicatos sacan un partido local y no votan por Frondizi, mantienen la independencia de clase ¿no? En Córdoba, que era una provincia muy particular, donde había estado ese pre peronista que era Sabattini, el Gringo Sabattini, un radicalismo de clase media, reformista, con aspectos democráticos, laico, se produce la confluencia de un proceso donde todos los sectores de la clase media que había apoyado al golpe militar, porque era antiperonista y porque creía que Perón era un fascista, etc., etc., empieza a darse cuenta en un par de años que está apoyando un gobierno de la oligarquía, eso se expresó en el fracaso completo de la Constituyente y en el repudio al PC que entró en la Constituyente, en la fragmentación del PS, en ese tipo de cosas. Pero, simultáneamente sectores obreros no peronistas, pero que tenían muy buena relación, por ejemplo Atilio López de UTA de Córdoba. Los comunistas, una izquierda peronista incluso con tradiciones sindicalistas revolucionarias como eran los de Luz y Fuerza, sectores de un nuevo proletariado de origen obrero estudiantil, surgido de la industria automotor, que era absolutamente nueva y que concentra en Córdoba, gente de Rosario, de Buenos Aires de un montón de otros lugares y que eran obreros estudiantes o técnicos obreros u obreros intelectualizados, matriceros, y se generaliza la figura del obrero estudiante o del estudiante obrero, el estudiante pobre que trabaja en la fábrica y que después sigue estudiando. Entonces surge en Córdoba un proceso nuevo que es lo que permitió que en el 57 la CGT de Córdoba, una de las intervenidas convocase a la CGT del interior hiciera el programa de Huerta Grande y La Falda y luchara para la recuperación de la CGT, ¿no?, pero no eran peronistas, tenían una base entre los obreros peronistas todos ellos, ni Garzón Maceda el de prensa que estaba ligado al Partido Socialista Nacional, ni López, ni Tosco, ni yo que estaba por los metalúrgicos, ninguno era peronista, pero todos entendían el peronismo. Entonces surge eso. Cuando Frondizi en el 58 decide hacer un acuerdo con los yanquis, con la Standard Oil y con la iglesia, la protesta de los radicales es enorme, el laicismo, la protesta estudiantil, el laicismo de los sectores socialistas, radicales, que se sentían estafados por la llamada Libertadora confluye en torno a un eje obrero. Yo me acuerdo que había en Córdoba, concretamente, en el plenario de la CGT habíamos dicho los estudiantes tomaron por asalto esta CGT hace dos años, y trataron de romper la huelga de UTA, todo eso, pero en esta ocasión estaban peleando por un derecho que es el de todos, que es el derecho a la educación libre, laica y contra la iglesia y hay que apoyarlos y entonces la CGT salió a dirigir la huelga estudiantil y a la ocupación de fábricas y confluyeron obreros y estudiantes. De ahí surgió la idea de que dejen la clandestinidad, grupos ¿no?, en Córdoba, en Buenos Aires, de que había que organizar resistencia clandestina, ligados al movimiento de masas en primer lugar. El Lisandro de la Torre fue la expresión más directa ¿no?, Borro y la explosión del Lisandro de la Torre, la resistencia a toda costa adentro de la fábrica, largarle los bueyes contra la policía, las vacas contra la policía, todas esas cosas. La resistencia que unía todos métodos de lucha fabriles, barriales y semi insurreccionales. El gobierno no se engañó y declaró inmediatamente el CONINTES y con eso hizo dar una escalada a la lucha, porque si antes de la resistencia estalla la represión puntal militar y policial, la resistencia que ya era oculta pero con métodos gremiales, con huelgas que no se sabía quién las organizaba, pero que tenían un éxito bárbaro, luchas que imponían cambios en las fábricas, etc., etc., tenía que pasar a ser un instrumento ya, tenía que tener una coordinación. Eso impone una nueva dirección en el peronismo, una nueva dirección que será la 62, las 62 organizaciones, que nace en realidad de gente que estaba influenciada por posiciones revolucionarias, los acusaba de trotskistas, los trotskistas, Amado Olmos, Framini, sobre todo a Olmos lo acusaban de trotskista, porque la vieja burocracia peronista o estaba borrada, se había escapado o estaba presa, o no tenía volundad de lucha. Hay un cambio de generación en la burocracia sindical. Surgen dirigentes de gremios, incluso importantes, que eran muy combativos, muy derechos como Vandor en su momento. Surgen así y surgen en una resistencia y surgen como resistencia peronista. Y en el movimiento estudiantil como no estaban ligados a ese movimiento obrero sino empezaban a estar ligados, algunos sectores empiezan a pensar y lo pensarán después, y lo pensarán sobre todo a partir del 59, con la mala interpretación de la revolución cubana, de que el asunto era darle una forma de grupo revolucionario para la lucha ¿no? La revolución cubana impacto distintos a los obreros que a los estudiantes y a las clases medias. A los obreros al principio los confundió porque como eran peronistas y habían visto como al gobierno peronista lo derrocaban en nombre de la democracia, de la libertad, que sé yo, creyeron que el amigo de Perón Batista había sido derrocado del mismo modo, tanto es así que al principio los obreros rechazaron la revolución cubana, creyendo que eran gorilas. Cuando vino la delegación cubana acá, el primer país que visitó fue la Argentina, no pudieron pasar por la Gral. Paz porque los apedrearon, tuvieron que ir a alojarse en el Alvear Palace Hotel donde los metió el gobierno, yo me acuerdo haber discutido en ese momento con Dorticós, haberle dicho mire la gente que los apedrea a ustedes son sus amigos y la gente que los recibe a ustedes el PC y que los aplaude y el gobierno son sus enemigos, entonces pónganse en contacto con estos que los están apedreando, expliquen y no se vayan con estos tipos. Entonces, te digo que para entrar al Hotel Alvear recibimos tantas patadas en los tobillos…
P: Esto ¿a quién se lo dijiste?
GA: A Dorticós, porque él estaba rodeado por el PC de aquí, que se había opuesto a la revolución cubana y que estaba ligado también a Frondizi. Cuando ganó Frondizi en el periódico decían: El pueblo está en la Rosada, eran frondicistas. Entonces los trabajadores al principio tomaron a la revolución cubana hostilmente, porque a Perón le había pasado algo parecido según ellos, Batista era amigo de Perón, ese tipo de cosas. Pero después empezaron a ver de que no, que fusilaban a los torturadores, a los canas, que se tomaban medidas que fueron ganando confianza, pero no se hicieron cubanistas fidelistas, como sectores importantes de las juventudes de las clases medias, y del PS, el PS, Palacios a la cabeza. Palacios había sido embajador de la Libertadora y pasó a ser pro cubano, escisiones en el PS, sucesivas escisiones en torno al problema cubano y algunas de ellas con una mentalidad de puchistas o de insurrección, no sabían muy bien si organizar un puch u organizar un apoyo de más largo plazo y no es casual que esas escisiones del PS alguna de ellas después se transforman en maoístas. La revolución cubana, entonces, determinó eso y hubo quién sacó sus conclusiones. Ya en el año estallaron los Uturuncos. Los Uturuncos eran un grupo de tucumanos, simpatizantes trotskistas varios de ellos, uno de ellos dirigente. Unían a campesinos y a uno que otro cuatrero de burros, eran gente popular, campesinos tucumanos que se alzan en armas, es la primera guerrilla que se alza en armas, tenía una mezcla de obrerismo socialista o socializante y de peronismo, son los primeros. Después estuve preso con ellos y te digo que en parte me salvaron la vida, incidentalmente, yo estaba preso con los comunistas que me hacían la vida imposible porque decían que yo era agente del imperialismo, porque decía que Cuba tenía que romper completamente con la unidad con los antibatistianos. Y un buen día cae preso un dirigente del Comité Central del PC, un hombre viejo, de unos setenta y pico de años, polaco, o sea extranjero, comunista, judío, sastre, artesano y ninguno le quería dar su cucheta. Y estaban los nacionalistas, había dos o tres nacionalistas de la Alianza Libertadora que andaban con unos cuchillos hechos con flejes de cama diciendo que lo iban a matar, entonces yo les dije a los comunistas: ustedes son unos hijos de puta, este hombre es dirigente de ustedes, es viejo, es obrero, es un inmigrante y ninguno de ustedes jóvenes quiere desafiar a los tipos estos, yo le doy mi cama y yo me voy abajo con los nacionalistas, vamos a ver qué pasa. Entonces, lo primero que hice me junté con los Uturuncos y les dije estos dos tipos que andan ahí amenazando con el cuchillo se me van a venir esta noche, yo voy a dormir con una mano arriba del banquito cuando ustedes oigan boing vengan porque me achuran y entonces cuando los tipos vieron que éramos siete, ya no era uno solo, reflexionaron. Los Uturuncos eran así, los primeros que nacieron, incluso gente muy de derecha, como Masetti que venía del nacionalismo más reaccionario, de la Alianza, semi fachista, es influenciado por la revolución cubana y gente del aparato peronista también como Cooke, es influenciado. Pero la posición insurreccional de ellos, no de Cooke, pero de Masetti por ejemplo no era compartida por los sectores mayoritarios peronistas, éstos creían con justa razón que al gobierno lo iban a tirar con su resistencia organizada, con su resistencia de fábrica, con su resistencia política, y cada vez que Perón mandaba una orden que no les gustaba, no la acataban y además le votaban por otras direcciones sindicales y le hacían ese tipo de cosas. Entonces se fue formando en el movimiento obrero una idea de independencia y de auto organización frente al peronismo, eran peronistas sin dudas.
P: ¿Quiénes son los dirigentes que expresan esto?
GA: Mirá, Olmos, Framini. Framini venía de un peronismo conservador, pero que después de las elecciones, cuando gana en la provincia de Buenos Aires, aparece como un dirigente acusado de trotskista, porque se apoya en las conclusiones sociales que estaban explicadas del modo mejor posible en el Programa de Huerta Grande y La Falda, que era un programa a la vez nacionalista, obrero, y combatía al capital monopólico.
P: ¿El programa de transición?
GA: Sí, ahí había participado un muchacho en la redacción, su nombre era Saúl Hecker, que venía del PS con nosotros, después se murió. Hubo un obrero argentino-alemán, Pablo Schulz, que después combatió en Argelia, que era de nuestro partido y que había participado también, él era fruto de la CGT de Córdoba. La CGT de Córdoba hizo el Programa sin darse cuenta de la importancia que tenía, no lo mantuvo durante mucho tiempo y lo tuvimos que reanimar diez veces, veinte veces, en cuanto Congreso de la CGT había. Hay que sacar nuevamente el programa, no hay que rechazar el programa, no hay que esconder el programa, decíamos!!!.
Había figuras visibles, en Córdoba la cabeza era el Consejo Directivo de la CGT, Atilio López, que lo asesinó las Tres A cuando era vice gobernador. López era un radical pero estaba muy cercano a los peronistas, en su gremio lo elegían y cantaban la marcha peronista y él no era peronista. Yo nunca fui peronista pero me elegían los peronista, teníamos un bloque en la UOM con el apoyo de la izquierda peronista más los comunistas cordobeses que eran muy poquitos y dos o tres fabriquitas que eran muy chiquitas. Entonces se forma un núcleo colectivo, Tosco era el ideólogo de eso pero había otros ideólogos de ese mismo grupo, uno era Garzón Maceda, abogado, él venía de una familia de abogados defensores de los derechos democráticos, un tipo de la Reforma, todo eso. Entonces ese grupo, ligaba algunos aspectos como preparar la guerrilla en el norte con la evolución del movimiento obrero, porque le daba mucha importancia, por ejemplo, a la resistencia al CONINTES. En Córdoba se resistió muchísimo y después se sucedieron las grandes protestas como el Cordobazo, el Rosariazo, entre otras.
P: Cómo se desarrolla esta tensión entre el núcleo obrero y aquél otro que empieza a plantear otra forma de lucha que se despega un poco de la lucha obrera
GA: Claro, porque en el núcleo obrero lo que aparecía cada tanto, aparecían, nunca faltaba algún tenientito o sargentito que aparecía por ahí, porque hay que recordar también que el ejército fue muy depurado de los oficiales y suboficiales que venían de clases populares ¿no? que habían sido peronistas. Tanco por ejemplo o Valle, pero también depuraron un montón de otros tipos, mayores, capitanes que conspiraban a lo milico. Veían la salida pero como resultado de una cosa castrense o semi castrense, de discutir, de buscar apoyos civiles y militares, con la diferencia de que los sargentos estaban en los barrios populares, sobre todo cuando los habían echado. Entonces sargentos, cabos, todos ellos daban bastante manija a poner caños, a la resistencia. Pero el otro proyecto, porque en realidad no había un proyecto claro para nadie, pero había un proyecto instintivo del movimiento obrero “a éstos los vamos a echar con la huelga, con el movimiento, con la resistencia, con la movilización”.
Había una disputa con los que buscaban la solución por su propia cuenta, desvinculados en parte de las masas. Hay que tener en cuenta también que el movimiento obrero clandestino hacía tareas políticas clandestinas, por ejemplo nosotros pasamos a guerrilleros brasileños para que entrasen a su país, los pasamos a través de redes. Eran dirigentes sindicales, cuadros sindicales, que pasaban por Tucumán, Salta, Bolivia. Hacían también la experiencia política de hacer pasar militares brasileños o gente de Brizola que iba a realizar la guerrilla, no rechazaban la guerrilla, es más apoyaban guerrillas en otros lugares, pero no tenían como centro hacer una guerrilla aquí.
P: Y qué vinculación se establece con las organizaciones armadas de esta experiencia
GA: Las organizaciones armadas son posteriores, ¿no? en todos esos años no hay, te digo la primera es la de los Uturuncos, primera y por un rato única, después ya viene el guerrillerismo, no tanto por la Argentina pero viene porque con la influencia de la revolución cubana surge la idea absolutamente criminal de Régis Debray. El apoyo a Fidel, de generalizar el ejemplo cubano que era totalmente atípico, entonces se hacen guerrillas en México, algunas tienen cosas resonantes, lo mismo los brasileños, se hacen guerrillas después de los años 60, porque el golpe en Brasil fue en el 64 y ya había surgido la idea de Brizola de resistirlo con los llamados grupos de Once. Los grupos de once eran grupos, células político militares pero independientes que realizaban pequeñas acciones, pero había habido intentos anteriores en el 64, por ejemplo los infantes de marina brasileños y el cuerpo de tanques ya se habían opuesto armas en mano al golpe y fueron torturados, encarcelados.
Se generalizaron las guerrillas en buena parte de América Latina peros los obreros no se informaban demasiado sobre eso, pero la clase media aquí sí, los sectores que querían hacer algo, y sobre todo que querían acercarse a los obreros peronistas porque se habían dado cuenta que la visión primitiva que habían tenido hasta el 55 los centros estudiantiles, los estudiantes, de que Perón era igual a fascismo, era falsa. Perón podía ser todo lo derechista que quisieran pero la gente lo apoyaba a Perón por otras razones, por las conquistas obtenidas, estos sectores vieron que después del 55 pasaban años y la gente seguía resistiendo, seguía peleando, entonces se empezaron a dar cuenta de que había un problema político social y empezaron a respetar, a acercase, sobre todo cuando había coincidencias en algunos problemas como por ejemplo en la lucha contra la enseñanza religiosa, en la defensa de los derechos democráticos y el deseo de sacarse de encima la dictadura. Entonces comenzaron a acercarse, ese acercamiento hizo que muchos que habían sido anti peronistas creyeran que para estar junto a los obreros peronistas había que hacerse peronistas. El caso más claro fue el del PC, que había sido gorilas, que pasaron a una posición diferente ¿no?, es decir atraídos por la resistencia de los trabajadores y por la influencia de la revolución cubana y de la revolución china, que también en esos años 50, 60, la revolución china puso la idea guerrillerista en la clase media. Los obreros no sabían ni que existía la revolución China, imaginate vos, no es que fueran insensibles a lo internacional, yo me acuerdo muy bien, estaba trabajando en una fábrica textil cuando el primer Sputnik, eran las 10 de la noche estaba en plena dictadura y se supo lo del Sputnik y paramos espontáneamente, la fábrica a la noche paró, de alegría, fue un triunfo que aparecía como un triunfo anti imperialista, era un triunfo científico lo del Sputnik y la gente era peronista no comunista, no quería saber nada con el PC que había participado en el golpe del 55 dos años antes. Entonces la gente tomaba las cosas con beneficio de inventario, tomaba esta y te dejaba otra cosa, pero la revolución china no la tomó, en cambio la clase media sí. Surgieron importantes sectores pro chinos del PS, del PC, con la idea de que el partido es el que tiene que dirigir el proceso revolucionario, en consecuencia surgieron tendencias sustitucionistas. Siempre hubo resistencias parciales en los barrios, de repente desarmar algún policía, reunirse clandestinamente para organizar movimientos, todas esas cosas, eso había, había un gran conocimiento. Entonces eso pegó un salto cualitativo y se comunicó a sectores de clase media que ya empezaron a pensar en una lucha armada. El ERP en el sector de la izquierda nació precisamente de eso ¿no?, era un sector que venía influenciado más o menos por el trotskismo, Santucho por ejemplo, yo era dirigente entonces del único partido trotskista que se decía, del único que existía, porque Moreno se había borrado, se decía peronista, vino a vernos para una confluencia y nosotros le dijimos que podíamos actuar conjuntamente lo que quisieran, porque él tenía un Frente en Santiago, Indoamericano, solamente en Santiago podían pensar en indios porque en la Capital no había, ni en Córdoba tampoco, que podíamos llegar a confluir pero que no teníamos nada que ver programáticamente porque no era socialista, él creía que se podía hacer una mezcla y eso lo plasmó en el IV Congreso del PRT, una mezcla, él hablaba de algo sincrético, pero era una ensalada rusa, entre el maoísmo, tal como lo entendía él, lo que él aceptaba de Trotsky, que era la lucha contra la burocracia, el resto no lo aceptaba y un pensamiento nacionalista radical, bueno, y la lucha armada como conclusión para imponer eso.
P: Esto ya es, ya son los 70
GA: Los 70
P: Previo a eso está la muerte del Vasco Bengoechea, ¿no?
GA: El Vasco Bengoechea era uno que dejó de pensar como Moreno, que la cosa era entrar por la ventana, Moreno era un maniobrero de tomo y lomo, el que había dicho que el peronismo era agente del imperialismo inglés, lo había dicho en el 48 y lo siguió diciendo hasta el 50, en el 52 es uno de los fundadores del Partido Socialista de la Revolución Nacional con Abelardo Ramos, con el viejo Dickman y con Esteban Rey. Es más, él organiza la provincia de Buenos Aires. Ese Partido Socialista lo había inventado Perón ante la crisis de izquierda que tenía en el movimiento con los obreros había tratado de hacer un partido socialista peronista para impedir que los obreros peronistas fueran al socialismo y entonces él se mete ahí en ese peronismo a lo bruto, como siempre, mimetizándose de peronista y lo agarra el golpe siendo peronista, y sigue siendo peronista, saca un periódico clandestino, bajo la conducción del Comando Superior Peronista, con Perón y Evita en la foto. Mientras tanto hace mil maniobras, hubo un grupo importante que había sacado en cierto momento bastantes concejales en la Capital, que era Concentración Obrera, una escisión del PC de derecha, una escisión de los años 29, hace entrar a su gente en Concentración Obrera, como los otros eran diez, quince, no quedaban más, se apodera de todo, se queda con los bienes, se queda con los aparatos, lo mismo con el Partido Socialista de Coral. Entonces Bengoechea estaba harto de esa cosas, Bengoechea era un hombre de acción y decide crear una célula, él era un dirigente, él era el segundo después de Moreno, pero decide crear una célula propia de acción sin decirle a Moreno y empiezan a prepararla y ahí saltan por el aire antes de poder entrar en acción.
P: La famosa calle Posadas…
GA: En la calle Posadas vuelan por los aires, pero ya era una expresión de búsqueda en ese sector del morenismo de la lucha armada. Santucho se unirá antes con Moreno, antes de empezar la lucha armada, se une con Moreno y otros conocidos incluso por la IV Internacional de Paris que reconoce cualquier cosa ¿no? y en ese período la división es: Santucho que quiere ir a la lucha armada y Moreno que quiera mantener una acción legal, política, sindical con el PST. Santucho entonces después dará origen al ERP. Hubo un intento de cristianos como García Elorrio., un sector de Cristianismo y Revolución, sectores cristianos influenciados por el Concilio Vaticano II y por el Concilio de Medellín, sectores que evolucionan hacia la izquierda. Uno de los que todavía anda por ahí Enrique Dussel, el filósofo, era jesuita y después fue obispo y fue uno de los que intervinieron en darle forma al Concilio de Medellín, todos sectores cristianos. Camilo Torres en Colombia, el obispo de Cuernavaca (Méndez Arceo), cristianos que estuvieron en las guerrillas centroamericanas que optan por el camino de la insurrección, un poco por la idea cristiana, la prueba, el compromiso cristiano se lo tomaban en serio, era gente seria y otro poco porque pertenecían todos ellos a una intelectualidad muy influenciada por la revolución cubana, eran todos intelectuales de mucho valor, Camilo Torres era un intelectual de Lovaina, jesuita muy preparado.
P: Camilo Torres era sociólogo
GA: Claro, había un montón de esos. Entonces hay diversos sectores que van llevando a la idea de la guerrilla y por diversas razones también ¿no?, unos por la idea del foco otros por la idea medio maoísta, Argentina no tanto, porque Argentina no es un país de campesinos, pero en otros países sí y otros simplemente por la idea cristiana del acto de fe, del compromiso, de ese tipo de cosas así. Así que por esos años se va formando esa idea, todo eso confluirá con el derrumbe paulatino de la dictadura y al debilitarse políticamente la dictadura, sobre todo con tipos como Onganía que se echa encima a toda la universidad, con la noche de los bastones largos, va a crecer mucho el terreno para la idea de la insurrección armada y también por la influencia internacional que estaba en la época de eso, por todos lados había guerrillas y lucha armada lo que le dará un nuevo puntapié pero ya en los 70 es el fracaso de la salida democrática de la Unidad Popular y el gobierno de Torres en Bolivia y cuando la asamblea popular de Bolivia que era una verdadera constituyente fracasa y viene la dictadura y cuando la Unidad Popular chilena, fracasa y viene la dictadura, empieza la lucha guerrillera, esa es más o menos la conclusión y fomentada incluso por los cubanos de una modo irresponsable.
Los cubanos querían controlar todas esas guerrillas y apoyaban a todo el mundo que les fuera fiel y tienen un cierto eco y no hay nadie que le diga que hay que ver la característica de cada país, y lo que se puede hacer y cómo, combinar la lucha de masas con acciones militares, pero viendo los momentos. irresponsablemente la misma IV Internacional en su 9º Congreso Mundial cree que se acercará a los cubanos diciendo que la vía cubana y el ejemplo cubano es fundamental y adopta la idea guerrillerista para toda América Latina. Entonces se generaliza en Bolivia, en Perú y se generaliza en otros lugares de un modo irresponsable. Yo conocí a varios de los que empezaron la guerrilla antes de que las empezaran, por ejemplo Luis de la Puente Uceda en Perú. De la Puente Uceda venía del APRA, que era un movimiento masivo, nacionalista, incluso obrero en el norte. Él llega casi por exigencia cubana, porque él no quería hacer guerrilla, él quería hacer la experiencia aprista, la experiencia aprista era una experiencia que había tenido un levantamiento armado, un levantamiento armado de los marineros del Callao y otros, pero que no era una experiencia de guerrilla era una experiencia de movimiento de masas, él quería hacer eso pero le dicen que vaya a hacer la guerrilla y ahí muere trágicamente en el Cuzco, era el hombre menos apto para una guerrilla que yo conocí, tenía un asma espantoso, peor todavía que el del Che, era flaco y alto, parecía un poste de luz en medio de los cuzqueños que tienen un metro sesenta, este tipo del norte, mestizo de la oligarquía norteña, flaco, alto, lo veían a seis cuadras, no duraría mucho. Había un voluntarismo espantoso, a mí mismo me vinieron los cubanos a plantear que me sumara, me cita Pedro Asquini, del teatro independiente, muy buen director de teatro en el café de La Paz y me dice que estaba el Che en Bolivia y que había pensado que yo fuera para allá y llevara unos compañeros y que buscaban a Juan también para ver si iba alguno para allá, yo le dije Juan en estos momentos aparte de que lo debe estar buscando la policía, lo debe estar buscando el PC, en cuanto a mí vos venís a este café parece el Clarín el de mayor tiraje de la Ciudad de Buenos Aires, es irresponsable totalmente lo que me venís a decir y aquí, te agradezco la confianza, yo voy a transmitir, pero estás loco, absolutamente loco, las cosas no son así y si están preparados así, si es donde vos me decís y con esta preparación, pero eso va al muere, yo voy a informar y un consejo al Che que se raje de ahí, bueno la cuestión es que no sé si llegó a ponerse en contacto este, la cuestión es que era muy irresponsable la cosa, pero se basaba en un sentimiento que había que hacer alguna cosa indispensable, pasar a la acción ¿no? tenía una buena base porque la dictadura era frágil, desprestigiada, muy combatida.

miércoles, 12 de junio de 2019

Los sentidos comunes ante la metamorfosis de los políticos y la política


 Publicado en Revista Ciencias Sociales, facultad de Ciencias Sociales UBA Buenos Aires N 85 Marzo 2014

Imagen: Mujer embarazada cayendo dentro de un tacho de basura, Pomarola Talk, 2010

Los sentidos comunes ante la metamorfosis de los políticos y la política
Lucas Rubinich*
I
Quizás la desestructuración de los partidos políticos y el debilitamiento de las tradiciones hace que las miradas comunes sobre los cambios de lo que queda de los partidos en relación a su tradición y de los agentes políticos en relación a sus partidos, sea de alguna indiferencia mezclada con cierta percepción de un nuevo estado de cosas. No obstante, se podría aventurar que los sentidos comunes circulantes en el presente miran con tranquila desconfianza, aunque también descalifican,  por lo menos en el murmullo retórico, a aquellos agentes políticos que dan un salto de una a otra institución partidaria, de uno a otro agrupamiento político. También existe el mismo gesto de desconfianza hacia aquellos que dentro de un mismo espacio son los encargados de producir maniobras que llevan a lugares que parecen diferentes a los que marcaba una tradición proporcionadora de identidad. Sin embargo, el que se esos cambios se hayan vuelto más corrientes con la crisis del sistema de partidos, no inhibe las evaluaciones críticas, pero quizás las hace menos dramáticas y casi ausente de consecuencias prácticas.
II
¿Cuales son los elementos que conforman los sentidos comunes frente a estos cambios y cómo se estructuran? ¿Hay alguna regularidad en cuanto a las maneras de pararse frente a estas situaciones influenciados por creencias, sector social, genero, nivel educativo, etc? Claro que seguramente hay diferencias si se contemplan esas distintas variables. No obstante, lo que se quiere plantear aquí, es que la crisis de las identidades políticas probablemente habiliten formas de pararse frente a esas situaciones que coinciden, aún en las diferencias, en no asombrase frente a los cambios. Y también que es posible pensar estas transformaciones de una manera  conceptual apelando a dos tipos ideales antagónicos en las maneras de explicar la salida del individuo de un grupo. A partir de allí se podrían considerar las situaciones que harían más o menos intensas cada una de las posibilidades.
Simplemente porque son parte del capital moderno para explicar la acción humana, es posible imaginar, que en los elementos desplegados por esos sentidos comunes para dar cuenta de estos recorridos dinámicos, de estos cambios, pueden encontrarse dos formas que flexiblemente y en un ejercicio de condensación pueden describirse de la siguiente manera: las que se detienen en la singularidad del agente concreto que los ha llevado adelante, y las que le otorgan un valor determinante en relación a esa conducta individual a  alguna característica de identidad del agrupamiento.
De alguna manera pueden pensarse como los tipos ideales opuestos, como las concepciones puras ubicadas en cada punto extremo en relación a la indeterminación-determinación social de la acción humana  que han construido tradiciones diferentes en la teoría social. En un caso la acción social fuertemente influenciada por el individuo y en el otro la cultura marcando casi a fuego a ese individuo. Y es verdad que estas miradas opuestas en la teoría social pueden convivir en un mismo grupo cultural e inclusive en un mismo individuo en las evaluaciones cotidianas, porque forman parte de ese capital explicativo moderno de la acción humana, porque las miradas cotidianas sobre el mundo no se organizan necesariamente de manera orgánica en función de una ideología y menos de una teoría y, sobre todo, porque en momentos deshilachamiento de  instituciones y tradiciones que fueron productivas en un momento anterior y de ausencia o falta de legitimidad de las nuevas, las acciones y las miradas tienen menos contención y se entremezclan con retazos de distintas morales fragmentadas. De todos modos, elementos de estas dos formas  de explicar acciones de cambio presentadas como un tipo ideal, pueden encontrarse en la cultura de nuestras sociedades.
III
Por supuesto que hubieron sentidos comunes fuertemente legitimados en la modernidad occidental que pensaron al individuo como una determinación social. Sobre todo cuando algunas miradas modernas se preocupaban por consecuencias alienantes de los cambios que se producían. Ellos, los cambios, y entonces la entera sociedad, caían con un peso abrumador sobre ese sujeto de la época que era el individuo
Hay imágenes contundentes que refieren al individuo alienado que ha ingresado  en la soledad de la sociedad de masas y pierde su humanidad. Una pérdida que está en la soledad de la sociedad de masas que preanuncia una literatura de segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX. Los hombres solos en la multitud de las nuevas grandes ciudades, en los sistemas que son vistos con nostalgia de comunidad como “individualistas”, y que deterioran su humanidad hasta transformarlo en un mero insecto. La metamorfosis que la sociedad produce en los individuos, no el individuo que cambia, que se metamorfosea a sí mismo. Es, si se quiere una mirada con sensibilidad sociológica, la idea de la metamorfosis afectando al individuo, si se quiere a la humanidad del individuo como el resultado quizás irremediable de los cambios de época cuando se caen viejas instituciones y con ellas modelos de autoridad  que no son reemplazados inmediatamente. Desacomodamientos productores de seres desmembrados que potencialmente pueden conformar la tasa de suicidio anómico
Esta miradas junto a las grandes tradiciones de la teoría social contemporánea podrían acercarse sin esfuerzo a aquella máxima platónica que dice “nadie es malvado voluntariamente” . Efectivamente Marx puede sostener que “los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con las que se encuentran directamente, que existen y les  han sido legadas por el pasado” . Y una cita libre de Durkheim podría construirse de la siguiente manera: cuando se quiebran las instituciones los seres humanos que a ellas pertenecían, son más individuos
Pero es cierto que si se atiende a la variedad, seguramente no infinita, de sentidos comunes que evalúan a los individuos en relación a sus cambios de identidad grupal o institucional en la mayoría de los casos prima el sesgo que fuertemente  atribuye poder explicativo a la voluntad individual. Ya sea para saludar ese cambio, ya para condenarlo. La glorificación de la voluntad individual es un gesto de las miradas herederas de la tradición moderna, cuando el individuo abandona instituciones tradicionales: iglesias, estructuras familiares, identidades de género. Son menos complacientes y aun condenatorios, los sentidos comunes, también los provenientes de esa misma tradición, que se actualizan para juzgar a aquellos que abandonan una identidad política. El sentido común que refiere a los cambios de los políticos se asocia, fundadamente, a una voluntad individual violadora de un pacto de delegación de autoridad colectiva, y en tanto ese cambio es evaluado como respondiendo al interés personal hay una descalificación. Y son distintas las intensidades de la evaluación generalmente descalificadora, de acuerdo sea la fortaleza de la tradición y el espacio institucional abandonado. Entre los tipos ideales extremos de alta y baja  productividad cultural de un espacio portador de una tradición, los gradientes  de la actitud descalificadora van desde el uso pasional del calificativo traición, hasta la mirada tranquilamente crítica de los que miran algo sobre lo que todavía puede pesar el calificativo de incorrecto, pero de algún modo perciben como irremediable.
IV
Los sentidos comunes se construyen de manera compleja siempre, y más todavía en épocas de cambio donde hay deterioro de viejas miradas. Lo viejo no termina de morir y simbólicamente persiste, porque dicho quizás de manera un tanto exagerada, en este mundo contemporáneo, lo nuevo ya llegó, pero sin ninguna bandera trascendente. Es el predominio del individuo, pero no del individuo trascendente equilibrado por las consignas de la revolución francesa, es el individuo crudo, pragmático, moviéndose sobre la escenografía de un republicanismo liberal sin fuerza. Entonces hay que recurrir a las hilachas de alguna tradición para darle por lo menos la ilusión retórica de algo parecido a la trascendencia hasta que quizás se apague esa necesidad construida socialmente o probablemente resurja resignificada alguna tradición castigada por los nuevos aires de época.
En la política argentina elementos de estas dos formas mencionadas de explicar los cambios parecen actualizarse simultáneamente. En la que recurre a variables culturales atribuibles al colectivo (actuó así, porque los peronistas son así), el desfasaje en relación al deterioro de las instituciones políticas que informarían ese “ser así”, debería ser pensado como evidente. Porque, en verdad, ¿es posible actuar como peronista o como radical en el sentido fuerte cuando hay una importante fragmentación institucional y una poderosa debilidad simbólica? Para hacer esa evaluación se presume la existencia de ese colectivo con sostenes institucionales y culturales. Dadas las condiciones del presente, sería saludable, por lo menos dudar, sino sobre su existencia, sobre su efectividad, sobre su capacidad de ejercer fuerza simbólica. Del mismo modo ocurre cuando el cambio se atribuye al individuo y ese gesto es calificado como traición (traicionó o, quizás, decepcionó, al radicalismo) lo que presupone, del mismo modo que en el caso anterior, la existencia de un colectivo realmente existente o una tradición fuerte que se abandonan. Cuando lo que existen son instituciones y tradiciones que sobreviven como fantasmas agujereados hasta tanto se las suplante o eventualmente revivan bajo otras formas, el abandono de esas instituciones y de esas tradiciones, es apenas caminar hacia otro lado, y está bastante alejado del tipo de la relación que presupone el gesto fuerte y dramático de la traición.
Desde ya que no se trata de pensar en la existencia anterior de instituciones o tradiciones impermeables a los cambios, cristalizadas y poderosas. Si hay algo que no pueden pensarse así son los partidos políticos en Argentina que como corresponde han sufrido modificaciones en el tiempo y además han carecido de continuidad de funcionamiento en el marco de tranquilidades republicanas. No obstante hubo momentos que, con la ambigüedad de los grandes partidos y en el marco de esa inestabilidad republicana, tuvieron mayor organicidad y sus tradiciones flexibles pesaron sobre quienes estrictamente conformaban sus filas y también sobre sus adherentes. Lo cierto es que en el corto tiempo de los últimos veinte años estos gestos dinámicos (cambios de un grupo a otro, movimientos contrarios a núcleos de la tradición) han sobreabundado y en algunos casos han resultado significativos para el conjunto del sistema político.
”Peor que la traición es el llano” es la frase que según algunos viejos políticos habría pronunciado en un espacio de coloquialidad, un también veterano operador político de uno de los dos grandes partidos. Seguramente refería  en tono de broma, en una mesa nocturna y luego de alguna batalla electoral, a los reacomodamientos resultado de una interna partidaria. Elementos de la picaresca política que podía manifestarse de ese modo en el reconocimiento de seguir habitando un espacio más o menos común, con algunos elementos conformadores de la tradición que no era fácil ignorar y que seguramente no se encontraban en la letra escrita. Había solidaridades tejidas entre sectores heterogéneos en base a lazos armados en la experiencia que podían evitar, por ejemplo, el abandono total del derrotado en una interna o algún otro gesto que con tribuía a la reproducción del espacio. No se trataba de partidos ideológicos, pero si con algunas marcas culturales compartidas que podían atravesar heterogeneidades sociales, religiosas y hasta estilos de hacer política, contenidos en el amplio mundo de una historia y de flexibles banderas que sin embargo podían pensarse como aglutinantes de algo en común que se actualizaba en la confrontación con el otro.
Por supuesto no hay historia armónica, y hay momentos de quiebres y de confrontaciones dramáticas. Así y todo, hay prácticas relevantes en términos simbólicos y cuantitativamente extendidas, con capacidad de cohesión y reproducción de esos heterogéneos mundos. Por eso la frase que usa una palabra como traición, más corriente en el mundo peronista que en el radical, solo es posible de ser pronunciada, en un grupo de pares que forman parte tanto como él de ese algo flexible pero real que es su partido, de manera irónica. Y la ironía no inhibe que exista una referencia real. Los abandonos de unos y reacomodamientos con otros se hacen bajo la protección de esa difusa cultura común.
V
Claro que los cambios operados en los gobiernos de Carlos Menem, iban a resultar en transformaciones significativas en la economía, la política y la cultura. Cambios fortísimos que eran parte de una verdadera revolución neoconservadora a nivel internacional y que en términos político culturales construía una extraordinaria hegemonía que lograba inficionar a los partidos convencionales, por supuesto  al estado, al mundo de los negocios, y al campo cultural y científico. Y en términos de transformación simbólica quizás eran tanto o más relevante que los cambios impulsados por los nuevos aliados del peronismo en el ministerio de economía, los que pensaban e implementaban funcionarios técnicos y funcionarios intelectuales que se habían formado en los procesos de radicalización del mundo universitario de los años sesentas y setentas, y que formaban parte de las zonas más dinámicas del mundo académico y cultural. Uno de esos grupos llevaría a cabo en el ámbito de la educación la reforma  más regresiva que afectó a la educación pública argentina y que se armaba como parte de un proceso latinoamericano de reformas (que habían contribuido a diseñar ) implementado por un organismo financiero como el Banco Mundial La habilitación y continuidad de estas experiencias, primero con uno y luego con el otro gran partido, se asentaban, entre otras cosas en la percepción generalizada, construida desde la fortaleza política, cultural y económica, de estar ante un cambio de época irremediable.
A partir de esos momentos, no es que masivamente desertan las tropas y caen estrepitosamente banderas y otros símbolos. Hay situaciones inerciales que producen una paulatina dilución. Se continua marchando pero quienes lo hacen, a medida que las prácticas concretas van reafirmando esa nueva visión del mundo que ahora unifica a ambos partidos y a la centro izquierda, son cada vez menos peronistas o radicales, o ( lo que es más fácil) frepasistas,  y se convierten en individuos que hacen carrera política. Retóricas que refieren a la sensibilidad nacional popular o la ética republicana se pronuncian, no necesariamente de forma cínica, acompañando prácticas que son más deudoras del clima de época que coloca al individuo pragmático en el centro de la escena, que a las tradiciones que aquellas refieren.
VI
Y a medida que pasa el tiempo hay cada vez mayor habilitación para reafirmar esas prácticas y transformar esa retórica en meras guirnaldas de una escenografía de ritual cristalizado. Un hecho relevante para pensar en los quiebres de tradiciones ocurre un día de fines de setiembre de 1999 en el estadio Monumental de Nuñez donde se cerraba la campaña de los candidatos Eduardo Duhalde y Ramón Palito Ortega. Habló primero el cantante Ortega y luego Duhalde en medio de una lluvia primaveral que caía sobre 50.000 personas provenientes en su mayoría del conurbano bonaerense.El candidato habló centralmente a los empresarios. Carteles que referían a las intendencias del conurbano y a distintos gremios se levantaban en medio de la multitud. El final del acto, cuando ya amainaba la lluvia subió al escenario la actriz y cantante Nacha Guevara que había protagonizado una de las versiones del musical Evita y caracterizada domo Eva Perón cantó No llores por mi Argentina.
Ese ritual protagonizado por Nacha Guevara es en verdad fundacional en relación al la conformación de nuevos elementos de la cultura política que producirán un desfasaje entre la tradición hecha cosa pintoresca por un lado y la vida política práctica ( lo que verdaderamente hay que hacer más allá de las identidades) por el otro. Cuando los cambios operados en la política impiden la recuperación de aspectos de una tradición y sobre todo los aspectos  más rebeldes de esa tradición, ocurre que a la vez se hace necesario no desprenderse de indicadores de la pertenencia a esa tradición porque, al fin y al cabo, es sobre esas banderas descoloridas sobre los que se mantienen las formas organizacionales concretas que, aunque deterioradas, permiten seguir andando. Entonces se produce ese hecho de incorporación del ícono de la manera más despolitizada posible negando cualquier aspecto  de relaciones con el presente, de la lucha política, en tanto lucha.
El ritual del acto político es un ritual en que lo escenográfico y performático cumplen un papel relevante. Tiene algo de instituyente ya que se reafirma una diferencia entre el o los líderes y los seguidores, se confirma el papel del líder, de algún modo es un escenario de revalidación y fortalecimiento de la autoridad. Y las tradiciones están allí en la forma de interpelar en la misma escenografía, en las imágenes en las banderas. Pero el centro vital del ritual está en la performance del líder que cita nombres y frases familiares a la tradición  nombrando al presente, y así la actualiza, reafirma su autoridad y vivifica la identidad del espacio.  El cierre con una performance hecha por una actriz que es la actualización de un producto de la industria cultural internacional pone al ícono en una situación de extremo desfasaje con el núcleo conceptual de un ritual político, sobe todo porque es una performance en un escenario donde la performance ocupa un lugar central en la revivificación de la tradición. La performance allí, aun la menos eficiente simbólicamente, es siempre vital o se propone serlo. En este caso se desvitaliza de manera radical porque se trata de algún modo de un producto seriado, cosificado, producto de la industria (legítimo en un  teatro, pero no allí) que además , a diferencia de unas remera con imágen o un afiche, se propone generar emoción, ilusión de vitalidad. Y además en tradiciones sensibles a los liderazgos carismáticos, ocupa el escenario donde debe estar el líder 
Se podría abundar en situaciones de ambos partidos y en gestos sociales que con mayor o menor intensidad puedan pensarse como indicadores de la debilidad extrema de tradiciones que tuvieron potencia en la historia argentina en distintos momentos del siglo XX.  Y entonces vendría a cuenta citar lo que algunos veteranos del radicalismo comentaban con incomodidad en relación a uno de los jóvenes viceministros del presidente De La Rua, ex militante de la juventud universitaria,que al renunciar el ministro se negaba a abandonar su cargo de vice alegando que significaría un deterioro de su posición económica. Y aunque esto fuera solamente un murmullo el hecho de que resonara fuerte, lo convertía en un dato. Quizás tampoco sería irrelevante atender como un restaurante de la zona de Palermo en Buenos Aires se habilitó a jugar con los símbolos de la tradición peronista, desde el nombre del lugar, hasta las denominaciones del menú en donde se puede encontrar cerveza roja montonera y, traspasando los límites cualquier parámetro del buen gusto, una tabla de fiambres que se llama Pedro Eugenio.
VII
Sin apelar a un esfuerzo desmedido, es posible inferir que algo debe pasar en las organizaciones, en los grupos, en sus identidades, para que ocurran estas cosas que se parecen bastante a un fin de época que encima no promete alboradas gloriosas en reemplazo. Y quizás no sea demasiado difícil de ver. No obstante decretar la transparencia del mundo, aun ante los indicadores de la evidencia, suele convertirse en un movimiento arriesgado. Sobre todo porque hay una porción no desdeñable de voces diferentes, social y culturalmente hablando, que con sus respectivas estéticas,  parecen creer, o quizás hacen un esfuerzo por creer para no quedar al descubierto, que existen activamente algunas tradiciones que se encarnan en algunos individuos, en los restos de uno u otro partido, e inclusive en algún grupo social, y que las acciones, los movimientos de la política concreta, pueden ser explicadas en relación con ellos. Además es verdad que en el mundo dinámico de la política más allá de situaciones de verdadera hegemonía cultural, hay momentos de significativos desacomodamientos y siempre, filtraciones. Allí están las poderosas experiencias disruptivas de algunos países latinoamericanos. Y, específicamente en el caso argentino, los gobiernos de los Kirchner restituyendo gran parte de la autonomía perdida a la política e intentando con fuerza y consecuencias reales, la resignificación de aspectos de una tradición, aunque sin poder modificar la situación de extrema  fragmentación del propio espacio. Pero aun con estos movimientos que parecen negar lo anteriormente mencionado, algunas de las condiciones estructurales que generan los debilitamientos continúan teniendo presencia. Quizás en algún momento  se manifestarán con escasa fuerza y en otros con clara potencia, pero en verdad continúan actualizándose bajo formas diversas en la vida cotidiana  y no deberían subestimarse.
 VIII
Los sentidos comunes arman su mochila con los residuos de las tradiciones incorporadas, pero también producen procesos de adaptación creativa a los cambios, también a los no declarados y percibidos como tales. Somos moneda, dirá Norbert Elías, pero también acuñamos.
Porque es cierto, que en todo momento hay formas del sentido común que, de algún modo u otro, y en el medio de dinámicos idas y vueltas, dan cuenta de los cambios menos explícitos. Aunque sea de manera confusa y mezclando elementos de la receta aprendida junto con el sentido práctico que descubre  la legitimidad potencial de algunas nuevas prácticas. Que, en fin, resultan más compatibles con el clima de época o, si se quiere, con las nuevas formas de dominación. La explicación del que atiende a los movimientos del individuo saltando de unos a otros de los restos del sistema político y que retóricamente hace un gesto de descalificación frente al abandono de una identidad, también percibe que, aunque de ese lugar cuelguen guirnaldas que hacen referencia a una tradición, ya no tiene el poder culturalmente coercitivo de los espacios simbólicamente fuertes.
Porque tanto el agente concreto que produce ese cambio mayor o menor, como el que lo descalifica desde algún espacio social y cultural determinado, están participando en instituciones débiles y de algún modo u otro pueden percibir y vivir esa debilidad. Es lo que potencialmente harían otros que juegan el mismo juego de darse circunstancias similares y aun los ciudadanos que no participan directamente de ese juego y que inclusive pueden actuar alguna individualista retórica condenatoria. Más allá de los aires revitalizadores de la ultima década,  dadas las condiciones institucionales del sistema político en el presente, de un clima cultural asentado en prácticas cotidianas y en transformaciones estructurales profundas, no hay que forzar demasiado el análisis para dar cuenta, entonces, de que el cambio de bandera política no es algo que los distintos sentidos comunes circulantes puedan percibir como extraordinario.  Por el contrario, la relativa indiferencia parece volverlos gestos de algún modo consabidos, quizás dotados de alguna racionalidad y, acaso, cada vez más justificables socialmente.

*Lucas Rubinich es sociólogo, profesor titular de la Carrera de Sociología la FSOC UBA, investigador del Instituto de investigaciones Gino Germani. Fue director durante cuatro períodos de la Carrera de Sociología. Desde hace 14 años dirige la revista Apuntes de Investigación

sábado, 30 de septiembre de 2017

DE COMO CIERTO FEMINISMO SE CONVIRTIÓ EN CRIADA DEL CAPITALISMO – NANCY FRASER


La lucha feminista se puede articular en una cadena con la lucha progresista por la emancipación, o puede (y de hecho funciona) como una herramienta ideológica de las clases medias alta para reafirmar su superioridad sobre las clases bajas
Slavoj Žižek

Como feminista, siempre he asumido que al luchar por la emancipación de las mujeres estaba construyendo un mundo mejor, más igualitario, justo y libre. Pero, últimamente, ha comenzado a preocuparme que los ideales originales promovidos por las feministas estén sirviendo para fines muy diferentes. Me inquieta, en particular, el que nuestra critica al sexismo esté ahora sirviendo de justificación de nuevas formas de desigualdad y explotación.
En un cruel giro del destino, me temo que el movimiento para la liberación de las mujeres se haya terminado enredando en una “amistad peligrosa” con los esfuerzos neoliberales para construir una sociedad de libre mercado.
Esto podría explicar porqué las ideas feministas, que una vez formaron parte de una visión radical del mundo, se expresen, cada vez más, en términos de individualismo. Si antaño las feministas criticaron una sociedad que promueve el arribismo laboral, ahora se aconseja a las mujeres que lo asuman y lo practiquen. Un movimiento que si antes priorizaba la solidaridad social, ahora aplaude a las mujeres empresarias. La perspectiva que antes daba valor a los “cuidados” y a la interdependencia, ahora alienta la promoción individual y la meritocracia.
Lo que se esconde detrás de este giro es un cambio radical en el carácter del capitalismo. El Estado regulador del capitalismo, de la era de postguerra, tras la II Guerra Mundial, ha dado paso a una nueva forma de capitalismo “desorganizado”, globalizado y neoliberal. La segunda ola del feminismo emergió como una critica del primero, pero se ha convertido en la sirvienta del segundo.
Gracias a la retrospectiva, podemos ver hoy como el movimiento de liberación de las mujeres apuntó, simultáneamente, dos futuros posibles muy diferentes. En el primer escenario, se prefiguraba un mundo en el que la emancipación de género iba de la mano de la democracia participativa y la solidaridad social. En el segundo se prometía una nueva forma de liberalismo, capaz de garantizar, tanto a las mujeres como a los hombres, los beneficios de la autonomía individual, mayor capacidad de elección y promoción personal a través de la meritocracia. La segunda ola del feminismo fue ambivalente en ese sentido. Compatible con cualquiera de ambas visiones de la sociedad, fue susceptible de realizar también dos elaboraciones históricas diferentes.
Tal como yo lo veo, la ambivalencia del feminismo ha sido resuelta, en los últimos años, en favor del segundo escenario, el liberal-individualista. Pero no porque fuésemos víctimas pasivas de la seducción neoliberal. Sino que, por el contrario, nosotras mismas hemos aportado tres ideas importantes para este desarrollo.
Una de esas contribuciones fue nuestra critica del “salario familiar”: del ideal de familia, con el hombre que gana el pan y la mujer ama de casa, que fue central en el capitalismo con un estado regulador. La critica feminista de ese ideal sirve ahora para legitimar el “capitalismo flexible”. Después de todo, esta forma actual de capitalismo se apoya, fuertemente, sobre el trabajo asalariado de las mujeres. Especialmente sobre el trabajo con salarios mas bajos de los servicios y las manufacturas, llevados a cabo no solo por las jóvenes solteras, sino también por las casadas y las mujeres con hijos; no sólo por mujeres discriminadas racialmente, sino también por las mujeres, prácticamente, de todas las nacionalidades y etnias. Con la integración de las mujeres en los mercados laborales en todo el mundo, el ideal del salario familiar, del capitalismo con estado regulador, está siendo reemplazado por la norma, más nueva y más moderna, aparentemente sancionada por el feminismo, de la familia formada por dos asalariados.
No parece importar que la realidad subyacente, en el nuevo ideal,  sea la rebaja de los niveles salariales, la reducción de la seguridad en el empleo, el descenso del nivel de vida, el fuerte aumento del numero de horas de trabajo asalariado por familia, la exacerbación del doble turno, ahora, a menudo, triple o cuádruple, y el incremento de la pobreza, cada vez más concentrada en los hogares de familias encabezadas por mujeres. El neoliberalismo nos viste a la mona de seda a través de una narrativa sobre el empoderamiento de las mujeres. Al invocar la crítica feminista del salario familiar para justificar la explotación, utiliza el sueño de la emancipación de las mujeres para engrasar el motor de la acumulación capitalista.
El feminismo, además, ha hecho una segunda contribución a la ética neoliberal. En la era del capitalismo con estado regulador, criticábamos, con razón, la estrecha visión política que, intencionalmente, se focalizaba en la desigualdad de clases y que no era capaz de fijarse en otro tipo de injusticias “no económicas”, como la violencia domestica, las agresiones sexuales y la opresión reproductiva. Rechazando el “economicismo” y politizando lo “personal”, las feministas ampliaron la agenda política para desafiar las jerarquías de status basadas en las construcciones culturales sobre las diferencias de genero. El resultado debía haber conducido a la ampliación de la lucha por la justicia, para que abarcara tanto lo cultural como lo económico. Pero el resultado ha sido un enfoque sesgado hacia la “identidad de género”, a costa de marginar los problemas del “pan y la mantequilla”. Peor aun, el giro del feminismo hacia las política de la identidad encajaba sin fricciones con el avance del neoliberalismo, que no buscaba otra cosa que borrar toda memoria de la igualdad social. En efecto, enfatizamos la critica del sexismo cultural precisamente en el momento en que las circunstancias requerían redoblar la atención hacia la critica de la economía política.
Finalmente, el feminismo contribuyó con una tercera idea al neoliberalismo: la critica al paternalismo del estado del bienestar. Indudablemente y de forma progresiva, en la era del capitalismo con estado regulador esa crítica ha ido convergiendo con la guerra neoliberal contra el “estado-niñera” y su más reciente y cínico apoyo a las ONGs. Un ejemplo ilustrativo es el caso de los “micro-créditos”, el programa de pequeños préstamos bancarios para mujeres pobres en el Sur global. Presentado como un empoderamiento, de abajo hacia arriba, alternativo al de arriba a abajo, al burocratismo de los proyectos estatales, los micro-créditos se promocionan como el antídoto feminista contra la pobreza y el sometimiento de las mujeres. Lo que se pasa por alto, sin embargo, es una coincidencia inquietante: el micro-crédito ha florecido precisamente cuando los Estados han abandonado los esfuerzos macro-estructurales para combatir la pobreza, esfuerzos que no se pueden sustituir con prestamos a pequeña escala. También en este caso una idea feminista ha sido recuperada por el neoliberalismo. Una perspectiva dirigida, originalmente, a democratizar el poder del Estado para empoderar a los ciudadanos, es ahora utilizada para legitimar la mercantilización y los recortes de la estructura estatal.
En todos estos casos la ambivalencia del feminismo ha sido resuelta en favor del individualismo (neo)liberal. Sin embargo, el escenario alternativo de la solidaridad puede que aún esté vivo. La crisis actual ofrece la posibilidad de volver a tirar de ese hilo una vez más, de manera que el sueño de la liberación de las mujeres sea de nuevo parte de la visión de una sociedad solidaria. Para llegar a ello, las feministas necesitamos romper esa “amistad peligrosa” con el neoliberalismo y reclamar nuestras tres “contribuciones” para nuestros propios fines.
En primer termino, debemos romper el vinculo espurio entre nuestra crítica al salario familiar y el capitalismo flexible, militando en favor de una forma de vida que no gire entorno al trabajo asalariado y valorice las actividades no remuneradas, incluyendo, pero no solo, los “cuidados”. En segundo lugar, debemos bloquear la conexión entre nuestra critica al economicismo y las políticas de la identidad, integrando la lucha por transformar el status quo dominante que prioriza los valores culturales de la masculinidad, con la batalla por la justicia económica. Finalmente, debemos cortar el falso vínculo entre nuestra crítica de la burocracia y el fundamentalismo del libre-mercado, reivindicando la democracia participativa, como una forma de fortalecer a los poderes públicos, necesarios para limitar al capital, en nombre de la justicia.

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Nancy Fraser es una académica feminista estadounidense, profesora de ciencia política en el New School University de Nueva York.
Traducción de www.sinpermiso.info: Lola Rivera

viernes, 8 de septiembre de 2017

Un cross a la mandíbula de la ilusión republicana






Un cross a la mandíbula de la ilusión republicana
Lucas Rubinich

I.
Dentro del fragmentado mundo político argentino, la asociación política hoy en el gobierno es la que en la competencia electoral nacional que le dio el triunfo, levantó, quizás sin mucha solidez de principios, pero con alguna fuerza discursiva, la bandera de la república. En verdad más que como una fuerte referencia constitucionalista implicada con el destino de la nación al estilo Alfonsín, como vaga idea de una forma que pondría fin a lo que  se definía- acompañado de situaciones que le otorgaban fuerte credibilidad-, como desmanejo de la cosa pública, irresponsabilidad de los dirigentes, y corrupción. L a idea de la reconstitución  de un orden que seguramente era leído de muy distintas maneras por diferentes sectores tuvo algún éxito, quizás sin que esto haya habilitado grandes esperanzas, pero  si expectativas, probablemente de baja intensidad. Entonces, más allá de límites intrínsecos, como que el presidente haya sido educado por, y trabajado para un espacio empresarial familiar que hizo su fortuna en una buena porción actuando como  patria contratista y que eso mismo resultaría en un oxímoron al juntarlo con cultura republicana, la posibilidad de actuar republicanamente  estaba a mano, y quizás hubiera posibilitado construir la derecha democrática que imaginaba y deseaba el sociólogo Torcuato Di Tella.

 Pero desde el inicio de este período de gobierno se llevaron adelante distintas acciones políticas, como designación de jueces de la corte por decreto y una  publicitada detención arbitraria de una ciudadana motivadora de fuertes intervenciones mediáticas principalmente sosteniendo el deseo de que fuera condenada, que no  contribuían a desarrollar el republicanismo que quizás en términos integrales, en épocas de la sociedad líquida, no estuvo en los sueños de nadie. Esas medidas que corrían tranquilas sin encontrar fuertes barreras en la cultura política de ese mundo fragmentado, parecían satisfacer a un sector cualitativamente importante de los votantes del gobierno, y lograban murmullos de respeto más evidentes en sus partidarios, pero también en diversos agentes de la clase política que veían en ellas capacidad decisión.

La apuesta por aplicar reducción de penas (el llamado 2x1) a los acusados de crímenes de lesa humanidad no obtuvo el mismo clima favorable y por el contrario activó una especie de sensibilidad colectiva de  compleja conformación. Un entramado que incluye experiencias de distinto tipo: relatos, sensaciones del mundo familiar o comunitario, lecturas, un conglomerado desordenado de imágenes fugaces activadoras de alguna emoción, sentimientos que pueden asociarse a algunos hechos y convertirse en hilos que desprolijamente tejen algo así como zonas de una memoria colectiva. En suma, mil y una  sensaciones mezcladas organizándose, a veces bajo la forma de temor que puede llamar a alguna indiferencia,  pero también de la misma manera que en los comienzos de la democracia, como voluntad de rechazo a la arbitrariedad estatal, ante acciones que puedan actualizar aunque mínimamente formas que se presentaron de manera brutal durante el terrorismo de estado. Y es quizás esta sensibilidad el elemento cultural más fuerte sobre el que se asienta este pacto implícito que sostiene este agujereado modelo democrático

Es probable que los elementos más fuertes de esa sensibilidad, que  quizás sea pertinente imaginar en estado de latencia, atenuándose y encendiéndose  en relación con disputas y situaciones que la actualizan bajo distintas formas, estén hilvanados con la conmoción que produjo la visibilización pública de uso cruel y perverso de la fuerza del estado durante la dictadura argentina que se inicia con el golpe de estado de 1976. Los secuestros y cambios de identidad de niños de los revolucionarios civiles cautivos y asesinados en los campos de concentración,  las  acciones mediante las cuales muchos de esos ciudadanos en cautiverio eran  arrojados al mar desde aviones de las fuerzas armadas,  la tortura- que incluye entre otras prácticas el abuso sexual-, como procedimiento normal practicado por funcionarios del estado, se presentaron a los ojos de grandes y heterogéneas franjas de población  como algo inaceptable. Y aunque, como siempre, las luchas culturales puedan correr el límite de lo moralmente válido, pareciera que todavía hay algo así como una línea, flexible, pero que sigue apareciendo en ocasiones especiales para amplios sectores de la sociedad, y que supone  la no aceptación  de olvidos, ni de reivindicaciones de esas acciones llevadas adelante por el estado que la justicia calificó como crímenes de lesa humanidad y, por supuesto, ni de formas contemporáneas que parezcan remedarlos o que se perciban como tales. Allí el gobierno debió retroceder.

II

 No obstante, poco tiempo después de ese retroceso, se produjo una directa confrontación contra esa sensibilidad. Y esa confrontación se escenificó peligrosamente en la manera en que distintos  y relevantes funcionarios del gobierno actuaron frente a la sospecha de desaparición forzada de un ciudadano en un contexto de represión  efectuada por una fuerza de seguridad federal contra un pequeño grupo de ciudadanos en una zona rural de la provincia de Chubut. Es verdad que las fuerzas de seguridad actúan y actuaron en muchos casos en estos años de democracia  produciendo hechos que potencialmente podían conmover a esas sensibilidades y no lo hicieron,  o por lo menos no de esta manera. Pero lo que interesa remarcar es que por algunas circunstancias, entre ellas las relativas a las características de la situación (jóvenes que levantan banderas a favor de la libertad de un compañero considerado por ellos preso político, grupos que reclaman tierras en poder del grupo Benetton y la represión a un corte de ruta y persecución  a campo traviesa de ocho o diez ciudadanos por más de cien efectivos de la fuerzas) se produjo una repercusión  que efectivamente  posibilitó una alta  visibilidad pública. Y en este caso, sí, los hechos actuaron reviviendo esa sensibilidad.

No obstante, en esta oportunidad, el gobierno decide, quizás confiado en su relativo buen desempeño electoral,  confrontar con esa sensibilidad a la que probablemente imagina no suficientemente fuerte. Y ya en la abierta disputa,  como no es posible erradicarla por obra de la mera voluntad política, lo que se hace es intentar acotarla, reducirla a un nicho político cultural       

En una sociedad de instituciones débiles y una clase dirigente descreída de ellas,  el intento de acotar ese sentimiento, restandole universalidad y asociándolo a la oposición ligada al gobierno anterior como parte de la lucha política coyuntural, es, si se intenta una evaluación a mediano plazo que piense en consolidar una democracia en la que el recurso al uso de la fuerza pública no se convierta en un factor central de estabilidad, una verdadera catástrofe.

Pero claro, si hay algo que ocurre en una época de trascendencias agujereadas es que la política se convierte en pura táctica, es hecho contra hecho y se despliegan  todos los recursos para ganar la disputa. Los viejos partidos que podían otorgar una flexible  trascendencia, han visto el deshilachamiento de sus banderas y el clima predominante deudor de la cultura del capital financiero internacional es una cultura de winners and losers. El largo plazo para la cultura de los CEOs que ha inficionado la política no es demasiado relevante. Entonces no hay inhibiciones para usar un recurso que sirva para ganar una batalla coyuntural. Y en esa urgencia no importa o no se considera relevante si el accionar transgrediendo formas significa el desapego a una regla constitucional, y tampoco si se considera que en la particular situación de argentina desde una situación republicana clásica, la violación de esos procedimientos puede despertar  oscuras fuerzas estatales  derrotadas en el momento fundacionales de la legitimidad democrática. Quizás esa idea ni siquiera está en el horizonte de posibilidades. Pero así y todo, como parte de la alianza de gobierno están entre otros restos, los restos del partido radical que, como se dijo, tuvo un papel central en la fundación democrática de 1983 y entonces probablemente allí resuenen las nociones de ciudadano y república. Por ello, por lo menos en algunos sectores, hay alguna idea de cómo se debería accionar, sobre todo si además, como efectivamente ocurrió, aun en la identidad ambigua de la asociación política en el gobierno, se pronunció la palabra república otorgándole un valor positivo.

En verdad, no hay que dar muchas vueltas. Una manera clara y contundente para la construcción de legitimidad de las instituciones republicanas, para fortalecer la ilusión del bien común, es responder con gestos claros e inmediatos cuando se producen hechos significativos y de trascendencia pública en el que instituciones del estado están sospechados de cometer delitos que tienen fuerte rechazo cultural y trascendencia internacional, y que además, están dramáticamente inscriptos en la reciente historia de la nación argentina, como lo es la desaparición forzada de personas.

Preguntarse cómo se han  desempeñado los organismos específicos del gobierno  nacional frente a un hecho en el que un ciudadano desparece en un contexto de represión llevado adelante por una  fuerza de seguridad federal y encontrarse con respuestas no adecuadas a una tradición republicana puede ser problemático para una fuerza política inscripta en esa tradición. Más problemático es si esa fuerza política actúa en Argentina, país que tuvo el trágico mérito de diseminar por el mundo la palabra desparecido en idioma castellano durante el accionar de una dictadura que cometió crímenes de lesa humanidad, y la extraordinaria virtud de conseguir condenas ejemplares a los criminales miembros jerárquicos de las fuerzas militares del estado en la naciente democracia. Pero, claro, para que esa situación problemática fuese evidente se necesita que la adscripción sea algo más que un recurso retórico. Si la cultura republicana  es fuerte en la asociación política en el gobierno, sin lugar a dudas hay en este accionar un problema. Lo contrario demostraría que esa cultura no es productiva, que no tiene consecuencias en el accionar de sus miembros, porque como dice Max Weber "Los agentes sociales obedecen a la regla cuando el interés en obedecerla la coloca por encima del interés en desobedecerla."


III

Durante los 30 días posteriores a esa desaparición funcionarios relevantes y otros miembros del gobierno,  amplificados  y reforzados creativamente por los grupos mediáticos más importantes del país elaboraron tres tipos de respuestas al problema: La primera respuesta es la negación de que exista esa desaparición en ese contexto, y,  consecuentemente, la explícita desresponsabilización de la fuerza federal que participó  de esa represión; la segunda, es la invención de imaginativas hipótesis sobre el paradero supuesto del ciudadano desaparecido y por lo tanto la trivialización de la sospecha principal; y la tercera, es la demonización de la comunidad reprimida y del desaparecido, identificado como  colaborador y simpatizante de esa comunidad.

Sin lugar a dudas cada una de estos tres tipos de respuestas con las variaciones en cada caso resultan indudablemente contradictorias, e inclusive, confrontativas con  las distintas formas de la cultura republicana. ¿ Porqué?.  En principio,  porque, ante la sospecha fundada de que exista esa desaparición, si hay algo que no deben hacer los funcionarios de un gobierno  es simplemente negar la situación, sino atender a la sospecha aunque luego se demuestre que no poseía fundamento. En lo que refiere a la invención de versiones que separan del lugar de los hechos al ciudadano desparecido, se trata  de vulgares formas de distracción que refuerzan la postura de negación trivializando la sospecha de una manera  que, en el marco de la historia argentina donde esas operaciones se hicieron desde funcionarios y desde medios de comunicación en momentos de la peor dictadura que soportó el país para ocultar el horror, se torna, por lo menos, obscena. Por último, y en el mismo sentido,  la demonización del grupo de ciudadanos reprimidos y del desaparecido por sus acciones e identidades culturales, ignora flagrantemente que el estado debe ser responsable por las acciones que efectúan sus organismos de represión, sea lo que fuere lo ocurrido, sea cual fuere la identidad política étnica del ciudadano y del grupo con el que se encontraba en el momento del hecho. Lo obvio es que debe justificarse  el accionar de la fuerza y explicar si hubieron detenciones, porqué motivos, y, obviamente, cumplir con la obligación de poner esos detenidos a disposición de la justicia. Lo que no puede ocurrir es que simplemente desaparezca un ciudadano durante el accionar de esa fuerza. Que  los que produjeron el hecho que motivó la represión sean simpatizantes de los mapuches, kurdos, afganos o maoríes es irrelevante en esta instancia.

Entonces se puede sostener que un accionar gubernamental de estas características y sobre todo de la asociación política que, aunque sin una gran fuerza simbólica, prometía algo así como la restitución del orden republicano  en momentos de la campaña en la que obtuvo la presidencia, agujerea gravemente la legitimidad del sistema democrático de la república argentina. Claro, esto es así, si de lo que se trata es de construir legitimidad institucional y  no de una apuesta inmediatista por ganar una partida. Como resulta obvio, durante el primer mes, la opción gubernamental fue ganar una partida sosteniendo lo actuado con el apoyo de, por lo menos los dos grupos comunicacionales más importantes del país, en la confianza de que a una porción  de la sociedad que quizás supera a sus votantes, evaluaría positivamente estos gestos.

En verdad no sería extraño que algo de eso ocurriera, es posible imaginar  que, por lo menos, en los primeros momentos, los votantes del gobierno, y quizás muchos más, no promoverían ni sostendrían  opciones que implicasen un freno sancionatorio. También puede suceder que los funcionarios con ojos de buen cubero inmediatista  perciban o crean percibir que no existen obstáculos tales como un clima republicano inhibidor en gran parte del sistema político, y desde ya mucho menos en los núcleos dinámicos de la asociación política que gobierna. Al contrario, si hay algo que pueda ser identificado  como más fuerte que la noción de república en la asociación política en el gobierno, pero también en elementos culturales visibles en distintos sectores de la sociedad, es la cultura de ganadores y perdedores. Y habría que agregar  que también es fuerte en la cultura práctica del gobierno  una manera de relacionarse con los ciudadanos que contiene claros elementos de lo  que confusamente suele denominarse populismo. Para decirlo en términos concretos: el winner en el gobierno puede transgredir para lograr su objetivo, y sobre todo si se trata de reglas que pueden ser transgredidas por arcaicas. Pero además, como vox populi vox dei,  debido a la empatía con una cultura de época, la evaluación de encuestas y los resultados de los focus, puede sugerir que no solo no hay sanción por ello, sino que para  un electorado propio y quizás a otras franjas que le permitirían algún crecimiento, esta transgresión puede  ser vista como sinónimo de fortaleza.

IV

De todos modos, en las sociedades complejas hay luchas por la imposición de visiones del mundo, aunque es verdad que  estas se  presentan  quizás en la mayoría de las veces y más en los fines de época, de manera desordenada y confusa. No obstante, es cierto que no es posible ignorar  en estas luchas  la existencia de una fuerza político cultural internacional que como un arrollador fantasma recorre distintas zonas de la sociedad erosionando instituciones diversas, y también las del orden republicano que incomodan a un nuevo orden. Está situación ha sido observada con agudeza y algún pesimismo por sociólogos y economistas de las generaciones mayores  que vieron y siguen viendo, por un lado, la decadencia  de las viejas formas políticas e institucionales que permitían contener y organizar colectivos sociales, y por lo tanto hacer escuchar la voz de aquellos más alejados de los espacios de decisión, y por el otro, el surgimiento de actores que en el marco de la extensión de la cultura del capital financiero globalizado, pasan a tener una capacidad de decisión significativa acerca de lo que ocurre en distintas sociedades nacionales, que  se encuentra claramente por encima de la de  los ciudadanos electores.

Centralmente se atiende a como las tomas de decisión sobre cuestiones relativas al ámbito de la redistribución de recursos se desfasa de la acción colectiva, y como el mundo financiero, directamente escapa al control democrático. Wolfgang Streeck llamará post democracia a la escenografía  de las viejas democracias republicanas funcionando en un mundo en el que “los Estados están situados dentro de los mercados, en vez de los mercados dentro de los Estados” ( Streeck, 2016). Zygmunt Bauman dirá que en la sociedad solida existía un compromiso mutuo entre el capital y el trabajo y que  “en la modernidad líquida dominan los más elusivos, los que tienen libertad para moverse a su antojo”, y es así entonces, que el capital globalizado con posibilidades de desplazamiento internacional se desinteresa de las reglamentaciones legales del trabajo que aseguran una mayor integración y cohesión social. Jorge Beinstein se refiere a las nuevas clases altas que, en el marco de los deterioros institucionales, se convierten en agentes tomadores de decisiones que afectan al conjunto de la sociedad  eludiendo los controles democráticos. Las caracteriza como lumpenburguesía. Dice :“Los grupos locales se caracterizan por una dinámica de tipo “financiero” combinando a gran velocidad toda clase de negocios legales, semilegales o abiertamente ilegales, desde la industria o el agrobusiness hasta el narcotráfico pasando por operaciones especulativas o comerciales más o menos opacas.” Y  concluye  “Las elites económicas latinoamericanas aparecen como una parte integrante de la lumpenburguesía global, son su sombra periférica, ni más ni menos degradada que sus paradigmas internacionales” ( Beinstein, 2016) Por su parte ,Ricardo Sidicaro, afirmará refiriéndose  la política en Argentina que .” La desarticulación del campo político nacional, puede considerarse como una expresión y continuación de la anomia institucional cuyos más claros observables empíricos son, en las cúspides: el incremento de los personalismos, los nepotismos, las opacidades del micro-ámbito de deliberación de los “jefes”, los transfuguismos, las faltas de agendas programáticas; y, en la sociedad, en general, la ausencia de confianza en las entidades electorales combinada con ocasionales momentos de efervescencia o entusiasmo confundidos como modos de participación política”. (Sidicaro, 2015).

En este contexto de debilitamiento de la capacidad de control de las instituciones democráticas frente a los actores poderosos, de sus deterioros y la pérdida de credibilidad, sumado a las características de esos nuevos actores con cultura del capital financiero, la transgresión de principios republicanos que, al fin y al cabo responden a instituciones del viejo orden con débil productividad cultural, no parecerían preanunciar grandes consecuencias para quien las realiza si puede mostrarse como un jugador poderoso que sabe jugar en el nuevo orden. Claro que en este caso se transgrede una regla  asentada en una experiencia que por lo menos tuvo, en un momento no tan lejano, un extraordinario peso simbólico.

V.

Pero sea cual fuere el resultado del proceso acontecido en el largo mes de agosto de 2017, aunque  los funcionarios pertinentes asuman su responsabilidad y la justicia actúe en consecuencia, o que por el contrario se continúe tratando de disimular esperando que la cuestión se diluya en el tiempo, y por más que este destrato a las instituciones republicanas sea parte, como se ha visto, de una fuerza político cultural que trasciende a una nación, hay algo que tiene que ver con las creencias ya debilitadas de la ciudadanía en las instituciones que se encargan de implementar decisiones de gobierno,  que se ha alterado dramáticamente. 

Las experiencias construidas  a partir de 1983 en  donde  por la existencia de la democracia se pudo realizar un juicio a las juntas militares generó- adquiriese la forma práctica o discursiva que fuere-, algo así como una ilusión republicana, y si se quiere tuvo un carácter fundante y trascendente por su singularidad. El reordenamiento surgido luego de que una población se rebelase ante la quiebra flagrante de las reglas del juego en el 2001, supuso, ante la inexistencia  de un horizonte con otras formas, al menos  la sobrevivencia, aunque herida, de esa ilusión. Ilusión que no es ni más ni menos que algún grado de confianza sobre el orden institucional que organiza zonas significativas del mundo en que se vive.

Es posible imaginar con algún pesimismo fundado que en el mundo que se avecina, estas formas de gobierno, en un contexto como el descrito por los analistas, puedan mantenerse, con idas y vueltas, más sujetas a los golpes de mano de los poderosos, que  a la voluntad autónoma de los ciudadanos y sus representantes. Es desde ya un supuesto, amparado en producción académica y que, en tanto tal, puede ser sostenido. No obstante, es cierto que la negación colectiva de estas  predicciones autorizadas culturalmente, alentadas por otros deseos colectivos pueden alterar los destinos que se presentan como prefijados. Dios acecha en los intervalos, dijo un argentino famoso.  Pero lo que sí es más seguro  que ocurra, es que cuando se analice la decadencia del sistema republicano argentino que se refundó en 1983, se le otorgue un papel explicativo central a este momento en que  las acciones de funcionarios de gobierno e instituciones del estado  agrietaron de manera brutal y grotesca creencias básicas sobre el papel universalista de las instituciones. Creencias, por otro lado, que en algún momento se imaginaron fundamentales para el mantenimiento de un sistema de dominación y que el cambio de época  pareciera ir transformando en obsoletas para ese fin.

La contundencia de esta situación, acaso su trascendencia, puede ser descrita de maneras diversas, pero quizás sea difícil encontrar otra forma tan certera como aquella vieja metáfora del habla coloquial que también refiere a la literatura argentina, y decir que lo ocurrido, en empatía con un clima de época, fue ni más ni menos que un  cross a la mandíbula de la ilusión republicana.


Buenos Aires, setiembre 2017


Bibliografía citada

Bauman, Zygmunt, Modernidad líquida, Buenos Aires, FCE, 2003,
Beinstein, Jorge, 2016: Lumpenburguesías latinoamericanas, revista Maíz No 6, F.de P y C de la C, Universidad Nacional de La Plata,  La Plata.
Sidicaro, Ricardo, 2015: Las anomias argentinas, Apuntes de investigación del CECYP N 26, Buenos Aires
Streeck, Wolfgang, 2014  ¿Cómo terminará el capitalismo?, NewLeft review  Nº 87 julio - agosto 2014 segunda época, Instituto de Altos Estudios Nacionales de Ecuador–IAEN