miércoles, 12 de junio de 2019

Los sentidos comunes ante la metamorfosis de los políticos y la política


 Publicado en Revista Ciencias Sociales, facultad de Ciencias Sociales UBA Buenos Aires N 85 Marzo 2014

Imagen: Mujer embarazada cayendo dentro de un tacho de basura, Pomarola Talk, 2010

Los sentidos comunes ante la metamorfosis de los políticos y la política
Lucas Rubinich*
I
Quizás la desestructuración de los partidos políticos y el debilitamiento de las tradiciones hace que las miradas comunes sobre los cambios de lo que queda de los partidos en relación a su tradición y de los agentes políticos en relación a sus partidos, sea de alguna indiferencia mezclada con cierta percepción de un nuevo estado de cosas. No obstante, se podría aventurar que los sentidos comunes circulantes en el presente miran con tranquila desconfianza, aunque también descalifican,  por lo menos en el murmullo retórico, a aquellos agentes políticos que dan un salto de una a otra institución partidaria, de uno a otro agrupamiento político. También existe el mismo gesto de desconfianza hacia aquellos que dentro de un mismo espacio son los encargados de producir maniobras que llevan a lugares que parecen diferentes a los que marcaba una tradición proporcionadora de identidad. Sin embargo, el que se esos cambios se hayan vuelto más corrientes con la crisis del sistema de partidos, no inhibe las evaluaciones críticas, pero quizás las hace menos dramáticas y casi ausente de consecuencias prácticas.
II
¿Cuales son los elementos que conforman los sentidos comunes frente a estos cambios y cómo se estructuran? ¿Hay alguna regularidad en cuanto a las maneras de pararse frente a estas situaciones influenciados por creencias, sector social, genero, nivel educativo, etc? Claro que seguramente hay diferencias si se contemplan esas distintas variables. No obstante, lo que se quiere plantear aquí, es que la crisis de las identidades políticas probablemente habiliten formas de pararse frente a esas situaciones que coinciden, aún en las diferencias, en no asombrase frente a los cambios. Y también que es posible pensar estas transformaciones de una manera  conceptual apelando a dos tipos ideales antagónicos en las maneras de explicar la salida del individuo de un grupo. A partir de allí se podrían considerar las situaciones que harían más o menos intensas cada una de las posibilidades.
Simplemente porque son parte del capital moderno para explicar la acción humana, es posible imaginar, que en los elementos desplegados por esos sentidos comunes para dar cuenta de estos recorridos dinámicos, de estos cambios, pueden encontrarse dos formas que flexiblemente y en un ejercicio de condensación pueden describirse de la siguiente manera: las que se detienen en la singularidad del agente concreto que los ha llevado adelante, y las que le otorgan un valor determinante en relación a esa conducta individual a  alguna característica de identidad del agrupamiento.
De alguna manera pueden pensarse como los tipos ideales opuestos, como las concepciones puras ubicadas en cada punto extremo en relación a la indeterminación-determinación social de la acción humana  que han construido tradiciones diferentes en la teoría social. En un caso la acción social fuertemente influenciada por el individuo y en el otro la cultura marcando casi a fuego a ese individuo. Y es verdad que estas miradas opuestas en la teoría social pueden convivir en un mismo grupo cultural e inclusive en un mismo individuo en las evaluaciones cotidianas, porque forman parte de ese capital explicativo moderno de la acción humana, porque las miradas cotidianas sobre el mundo no se organizan necesariamente de manera orgánica en función de una ideología y menos de una teoría y, sobre todo, porque en momentos deshilachamiento de  instituciones y tradiciones que fueron productivas en un momento anterior y de ausencia o falta de legitimidad de las nuevas, las acciones y las miradas tienen menos contención y se entremezclan con retazos de distintas morales fragmentadas. De todos modos, elementos de estas dos formas  de explicar acciones de cambio presentadas como un tipo ideal, pueden encontrarse en la cultura de nuestras sociedades.
III
Por supuesto que hubieron sentidos comunes fuertemente legitimados en la modernidad occidental que pensaron al individuo como una determinación social. Sobre todo cuando algunas miradas modernas se preocupaban por consecuencias alienantes de los cambios que se producían. Ellos, los cambios, y entonces la entera sociedad, caían con un peso abrumador sobre ese sujeto de la época que era el individuo
Hay imágenes contundentes que refieren al individuo alienado que ha ingresado  en la soledad de la sociedad de masas y pierde su humanidad. Una pérdida que está en la soledad de la sociedad de masas que preanuncia una literatura de segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX. Los hombres solos en la multitud de las nuevas grandes ciudades, en los sistemas que son vistos con nostalgia de comunidad como “individualistas”, y que deterioran su humanidad hasta transformarlo en un mero insecto. La metamorfosis que la sociedad produce en los individuos, no el individuo que cambia, que se metamorfosea a sí mismo. Es, si se quiere una mirada con sensibilidad sociológica, la idea de la metamorfosis afectando al individuo, si se quiere a la humanidad del individuo como el resultado quizás irremediable de los cambios de época cuando se caen viejas instituciones y con ellas modelos de autoridad  que no son reemplazados inmediatamente. Desacomodamientos productores de seres desmembrados que potencialmente pueden conformar la tasa de suicidio anómico
Esta miradas junto a las grandes tradiciones de la teoría social contemporánea podrían acercarse sin esfuerzo a aquella máxima platónica que dice “nadie es malvado voluntariamente” . Efectivamente Marx puede sostener que “los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con las que se encuentran directamente, que existen y les  han sido legadas por el pasado” . Y una cita libre de Durkheim podría construirse de la siguiente manera: cuando se quiebran las instituciones los seres humanos que a ellas pertenecían, son más individuos
Pero es cierto que si se atiende a la variedad, seguramente no infinita, de sentidos comunes que evalúan a los individuos en relación a sus cambios de identidad grupal o institucional en la mayoría de los casos prima el sesgo que fuertemente  atribuye poder explicativo a la voluntad individual. Ya sea para saludar ese cambio, ya para condenarlo. La glorificación de la voluntad individual es un gesto de las miradas herederas de la tradición moderna, cuando el individuo abandona instituciones tradicionales: iglesias, estructuras familiares, identidades de género. Son menos complacientes y aun condenatorios, los sentidos comunes, también los provenientes de esa misma tradición, que se actualizan para juzgar a aquellos que abandonan una identidad política. El sentido común que refiere a los cambios de los políticos se asocia, fundadamente, a una voluntad individual violadora de un pacto de delegación de autoridad colectiva, y en tanto ese cambio es evaluado como respondiendo al interés personal hay una descalificación. Y son distintas las intensidades de la evaluación generalmente descalificadora, de acuerdo sea la fortaleza de la tradición y el espacio institucional abandonado. Entre los tipos ideales extremos de alta y baja  productividad cultural de un espacio portador de una tradición, los gradientes  de la actitud descalificadora van desde el uso pasional del calificativo traición, hasta la mirada tranquilamente crítica de los que miran algo sobre lo que todavía puede pesar el calificativo de incorrecto, pero de algún modo perciben como irremediable.
IV
Los sentidos comunes se construyen de manera compleja siempre, y más todavía en épocas de cambio donde hay deterioro de viejas miradas. Lo viejo no termina de morir y simbólicamente persiste, porque dicho quizás de manera un tanto exagerada, en este mundo contemporáneo, lo nuevo ya llegó, pero sin ninguna bandera trascendente. Es el predominio del individuo, pero no del individuo trascendente equilibrado por las consignas de la revolución francesa, es el individuo crudo, pragmático, moviéndose sobre la escenografía de un republicanismo liberal sin fuerza. Entonces hay que recurrir a las hilachas de alguna tradición para darle por lo menos la ilusión retórica de algo parecido a la trascendencia hasta que quizás se apague esa necesidad construida socialmente o probablemente resurja resignificada alguna tradición castigada por los nuevos aires de época.
En la política argentina elementos de estas dos formas mencionadas de explicar los cambios parecen actualizarse simultáneamente. En la que recurre a variables culturales atribuibles al colectivo (actuó así, porque los peronistas son así), el desfasaje en relación al deterioro de las instituciones políticas que informarían ese “ser así”, debería ser pensado como evidente. Porque, en verdad, ¿es posible actuar como peronista o como radical en el sentido fuerte cuando hay una importante fragmentación institucional y una poderosa debilidad simbólica? Para hacer esa evaluación se presume la existencia de ese colectivo con sostenes institucionales y culturales. Dadas las condiciones del presente, sería saludable, por lo menos dudar, sino sobre su existencia, sobre su efectividad, sobre su capacidad de ejercer fuerza simbólica. Del mismo modo ocurre cuando el cambio se atribuye al individuo y ese gesto es calificado como traición (traicionó o, quizás, decepcionó, al radicalismo) lo que presupone, del mismo modo que en el caso anterior, la existencia de un colectivo realmente existente o una tradición fuerte que se abandonan. Cuando lo que existen son instituciones y tradiciones que sobreviven como fantasmas agujereados hasta tanto se las suplante o eventualmente revivan bajo otras formas, el abandono de esas instituciones y de esas tradiciones, es apenas caminar hacia otro lado, y está bastante alejado del tipo de la relación que presupone el gesto fuerte y dramático de la traición.
Desde ya que no se trata de pensar en la existencia anterior de instituciones o tradiciones impermeables a los cambios, cristalizadas y poderosas. Si hay algo que no pueden pensarse así son los partidos políticos en Argentina que como corresponde han sufrido modificaciones en el tiempo y además han carecido de continuidad de funcionamiento en el marco de tranquilidades republicanas. No obstante hubo momentos que, con la ambigüedad de los grandes partidos y en el marco de esa inestabilidad republicana, tuvieron mayor organicidad y sus tradiciones flexibles pesaron sobre quienes estrictamente conformaban sus filas y también sobre sus adherentes. Lo cierto es que en el corto tiempo de los últimos veinte años estos gestos dinámicos (cambios de un grupo a otro, movimientos contrarios a núcleos de la tradición) han sobreabundado y en algunos casos han resultado significativos para el conjunto del sistema político.
”Peor que la traición es el llano” es la frase que según algunos viejos políticos habría pronunciado en un espacio de coloquialidad, un también veterano operador político de uno de los dos grandes partidos. Seguramente refería  en tono de broma, en una mesa nocturna y luego de alguna batalla electoral, a los reacomodamientos resultado de una interna partidaria. Elementos de la picaresca política que podía manifestarse de ese modo en el reconocimiento de seguir habitando un espacio más o menos común, con algunos elementos conformadores de la tradición que no era fácil ignorar y que seguramente no se encontraban en la letra escrita. Había solidaridades tejidas entre sectores heterogéneos en base a lazos armados en la experiencia que podían evitar, por ejemplo, el abandono total del derrotado en una interna o algún otro gesto que con tribuía a la reproducción del espacio. No se trataba de partidos ideológicos, pero si con algunas marcas culturales compartidas que podían atravesar heterogeneidades sociales, religiosas y hasta estilos de hacer política, contenidos en el amplio mundo de una historia y de flexibles banderas que sin embargo podían pensarse como aglutinantes de algo en común que se actualizaba en la confrontación con el otro.
Por supuesto no hay historia armónica, y hay momentos de quiebres y de confrontaciones dramáticas. Así y todo, hay prácticas relevantes en términos simbólicos y cuantitativamente extendidas, con capacidad de cohesión y reproducción de esos heterogéneos mundos. Por eso la frase que usa una palabra como traición, más corriente en el mundo peronista que en el radical, solo es posible de ser pronunciada, en un grupo de pares que forman parte tanto como él de ese algo flexible pero real que es su partido, de manera irónica. Y la ironía no inhibe que exista una referencia real. Los abandonos de unos y reacomodamientos con otros se hacen bajo la protección de esa difusa cultura común.
V
Claro que los cambios operados en los gobiernos de Carlos Menem, iban a resultar en transformaciones significativas en la economía, la política y la cultura. Cambios fortísimos que eran parte de una verdadera revolución neoconservadora a nivel internacional y que en términos político culturales construía una extraordinaria hegemonía que lograba inficionar a los partidos convencionales, por supuesto  al estado, al mundo de los negocios, y al campo cultural y científico. Y en términos de transformación simbólica quizás eran tanto o más relevante que los cambios impulsados por los nuevos aliados del peronismo en el ministerio de economía, los que pensaban e implementaban funcionarios técnicos y funcionarios intelectuales que se habían formado en los procesos de radicalización del mundo universitario de los años sesentas y setentas, y que formaban parte de las zonas más dinámicas del mundo académico y cultural. Uno de esos grupos llevaría a cabo en el ámbito de la educación la reforma  más regresiva que afectó a la educación pública argentina y que se armaba como parte de un proceso latinoamericano de reformas (que habían contribuido a diseñar ) implementado por un organismo financiero como el Banco Mundial La habilitación y continuidad de estas experiencias, primero con uno y luego con el otro gran partido, se asentaban, entre otras cosas en la percepción generalizada, construida desde la fortaleza política, cultural y económica, de estar ante un cambio de época irremediable.
A partir de esos momentos, no es que masivamente desertan las tropas y caen estrepitosamente banderas y otros símbolos. Hay situaciones inerciales que producen una paulatina dilución. Se continua marchando pero quienes lo hacen, a medida que las prácticas concretas van reafirmando esa nueva visión del mundo que ahora unifica a ambos partidos y a la centro izquierda, son cada vez menos peronistas o radicales, o ( lo que es más fácil) frepasistas,  y se convierten en individuos que hacen carrera política. Retóricas que refieren a la sensibilidad nacional popular o la ética republicana se pronuncian, no necesariamente de forma cínica, acompañando prácticas que son más deudoras del clima de época que coloca al individuo pragmático en el centro de la escena, que a las tradiciones que aquellas refieren.
VI
Y a medida que pasa el tiempo hay cada vez mayor habilitación para reafirmar esas prácticas y transformar esa retórica en meras guirnaldas de una escenografía de ritual cristalizado. Un hecho relevante para pensar en los quiebres de tradiciones ocurre un día de fines de setiembre de 1999 en el estadio Monumental de Nuñez donde se cerraba la campaña de los candidatos Eduardo Duhalde y Ramón Palito Ortega. Habló primero el cantante Ortega y luego Duhalde en medio de una lluvia primaveral que caía sobre 50.000 personas provenientes en su mayoría del conurbano bonaerense.El candidato habló centralmente a los empresarios. Carteles que referían a las intendencias del conurbano y a distintos gremios se levantaban en medio de la multitud. El final del acto, cuando ya amainaba la lluvia subió al escenario la actriz y cantante Nacha Guevara que había protagonizado una de las versiones del musical Evita y caracterizada domo Eva Perón cantó No llores por mi Argentina.
Ese ritual protagonizado por Nacha Guevara es en verdad fundacional en relación al la conformación de nuevos elementos de la cultura política que producirán un desfasaje entre la tradición hecha cosa pintoresca por un lado y la vida política práctica ( lo que verdaderamente hay que hacer más allá de las identidades) por el otro. Cuando los cambios operados en la política impiden la recuperación de aspectos de una tradición y sobre todo los aspectos  más rebeldes de esa tradición, ocurre que a la vez se hace necesario no desprenderse de indicadores de la pertenencia a esa tradición porque, al fin y al cabo, es sobre esas banderas descoloridas sobre los que se mantienen las formas organizacionales concretas que, aunque deterioradas, permiten seguir andando. Entonces se produce ese hecho de incorporación del ícono de la manera más despolitizada posible negando cualquier aspecto  de relaciones con el presente, de la lucha política, en tanto lucha.
El ritual del acto político es un ritual en que lo escenográfico y performático cumplen un papel relevante. Tiene algo de instituyente ya que se reafirma una diferencia entre el o los líderes y los seguidores, se confirma el papel del líder, de algún modo es un escenario de revalidación y fortalecimiento de la autoridad. Y las tradiciones están allí en la forma de interpelar en la misma escenografía, en las imágenes en las banderas. Pero el centro vital del ritual está en la performance del líder que cita nombres y frases familiares a la tradición  nombrando al presente, y así la actualiza, reafirma su autoridad y vivifica la identidad del espacio.  El cierre con una performance hecha por una actriz que es la actualización de un producto de la industria cultural internacional pone al ícono en una situación de extremo desfasaje con el núcleo conceptual de un ritual político, sobe todo porque es una performance en un escenario donde la performance ocupa un lugar central en la revivificación de la tradición. La performance allí, aun la menos eficiente simbólicamente, es siempre vital o se propone serlo. En este caso se desvitaliza de manera radical porque se trata de algún modo de un producto seriado, cosificado, producto de la industria (legítimo en un  teatro, pero no allí) que además , a diferencia de unas remera con imágen o un afiche, se propone generar emoción, ilusión de vitalidad. Y además en tradiciones sensibles a los liderazgos carismáticos, ocupa el escenario donde debe estar el líder 
Se podría abundar en situaciones de ambos partidos y en gestos sociales que con mayor o menor intensidad puedan pensarse como indicadores de la debilidad extrema de tradiciones que tuvieron potencia en la historia argentina en distintos momentos del siglo XX.  Y entonces vendría a cuenta citar lo que algunos veteranos del radicalismo comentaban con incomodidad en relación a uno de los jóvenes viceministros del presidente De La Rua, ex militante de la juventud universitaria,que al renunciar el ministro se negaba a abandonar su cargo de vice alegando que significaría un deterioro de su posición económica. Y aunque esto fuera solamente un murmullo el hecho de que resonara fuerte, lo convertía en un dato. Quizás tampoco sería irrelevante atender como un restaurante de la zona de Palermo en Buenos Aires se habilitó a jugar con los símbolos de la tradición peronista, desde el nombre del lugar, hasta las denominaciones del menú en donde se puede encontrar cerveza roja montonera y, traspasando los límites cualquier parámetro del buen gusto, una tabla de fiambres que se llama Pedro Eugenio.
VII
Sin apelar a un esfuerzo desmedido, es posible inferir que algo debe pasar en las organizaciones, en los grupos, en sus identidades, para que ocurran estas cosas que se parecen bastante a un fin de época que encima no promete alboradas gloriosas en reemplazo. Y quizás no sea demasiado difícil de ver. No obstante decretar la transparencia del mundo, aun ante los indicadores de la evidencia, suele convertirse en un movimiento arriesgado. Sobre todo porque hay una porción no desdeñable de voces diferentes, social y culturalmente hablando, que con sus respectivas estéticas,  parecen creer, o quizás hacen un esfuerzo por creer para no quedar al descubierto, que existen activamente algunas tradiciones que se encarnan en algunos individuos, en los restos de uno u otro partido, e inclusive en algún grupo social, y que las acciones, los movimientos de la política concreta, pueden ser explicadas en relación con ellos. Además es verdad que en el mundo dinámico de la política más allá de situaciones de verdadera hegemonía cultural, hay momentos de significativos desacomodamientos y siempre, filtraciones. Allí están las poderosas experiencias disruptivas de algunos países latinoamericanos. Y, específicamente en el caso argentino, los gobiernos de los Kirchner restituyendo gran parte de la autonomía perdida a la política e intentando con fuerza y consecuencias reales, la resignificación de aspectos de una tradición, aunque sin poder modificar la situación de extrema  fragmentación del propio espacio. Pero aun con estos movimientos que parecen negar lo anteriormente mencionado, algunas de las condiciones estructurales que generan los debilitamientos continúan teniendo presencia. Quizás en algún momento  se manifestarán con escasa fuerza y en otros con clara potencia, pero en verdad continúan actualizándose bajo formas diversas en la vida cotidiana  y no deberían subestimarse.
 VIII
Los sentidos comunes arman su mochila con los residuos de las tradiciones incorporadas, pero también producen procesos de adaptación creativa a los cambios, también a los no declarados y percibidos como tales. Somos moneda, dirá Norbert Elías, pero también acuñamos.
Porque es cierto, que en todo momento hay formas del sentido común que, de algún modo u otro, y en el medio de dinámicos idas y vueltas, dan cuenta de los cambios menos explícitos. Aunque sea de manera confusa y mezclando elementos de la receta aprendida junto con el sentido práctico que descubre  la legitimidad potencial de algunas nuevas prácticas. Que, en fin, resultan más compatibles con el clima de época o, si se quiere, con las nuevas formas de dominación. La explicación del que atiende a los movimientos del individuo saltando de unos a otros de los restos del sistema político y que retóricamente hace un gesto de descalificación frente al abandono de una identidad, también percibe que, aunque de ese lugar cuelguen guirnaldas que hacen referencia a una tradición, ya no tiene el poder culturalmente coercitivo de los espacios simbólicamente fuertes.
Porque tanto el agente concreto que produce ese cambio mayor o menor, como el que lo descalifica desde algún espacio social y cultural determinado, están participando en instituciones débiles y de algún modo u otro pueden percibir y vivir esa debilidad. Es lo que potencialmente harían otros que juegan el mismo juego de darse circunstancias similares y aun los ciudadanos que no participan directamente de ese juego y que inclusive pueden actuar alguna individualista retórica condenatoria. Más allá de los aires revitalizadores de la ultima década,  dadas las condiciones institucionales del sistema político en el presente, de un clima cultural asentado en prácticas cotidianas y en transformaciones estructurales profundas, no hay que forzar demasiado el análisis para dar cuenta, entonces, de que el cambio de bandera política no es algo que los distintos sentidos comunes circulantes puedan percibir como extraordinario.  Por el contrario, la relativa indiferencia parece volverlos gestos de algún modo consabidos, quizás dotados de alguna racionalidad y, acaso, cada vez más justificables socialmente.

*Lucas Rubinich es sociólogo, profesor titular de la Carrera de Sociología la FSOC UBA, investigador del Instituto de investigaciones Gino Germani. Fue director durante cuatro períodos de la Carrera de Sociología. Desde hace 14 años dirige la revista Apuntes de Investigación

sábado, 30 de septiembre de 2017

DE COMO CIERTO FEMINISMO SE CONVIRTIÓ EN CRIADA DEL CAPITALISMO – NANCY FRASER


La lucha feminista se puede articular en una cadena con la lucha progresista por la emancipación, o puede (y de hecho funciona) como una herramienta ideológica de las clases medias alta para reafirmar su superioridad sobre las clases bajas
Slavoj Žižek

Como feminista, siempre he asumido que al luchar por la emancipación de las mujeres estaba construyendo un mundo mejor, más igualitario, justo y libre. Pero, últimamente, ha comenzado a preocuparme que los ideales originales promovidos por las feministas estén sirviendo para fines muy diferentes. Me inquieta, en particular, el que nuestra critica al sexismo esté ahora sirviendo de justificación de nuevas formas de desigualdad y explotación.
En un cruel giro del destino, me temo que el movimiento para la liberación de las mujeres se haya terminado enredando en una “amistad peligrosa” con los esfuerzos neoliberales para construir una sociedad de libre mercado.
Esto podría explicar porqué las ideas feministas, que una vez formaron parte de una visión radical del mundo, se expresen, cada vez más, en términos de individualismo. Si antaño las feministas criticaron una sociedad que promueve el arribismo laboral, ahora se aconseja a las mujeres que lo asuman y lo practiquen. Un movimiento que si antes priorizaba la solidaridad social, ahora aplaude a las mujeres empresarias. La perspectiva que antes daba valor a los “cuidados” y a la interdependencia, ahora alienta la promoción individual y la meritocracia.
Lo que se esconde detrás de este giro es un cambio radical en el carácter del capitalismo. El Estado regulador del capitalismo, de la era de postguerra, tras la II Guerra Mundial, ha dado paso a una nueva forma de capitalismo “desorganizado”, globalizado y neoliberal. La segunda ola del feminismo emergió como una critica del primero, pero se ha convertido en la sirvienta del segundo.
Gracias a la retrospectiva, podemos ver hoy como el movimiento de liberación de las mujeres apuntó, simultáneamente, dos futuros posibles muy diferentes. En el primer escenario, se prefiguraba un mundo en el que la emancipación de género iba de la mano de la democracia participativa y la solidaridad social. En el segundo se prometía una nueva forma de liberalismo, capaz de garantizar, tanto a las mujeres como a los hombres, los beneficios de la autonomía individual, mayor capacidad de elección y promoción personal a través de la meritocracia. La segunda ola del feminismo fue ambivalente en ese sentido. Compatible con cualquiera de ambas visiones de la sociedad, fue susceptible de realizar también dos elaboraciones históricas diferentes.
Tal como yo lo veo, la ambivalencia del feminismo ha sido resuelta, en los últimos años, en favor del segundo escenario, el liberal-individualista. Pero no porque fuésemos víctimas pasivas de la seducción neoliberal. Sino que, por el contrario, nosotras mismas hemos aportado tres ideas importantes para este desarrollo.
Una de esas contribuciones fue nuestra critica del “salario familiar”: del ideal de familia, con el hombre que gana el pan y la mujer ama de casa, que fue central en el capitalismo con un estado regulador. La critica feminista de ese ideal sirve ahora para legitimar el “capitalismo flexible”. Después de todo, esta forma actual de capitalismo se apoya, fuertemente, sobre el trabajo asalariado de las mujeres. Especialmente sobre el trabajo con salarios mas bajos de los servicios y las manufacturas, llevados a cabo no solo por las jóvenes solteras, sino también por las casadas y las mujeres con hijos; no sólo por mujeres discriminadas racialmente, sino también por las mujeres, prácticamente, de todas las nacionalidades y etnias. Con la integración de las mujeres en los mercados laborales en todo el mundo, el ideal del salario familiar, del capitalismo con estado regulador, está siendo reemplazado por la norma, más nueva y más moderna, aparentemente sancionada por el feminismo, de la familia formada por dos asalariados.
No parece importar que la realidad subyacente, en el nuevo ideal,  sea la rebaja de los niveles salariales, la reducción de la seguridad en el empleo, el descenso del nivel de vida, el fuerte aumento del numero de horas de trabajo asalariado por familia, la exacerbación del doble turno, ahora, a menudo, triple o cuádruple, y el incremento de la pobreza, cada vez más concentrada en los hogares de familias encabezadas por mujeres. El neoliberalismo nos viste a la mona de seda a través de una narrativa sobre el empoderamiento de las mujeres. Al invocar la crítica feminista del salario familiar para justificar la explotación, utiliza el sueño de la emancipación de las mujeres para engrasar el motor de la acumulación capitalista.
El feminismo, además, ha hecho una segunda contribución a la ética neoliberal. En la era del capitalismo con estado regulador, criticábamos, con razón, la estrecha visión política que, intencionalmente, se focalizaba en la desigualdad de clases y que no era capaz de fijarse en otro tipo de injusticias “no económicas”, como la violencia domestica, las agresiones sexuales y la opresión reproductiva. Rechazando el “economicismo” y politizando lo “personal”, las feministas ampliaron la agenda política para desafiar las jerarquías de status basadas en las construcciones culturales sobre las diferencias de genero. El resultado debía haber conducido a la ampliación de la lucha por la justicia, para que abarcara tanto lo cultural como lo económico. Pero el resultado ha sido un enfoque sesgado hacia la “identidad de género”, a costa de marginar los problemas del “pan y la mantequilla”. Peor aun, el giro del feminismo hacia las política de la identidad encajaba sin fricciones con el avance del neoliberalismo, que no buscaba otra cosa que borrar toda memoria de la igualdad social. En efecto, enfatizamos la critica del sexismo cultural precisamente en el momento en que las circunstancias requerían redoblar la atención hacia la critica de la economía política.
Finalmente, el feminismo contribuyó con una tercera idea al neoliberalismo: la critica al paternalismo del estado del bienestar. Indudablemente y de forma progresiva, en la era del capitalismo con estado regulador esa crítica ha ido convergiendo con la guerra neoliberal contra el “estado-niñera” y su más reciente y cínico apoyo a las ONGs. Un ejemplo ilustrativo es el caso de los “micro-créditos”, el programa de pequeños préstamos bancarios para mujeres pobres en el Sur global. Presentado como un empoderamiento, de abajo hacia arriba, alternativo al de arriba a abajo, al burocratismo de los proyectos estatales, los micro-créditos se promocionan como el antídoto feminista contra la pobreza y el sometimiento de las mujeres. Lo que se pasa por alto, sin embargo, es una coincidencia inquietante: el micro-crédito ha florecido precisamente cuando los Estados han abandonado los esfuerzos macro-estructurales para combatir la pobreza, esfuerzos que no se pueden sustituir con prestamos a pequeña escala. También en este caso una idea feminista ha sido recuperada por el neoliberalismo. Una perspectiva dirigida, originalmente, a democratizar el poder del Estado para empoderar a los ciudadanos, es ahora utilizada para legitimar la mercantilización y los recortes de la estructura estatal.
En todos estos casos la ambivalencia del feminismo ha sido resuelta en favor del individualismo (neo)liberal. Sin embargo, el escenario alternativo de la solidaridad puede que aún esté vivo. La crisis actual ofrece la posibilidad de volver a tirar de ese hilo una vez más, de manera que el sueño de la liberación de las mujeres sea de nuevo parte de la visión de una sociedad solidaria. Para llegar a ello, las feministas necesitamos romper esa “amistad peligrosa” con el neoliberalismo y reclamar nuestras tres “contribuciones” para nuestros propios fines.
En primer termino, debemos romper el vinculo espurio entre nuestra crítica al salario familiar y el capitalismo flexible, militando en favor de una forma de vida que no gire entorno al trabajo asalariado y valorice las actividades no remuneradas, incluyendo, pero no solo, los “cuidados”. En segundo lugar, debemos bloquear la conexión entre nuestra critica al economicismo y las políticas de la identidad, integrando la lucha por transformar el status quo dominante que prioriza los valores culturales de la masculinidad, con la batalla por la justicia económica. Finalmente, debemos cortar el falso vínculo entre nuestra crítica de la burocracia y el fundamentalismo del libre-mercado, reivindicando la democracia participativa, como una forma de fortalecer a los poderes públicos, necesarios para limitar al capital, en nombre de la justicia.

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Nancy Fraser es una académica feminista estadounidense, profesora de ciencia política en el New School University de Nueva York.
Traducción de www.sinpermiso.info: Lola Rivera

viernes, 8 de septiembre de 2017

Un cross a la mandíbula de la ilusión republicana






Un cross a la mandíbula de la ilusión republicana
Lucas Rubinich

I.
Dentro del fragmentado mundo político argentino, la asociación política hoy en el gobierno es la que en la competencia electoral nacional que le dio el triunfo, levantó, quizás sin mucha solidez de principios, pero con alguna fuerza discursiva, la bandera de la república. En verdad más que como una fuerte referencia constitucionalista implicada con el destino de la nación al estilo Alfonsín, como vaga idea de una forma que pondría fin a lo que  se definía- acompañado de situaciones que le otorgaban fuerte credibilidad-, como desmanejo de la cosa pública, irresponsabilidad de los dirigentes, y corrupción. L a idea de la reconstitución  de un orden que seguramente era leído de muy distintas maneras por diferentes sectores tuvo algún éxito, quizás sin que esto haya habilitado grandes esperanzas, pero  si expectativas, probablemente de baja intensidad. Entonces, más allá de límites intrínsecos, como que el presidente haya sido educado por, y trabajado para un espacio empresarial familiar que hizo su fortuna en una buena porción actuando como  patria contratista y que eso mismo resultaría en un oxímoron al juntarlo con cultura republicana, la posibilidad de actuar republicanamente  estaba a mano, y quizás hubiera posibilitado construir la derecha democrática que imaginaba y deseaba el sociólogo Torcuato Di Tella.

 Pero desde el inicio de este período de gobierno se llevaron adelante distintas acciones políticas, como designación de jueces de la corte por decreto y una  publicitada detención arbitraria de una ciudadana motivadora de fuertes intervenciones mediáticas principalmente sosteniendo el deseo de que fuera condenada, que no  contribuían a desarrollar el republicanismo que quizás en términos integrales, en épocas de la sociedad líquida, no estuvo en los sueños de nadie. Esas medidas que corrían tranquilas sin encontrar fuertes barreras en la cultura política de ese mundo fragmentado, parecían satisfacer a un sector cualitativamente importante de los votantes del gobierno, y lograban murmullos de respeto más evidentes en sus partidarios, pero también en diversos agentes de la clase política que veían en ellas capacidad decisión.

La apuesta por aplicar reducción de penas (el llamado 2x1) a los acusados de crímenes de lesa humanidad no obtuvo el mismo clima favorable y por el contrario activó una especie de sensibilidad colectiva de  compleja conformación. Un entramado que incluye experiencias de distinto tipo: relatos, sensaciones del mundo familiar o comunitario, lecturas, un conglomerado desordenado de imágenes fugaces activadoras de alguna emoción, sentimientos que pueden asociarse a algunos hechos y convertirse en hilos que desprolijamente tejen algo así como zonas de una memoria colectiva. En suma, mil y una  sensaciones mezcladas organizándose, a veces bajo la forma de temor que puede llamar a alguna indiferencia,  pero también de la misma manera que en los comienzos de la democracia, como voluntad de rechazo a la arbitrariedad estatal, ante acciones que puedan actualizar aunque mínimamente formas que se presentaron de manera brutal durante el terrorismo de estado. Y es quizás esta sensibilidad el elemento cultural más fuerte sobre el que se asienta este pacto implícito que sostiene este agujereado modelo democrático

Es probable que los elementos más fuertes de esa sensibilidad, que  quizás sea pertinente imaginar en estado de latencia, atenuándose y encendiéndose  en relación con disputas y situaciones que la actualizan bajo distintas formas, estén hilvanados con la conmoción que produjo la visibilización pública de uso cruel y perverso de la fuerza del estado durante la dictadura argentina que se inicia con el golpe de estado de 1976. Los secuestros y cambios de identidad de niños de los revolucionarios civiles cautivos y asesinados en los campos de concentración,  las  acciones mediante las cuales muchos de esos ciudadanos en cautiverio eran  arrojados al mar desde aviones de las fuerzas armadas,  la tortura- que incluye entre otras prácticas el abuso sexual-, como procedimiento normal practicado por funcionarios del estado, se presentaron a los ojos de grandes y heterogéneas franjas de población  como algo inaceptable. Y aunque, como siempre, las luchas culturales puedan correr el límite de lo moralmente válido, pareciera que todavía hay algo así como una línea, flexible, pero que sigue apareciendo en ocasiones especiales para amplios sectores de la sociedad, y que supone  la no aceptación  de olvidos, ni de reivindicaciones de esas acciones llevadas adelante por el estado que la justicia calificó como crímenes de lesa humanidad y, por supuesto, ni de formas contemporáneas que parezcan remedarlos o que se perciban como tales. Allí el gobierno debió retroceder.

II

 No obstante, poco tiempo después de ese retroceso, se produjo una directa confrontación contra esa sensibilidad. Y esa confrontación se escenificó peligrosamente en la manera en que distintos  y relevantes funcionarios del gobierno actuaron frente a la sospecha de desaparición forzada de un ciudadano en un contexto de represión  efectuada por una fuerza de seguridad federal contra un pequeño grupo de ciudadanos en una zona rural de la provincia de Chubut. Es verdad que las fuerzas de seguridad actúan y actuaron en muchos casos en estos años de democracia  produciendo hechos que potencialmente podían conmover a esas sensibilidades y no lo hicieron,  o por lo menos no de esta manera. Pero lo que interesa remarcar es que por algunas circunstancias, entre ellas las relativas a las características de la situación (jóvenes que levantan banderas a favor de la libertad de un compañero considerado por ellos preso político, grupos que reclaman tierras en poder del grupo Benetton y la represión a un corte de ruta y persecución  a campo traviesa de ocho o diez ciudadanos por más de cien efectivos de la fuerzas) se produjo una repercusión  que efectivamente  posibilitó una alta  visibilidad pública. Y en este caso, sí, los hechos actuaron reviviendo esa sensibilidad.

No obstante, en esta oportunidad, el gobierno decide, quizás confiado en su relativo buen desempeño electoral,  confrontar con esa sensibilidad a la que probablemente imagina no suficientemente fuerte. Y ya en la abierta disputa,  como no es posible erradicarla por obra de la mera voluntad política, lo que se hace es intentar acotarla, reducirla a un nicho político cultural       

En una sociedad de instituciones débiles y una clase dirigente descreída de ellas,  el intento de acotar ese sentimiento, restandole universalidad y asociándolo a la oposición ligada al gobierno anterior como parte de la lucha política coyuntural, es, si se intenta una evaluación a mediano plazo que piense en consolidar una democracia en la que el recurso al uso de la fuerza pública no se convierta en un factor central de estabilidad, una verdadera catástrofe.

Pero claro, si hay algo que ocurre en una época de trascendencias agujereadas es que la política se convierte en pura táctica, es hecho contra hecho y se despliegan  todos los recursos para ganar la disputa. Los viejos partidos que podían otorgar una flexible  trascendencia, han visto el deshilachamiento de sus banderas y el clima predominante deudor de la cultura del capital financiero internacional es una cultura de winners and losers. El largo plazo para la cultura de los CEOs que ha inficionado la política no es demasiado relevante. Entonces no hay inhibiciones para usar un recurso que sirva para ganar una batalla coyuntural. Y en esa urgencia no importa o no se considera relevante si el accionar transgrediendo formas significa el desapego a una regla constitucional, y tampoco si se considera que en la particular situación de argentina desde una situación republicana clásica, la violación de esos procedimientos puede despertar  oscuras fuerzas estatales  derrotadas en el momento fundacionales de la legitimidad democrática. Quizás esa idea ni siquiera está en el horizonte de posibilidades. Pero así y todo, como parte de la alianza de gobierno están entre otros restos, los restos del partido radical que, como se dijo, tuvo un papel central en la fundación democrática de 1983 y entonces probablemente allí resuenen las nociones de ciudadano y república. Por ello, por lo menos en algunos sectores, hay alguna idea de cómo se debería accionar, sobre todo si además, como efectivamente ocurrió, aun en la identidad ambigua de la asociación política en el gobierno, se pronunció la palabra república otorgándole un valor positivo.

En verdad, no hay que dar muchas vueltas. Una manera clara y contundente para la construcción de legitimidad de las instituciones republicanas, para fortalecer la ilusión del bien común, es responder con gestos claros e inmediatos cuando se producen hechos significativos y de trascendencia pública en el que instituciones del estado están sospechados de cometer delitos que tienen fuerte rechazo cultural y trascendencia internacional, y que además, están dramáticamente inscriptos en la reciente historia de la nación argentina, como lo es la desaparición forzada de personas.

Preguntarse cómo se han  desempeñado los organismos específicos del gobierno  nacional frente a un hecho en el que un ciudadano desparece en un contexto de represión llevado adelante por una  fuerza de seguridad federal y encontrarse con respuestas no adecuadas a una tradición republicana puede ser problemático para una fuerza política inscripta en esa tradición. Más problemático es si esa fuerza política actúa en Argentina, país que tuvo el trágico mérito de diseminar por el mundo la palabra desparecido en idioma castellano durante el accionar de una dictadura que cometió crímenes de lesa humanidad, y la extraordinaria virtud de conseguir condenas ejemplares a los criminales miembros jerárquicos de las fuerzas militares del estado en la naciente democracia. Pero, claro, para que esa situación problemática fuese evidente se necesita que la adscripción sea algo más que un recurso retórico. Si la cultura republicana  es fuerte en la asociación política en el gobierno, sin lugar a dudas hay en este accionar un problema. Lo contrario demostraría que esa cultura no es productiva, que no tiene consecuencias en el accionar de sus miembros, porque como dice Max Weber "Los agentes sociales obedecen a la regla cuando el interés en obedecerla la coloca por encima del interés en desobedecerla."


III

Durante los 30 días posteriores a esa desaparición funcionarios relevantes y otros miembros del gobierno,  amplificados  y reforzados creativamente por los grupos mediáticos más importantes del país elaboraron tres tipos de respuestas al problema: La primera respuesta es la negación de que exista esa desaparición en ese contexto, y,  consecuentemente, la explícita desresponsabilización de la fuerza federal que participó  de esa represión; la segunda, es la invención de imaginativas hipótesis sobre el paradero supuesto del ciudadano desaparecido y por lo tanto la trivialización de la sospecha principal; y la tercera, es la demonización de la comunidad reprimida y del desaparecido, identificado como  colaborador y simpatizante de esa comunidad.

Sin lugar a dudas cada una de estos tres tipos de respuestas con las variaciones en cada caso resultan indudablemente contradictorias, e inclusive, confrontativas con  las distintas formas de la cultura republicana. ¿ Porqué?.  En principio,  porque, ante la sospecha fundada de que exista esa desaparición, si hay algo que no deben hacer los funcionarios de un gobierno  es simplemente negar la situación, sino atender a la sospecha aunque luego se demuestre que no poseía fundamento. En lo que refiere a la invención de versiones que separan del lugar de los hechos al ciudadano desparecido, se trata  de vulgares formas de distracción que refuerzan la postura de negación trivializando la sospecha de una manera  que, en el marco de la historia argentina donde esas operaciones se hicieron desde funcionarios y desde medios de comunicación en momentos de la peor dictadura que soportó el país para ocultar el horror, se torna, por lo menos, obscena. Por último, y en el mismo sentido,  la demonización del grupo de ciudadanos reprimidos y del desaparecido por sus acciones e identidades culturales, ignora flagrantemente que el estado debe ser responsable por las acciones que efectúan sus organismos de represión, sea lo que fuere lo ocurrido, sea cual fuere la identidad política étnica del ciudadano y del grupo con el que se encontraba en el momento del hecho. Lo obvio es que debe justificarse  el accionar de la fuerza y explicar si hubieron detenciones, porqué motivos, y, obviamente, cumplir con la obligación de poner esos detenidos a disposición de la justicia. Lo que no puede ocurrir es que simplemente desaparezca un ciudadano durante el accionar de esa fuerza. Que  los que produjeron el hecho que motivó la represión sean simpatizantes de los mapuches, kurdos, afganos o maoríes es irrelevante en esta instancia.

Entonces se puede sostener que un accionar gubernamental de estas características y sobre todo de la asociación política que, aunque sin una gran fuerza simbólica, prometía algo así como la restitución del orden republicano  en momentos de la campaña en la que obtuvo la presidencia, agujerea gravemente la legitimidad del sistema democrático de la república argentina. Claro, esto es así, si de lo que se trata es de construir legitimidad institucional y  no de una apuesta inmediatista por ganar una partida. Como resulta obvio, durante el primer mes, la opción gubernamental fue ganar una partida sosteniendo lo actuado con el apoyo de, por lo menos los dos grupos comunicacionales más importantes del país, en la confianza de que a una porción  de la sociedad que quizás supera a sus votantes, evaluaría positivamente estos gestos.

En verdad no sería extraño que algo de eso ocurriera, es posible imaginar  que, por lo menos, en los primeros momentos, los votantes del gobierno, y quizás muchos más, no promoverían ni sostendrían  opciones que implicasen un freno sancionatorio. También puede suceder que los funcionarios con ojos de buen cubero inmediatista  perciban o crean percibir que no existen obstáculos tales como un clima republicano inhibidor en gran parte del sistema político, y desde ya mucho menos en los núcleos dinámicos de la asociación política que gobierna. Al contrario, si hay algo que pueda ser identificado  como más fuerte que la noción de república en la asociación política en el gobierno, pero también en elementos culturales visibles en distintos sectores de la sociedad, es la cultura de ganadores y perdedores. Y habría que agregar  que también es fuerte en la cultura práctica del gobierno  una manera de relacionarse con los ciudadanos que contiene claros elementos de lo  que confusamente suele denominarse populismo. Para decirlo en términos concretos: el winner en el gobierno puede transgredir para lograr su objetivo, y sobre todo si se trata de reglas que pueden ser transgredidas por arcaicas. Pero además, como vox populi vox dei,  debido a la empatía con una cultura de época, la evaluación de encuestas y los resultados de los focus, puede sugerir que no solo no hay sanción por ello, sino que para  un electorado propio y quizás a otras franjas que le permitirían algún crecimiento, esta transgresión puede  ser vista como sinónimo de fortaleza.

IV

De todos modos, en las sociedades complejas hay luchas por la imposición de visiones del mundo, aunque es verdad que  estas se  presentan  quizás en la mayoría de las veces y más en los fines de época, de manera desordenada y confusa. No obstante, es cierto que no es posible ignorar  en estas luchas  la existencia de una fuerza político cultural internacional que como un arrollador fantasma recorre distintas zonas de la sociedad erosionando instituciones diversas, y también las del orden republicano que incomodan a un nuevo orden. Está situación ha sido observada con agudeza y algún pesimismo por sociólogos y economistas de las generaciones mayores  que vieron y siguen viendo, por un lado, la decadencia  de las viejas formas políticas e institucionales que permitían contener y organizar colectivos sociales, y por lo tanto hacer escuchar la voz de aquellos más alejados de los espacios de decisión, y por el otro, el surgimiento de actores que en el marco de la extensión de la cultura del capital financiero globalizado, pasan a tener una capacidad de decisión significativa acerca de lo que ocurre en distintas sociedades nacionales, que  se encuentra claramente por encima de la de  los ciudadanos electores.

Centralmente se atiende a como las tomas de decisión sobre cuestiones relativas al ámbito de la redistribución de recursos se desfasa de la acción colectiva, y como el mundo financiero, directamente escapa al control democrático. Wolfgang Streeck llamará post democracia a la escenografía  de las viejas democracias republicanas funcionando en un mundo en el que “los Estados están situados dentro de los mercados, en vez de los mercados dentro de los Estados” ( Streeck, 2016). Zygmunt Bauman dirá que en la sociedad solida existía un compromiso mutuo entre el capital y el trabajo y que  “en la modernidad líquida dominan los más elusivos, los que tienen libertad para moverse a su antojo”, y es así entonces, que el capital globalizado con posibilidades de desplazamiento internacional se desinteresa de las reglamentaciones legales del trabajo que aseguran una mayor integración y cohesión social. Jorge Beinstein se refiere a las nuevas clases altas que, en el marco de los deterioros institucionales, se convierten en agentes tomadores de decisiones que afectan al conjunto de la sociedad  eludiendo los controles democráticos. Las caracteriza como lumpenburguesía. Dice :“Los grupos locales se caracterizan por una dinámica de tipo “financiero” combinando a gran velocidad toda clase de negocios legales, semilegales o abiertamente ilegales, desde la industria o el agrobusiness hasta el narcotráfico pasando por operaciones especulativas o comerciales más o menos opacas.” Y  concluye  “Las elites económicas latinoamericanas aparecen como una parte integrante de la lumpenburguesía global, son su sombra periférica, ni más ni menos degradada que sus paradigmas internacionales” ( Beinstein, 2016) Por su parte ,Ricardo Sidicaro, afirmará refiriéndose  la política en Argentina que .” La desarticulación del campo político nacional, puede considerarse como una expresión y continuación de la anomia institucional cuyos más claros observables empíricos son, en las cúspides: el incremento de los personalismos, los nepotismos, las opacidades del micro-ámbito de deliberación de los “jefes”, los transfuguismos, las faltas de agendas programáticas; y, en la sociedad, en general, la ausencia de confianza en las entidades electorales combinada con ocasionales momentos de efervescencia o entusiasmo confundidos como modos de participación política”. (Sidicaro, 2015).

En este contexto de debilitamiento de la capacidad de control de las instituciones democráticas frente a los actores poderosos, de sus deterioros y la pérdida de credibilidad, sumado a las características de esos nuevos actores con cultura del capital financiero, la transgresión de principios republicanos que, al fin y al cabo responden a instituciones del viejo orden con débil productividad cultural, no parecerían preanunciar grandes consecuencias para quien las realiza si puede mostrarse como un jugador poderoso que sabe jugar en el nuevo orden. Claro que en este caso se transgrede una regla  asentada en una experiencia que por lo menos tuvo, en un momento no tan lejano, un extraordinario peso simbólico.

V.

Pero sea cual fuere el resultado del proceso acontecido en el largo mes de agosto de 2017, aunque  los funcionarios pertinentes asuman su responsabilidad y la justicia actúe en consecuencia, o que por el contrario se continúe tratando de disimular esperando que la cuestión se diluya en el tiempo, y por más que este destrato a las instituciones republicanas sea parte, como se ha visto, de una fuerza político cultural que trasciende a una nación, hay algo que tiene que ver con las creencias ya debilitadas de la ciudadanía en las instituciones que se encargan de implementar decisiones de gobierno,  que se ha alterado dramáticamente. 

Las experiencias construidas  a partir de 1983 en  donde  por la existencia de la democracia se pudo realizar un juicio a las juntas militares generó- adquiriese la forma práctica o discursiva que fuere-, algo así como una ilusión republicana, y si se quiere tuvo un carácter fundante y trascendente por su singularidad. El reordenamiento surgido luego de que una población se rebelase ante la quiebra flagrante de las reglas del juego en el 2001, supuso, ante la inexistencia  de un horizonte con otras formas, al menos  la sobrevivencia, aunque herida, de esa ilusión. Ilusión que no es ni más ni menos que algún grado de confianza sobre el orden institucional que organiza zonas significativas del mundo en que se vive.

Es posible imaginar con algún pesimismo fundado que en el mundo que se avecina, estas formas de gobierno, en un contexto como el descrito por los analistas, puedan mantenerse, con idas y vueltas, más sujetas a los golpes de mano de los poderosos, que  a la voluntad autónoma de los ciudadanos y sus representantes. Es desde ya un supuesto, amparado en producción académica y que, en tanto tal, puede ser sostenido. No obstante, es cierto que la negación colectiva de estas  predicciones autorizadas culturalmente, alentadas por otros deseos colectivos pueden alterar los destinos que se presentan como prefijados. Dios acecha en los intervalos, dijo un argentino famoso.  Pero lo que sí es más seguro  que ocurra, es que cuando se analice la decadencia del sistema republicano argentino que se refundó en 1983, se le otorgue un papel explicativo central a este momento en que  las acciones de funcionarios de gobierno e instituciones del estado  agrietaron de manera brutal y grotesca creencias básicas sobre el papel universalista de las instituciones. Creencias, por otro lado, que en algún momento se imaginaron fundamentales para el mantenimiento de un sistema de dominación y que el cambio de época  pareciera ir transformando en obsoletas para ese fin.

La contundencia de esta situación, acaso su trascendencia, puede ser descrita de maneras diversas, pero quizás sea difícil encontrar otra forma tan certera como aquella vieja metáfora del habla coloquial que también refiere a la literatura argentina, y decir que lo ocurrido, en empatía con un clima de época, fue ni más ni menos que un  cross a la mandíbula de la ilusión republicana.


Buenos Aires, setiembre 2017


Bibliografía citada

Bauman, Zygmunt, Modernidad líquida, Buenos Aires, FCE, 2003,
Beinstein, Jorge, 2016: Lumpenburguesías latinoamericanas, revista Maíz No 6, F.de P y C de la C, Universidad Nacional de La Plata,  La Plata.
Sidicaro, Ricardo, 2015: Las anomias argentinas, Apuntes de investigación del CECYP N 26, Buenos Aires
Streeck, Wolfgang, 2014  ¿Cómo terminará el capitalismo?, NewLeft review  Nº 87 julio - agosto 2014 segunda época, Instituto de Altos Estudios Nacionales de Ecuador–IAEN

jueves, 18 de mayo de 2017

Que no nos mientan, el responsable no es el narco Ángel Guerra Cabrera ( La jornada jueves 18 de mayo de 2017)

Imágen: Mujer embarazada cayendo dentro de un tacho de basura, Pomarola Talk 2014

"No nos digan que el responsable es el narco. El indebidamente llamado crimen organizado es inherente al capitalismo y ha crecido como la espuma en su etapa neoliberal, cuando cada vez es más difícil deslindar los llamados crímenes de cuello blanco de los de las organizaciones mafiosas y cuando estas son indispensables para la acumulación capitalista en la etapa financierista. No hay un solo gran banco en el mundo que no lave dinero. Suponiendo que lo evitara, los flujos de capital de procedencia ilícita son de tal magnitud y se mueven a tal velocidad, que es imposible controlarlos a menos que hubiera una decisiva acción de los estados."

Que no nos mientan, el responsable no es el narcoÁngel Guerra Cabrera ( La jornada jueves 18 de mayo de 2017)

Esta semana el periodismo mexicano y La Jornada perdieron a un extraordinario profesional y ser humano, Javier Valdez, corresponsal de nuestro diario en Sinaloa, acribillado a balazos a las 12 del día en Culiacán, a unos pasos del semanario Ríodoce, del que fue cofundador. Hace 57 días, el 23 de marzo, murió también acribillada frente a su casa nuestra compañera Miroslava Breach, corresponsal en Chihuahua, mientras esperaba a su hijo para llevarlo a la escuela. También Miroslava era otro gran valor del periodismo mexicano y, al igual que Javier, comprometida con las luchas sociales.
Ambos gozaban de merecido prestigio y reconocimiento social en sus estados y en el país, tanto por su rigor y brillantez profesional como por sus valores éticos, inmunes al soborno y la intimidación. Sus impecables notas eran lectura asidua para gran parte de los fieles lectores de La Jornada. Eran imprescindibles para conocer la situación del país pues relataban el narcotráfico y la corrupción gubernamental, las luchas de los maestros contra la reforma educativa, de las comunidades contra los megaproyectos de las trasnacionales, los grupos de poder local y autoridades a ellas vinculados.
Mucho más, cuando en el caso de Sinaloa, a falta de oportunidades de trabajo, el narco –coludido con el Estado– es desde hace décadas un poder creciente, el medio de sustento de gran parte de la sociedad y, por supuesto, de muchos de los más humildes, aunque sean ellos los menos beneficiados. No sólo eso, el narco, como ya ocurre en el resto del país, controla los más criminales y depredadores delitos. En Chihuahua, al pingüe negocio del narco se suma la voraz acción depredadora del gran capital contra las comunidades indígenas y mestizas. Miroslava había dado cuenta del total abandono y discriminación del pueblo rarámuri y sus luchas contra los señores del dinero, que les arrebatan a toda velocidad sus fuentes de vida y los mantienen sumidos en la desnutrición y las enfermedades prevenibles. Dos meses antes que ella, fue asesinado el líder rarámuri Isidro Valdenegro López, protagonista de no pocas notas de Miroslava, a quien nada lo pudo proteger el galardón que le concedió la Fundación Goldman por su defensa del territorio indígena y los bosques. Como tampoco a Javier Valdez, el premio Libertad de Prensa del Comité Internacional para la Protección de Periodistas.
En una administración que acumula ya 36 asesinatos de reporteros, Javier fue el séptimo de este año, pero al día siguiente una colega fue herida de gravedad y unos días antes, en Guerrero, otros siete salvaron sus vidas no se sabe cómo de un grupo armado, aunque perdieron todos sus equipos de trabajo e información. Entre ellos había dos de nuestro diario, el corresponsal en ese estado, Sergio Ocampo, y el fotógrafo Jair Cabrera.
De 2000 a 2017 han sido asesinados en México 126 periodistas, crímenes impunes en su abrumadora mayoría según datos de la ONU. Los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa recuerdan muchos otros hechos semejantes.
No nos digan que el responsable es el narco. El indebidamente llamado crimen organizado es inherente al capitalismo y ha crecido como la espuma en su etapa neoliberal, cuando cada vez es más difícil deslindar los llamados crímenes de cuello blanco de los de las organizaciones mafiosas y cuando estas son indispensables para la acumulación capitalista en la etapa financierista. No hay un solo gran banco en el mundo que no lave dinero. Suponiendo que lo evitara, los flujos de capital de procedencia ilícita son de tal magnitud y se mueven a tal velocidad, que es imposible controlarlos a menos que hubiera una decisiva acción de los estados.
En México es mayor que nunca el clamor de justicia y por poner fin a la escandalosa impunidad con que se cometen al alza cientos de asesinatos de periodistas, defensores de derechos humanos y activistas sociales, así como decenas de miles de desapariciones. El Estado, por definición, es el responsable de esta catástrofe y las medidas que ha tomado se han revelado del todo ineficientes, como lo demostró en estas páginas Jan Jarab, representante en México del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
No deja de sorprenderme que, igual que Almagro, el gobierno del país de Benito Juárez, Lázaro Cárdenas y la no intervención, apunte a la entrañable Venezuela bolivariana cuando se le incendia la casa.
Twitter:@aguerraguerra
Imágen: Mujer embarazada cayendo dentro de un tacho de basura, Pomarola Talk 2014

martes, 9 de mayo de 2017

Las madres de la plaza y la persistencia de una sensibilidad común en un contexto de individualismo pragmático


Las madres  de la plaza y la persistencia de una sensibilidad común en un contexto de individualismo pragmático
Lucas Rubinich
En el contexto de la extrema fragmentación producto del predominio de la cultura del capital financiero,  donde lo fuerte es la moral de ganadores y perdedores atenuada por una escenografía republicana de cartón, vuelven viejas preguntas sobre las posibilidades de construir colectivos sociales amplios y sólidos sin renegar del archipiélago, o, ligadas a estas, si, por lo menos,  existen elementos básicos que, ante determinadas circunstancias, actualizan algo parecido a una moral común, posible base de construcción futura de esos colectivos. Y son buenas preguntas sociológicas, pero también políticas, ya que es sabido que innumerables minorías agrupadas  muchas veces efímeramente sobre derechos parciales, hacen muy difícil que la mayoría de la sociedad pueda hacer escuchar su voz en asuntos fundamentales frente a los poderes de las grandes corporaciones.
La sociedad argentina es afectada, con sus terribles singularidades, desde la mitad de los años setenta, por procesos de transformación de la economía que resultan en la destrucción de mercados de trabajo, en la desvalorización de lo público, y del conjunto de instituciones consideradas del viejo orden ( sindicatos, Ps Ps, legislación que considera distintos derechos sociales, etc.), generadoras  estas últimas, de condiciones para la creación de colectivos sociales amplios  con intereses comunes capaces de realizar acciones en consecuencia. Ante el deterioro, y en algunos casos destrucción, de esas viejas instituciones, la cultura del individuo pragmático, que ya había encontrado distintas formas de legitimación práctica, se afianza estructuralmente en los 90. La caída del muro es la frutilla del postre para un proceso que se extendía arrolladoramente de la mano del capital financiero en el escenario de las debilitadas democracias republicanas. En Argentina, aún con respuestas como la del 2001, y con atenuaciones de la política surgidas de esa experiencia social, las condiciones estructurales y culturales de la fragmentación,  continuaron presentes, y han revivido con fuerza en el actual gobierno.
La cultura de los ganadores exitosos, frente a la sociedad fragmentada, da derechos a la manipulación de instituciones deterioradas de la república, y al uso de la retórica política como una herramienta efímera, circunstancial, que no supone ninguna afirmación de principios morales ni políticos. Es la política del focus group y la encuesta para, mientras se hace lo que se tiene que hacer, dar a cada grupo una lectura de lo hecho, de acuerdo a sus deseos circunstanciales, aunque las afirmaciones sean contradictorias, Es posible sostener una opinión en público dirigida a un núcleo duro de adherentes y a los pocos minutos relativizarla, pensando en grupos más amplios. Se puede promover una decisión política,  satisfaciendo a un sector, y ante reacciones en contra que se consideren más o menos significativas, afirmar que se está en desacuerdo con ella, y eventualmente, retroceder para intentarlo en otro momento. Los asesores  gubernamentales aconsejan no dar mucha importancia a los significados densos de las palabras, porque no hay colectivos fuertes que puedan reaccionar frente a lo que se dice, y más vale  actuar  gestos que puedan hacer empatía con sensaciones débiles y más o menos efímeras, que al fin resultan efectivos para sostener la imagen del día a día                                                                                                                          
La clave de esta habilitación es que, efectivamente la relación entre el poder económico y político e individuos, o fragmentos sumados de individuos reunidos sobre un interés parcial, sin causas trascendentes que posibiliten elementos comunes para algún tipo de identidad colectiva amplia, es una relación claramente asimétrica. Es así que en base a  puras relaciones de fuerza,  el poder construido sobre la fragmentación, imagina que es posible atender esos intereses si no resultan molestos para los propios, hacerlo parcialmente, o quizás directamente ignorarlos, en principio sin grandes consecuencias.
Es verdad que en la sociedad argentina hay tradición de distintas experiencias de lucha que llegan hasta el presente,  también es cierto que existen sindicatos, y que más allá de los cambios en el mercado de trabajo y desprestigios de alguna dirigencia, son aun sindicatos fuertes;  nadie ignora, por fin, que ante el desempleo de los 90 surgieron y se mantienen distintas experiencias de autoorganización popular. Sin embargo, una mirada atenta puede reconocer que muchas de esas instituciones a las que el clima predominante ve como parte de un viejo orden, sobreviven con distintos, y a veces graves, estados de deterioro. Los viejos partidos políticos no existen como partidos. Son las hilachas de lo que fueron, los  banderas desteñidas apenas se levantan en grupos fragmentados que pueden moverse hacia distintas posiciones, sin las inhibiciones de estar renegando de una tradición,  simplemente porque no existe ese colectivo que vitalizaba la institución y le confería poder inhibidor. Los cambios en el mercado de trabajo dejaron a franjas de población de las periferias de las grandes ciudades con dos generaciones sin conocer el trabajo formal, y sujetas a la violencia, producto de complejas relaciones con las agencias policiales implicadas en la distribución de droga. Los sectores medios con ingresos medios y bajos, se encuentran con múltiples opciones culturales y religiosas para dar sentido a una lucha por la vida en la que no les toca el lugar de los mejores.
 En fin, hay una situación estructural de fragmentación, y también prácticas en lugares relevantes de la sociedad en la que parece afirmarse el reconocimiento de que los fracasos de enteros grupos sociales son independientes de la responsabilidad colectiva. Y que, en todo caso, vía la acción filantrópica, los “mejores” podrán tender a los “peores” una mano paternal y caritativa. La noción de autoafirmación individual que responsabiliza al individuo de sus fracasos y de sus éxitos, deteriora progresivamente la idea de ciudadano que puede intervenir sobre los mecanismos sociales que habilitan a la realización de la ciudad como un todo,  donde prime el logro del bien común. Las instituciones republicanas colonizadas por el individualismo pragmático les  impiden poco a los ganadores, y cuando los ganadores gobiernan sin la inhibición de alguna tradición, los límites son todavía menores No obstante, es posible imaginar que en las sociedades pueden existir, inclusive sobreviviendo a cambios culturales importantes destructores de viejas conquistas,  elementos deudores de algunas experiencias míticas que ante determinadas situaciones actualizan un lazo común, un piso básico de moral común.
Hay algo de ese piso básico de moral común en la sociedad argentina, y se construye como asociado y derivado de una experiencia fundamental que se inició hace menos de 50 años: la de madres y abuelas de Plaza de Mayo. Esa experiencia tiene dos aspectos que contribuirán a armar ese piso moral común. En primer lugar la figura imborrable de un puñado de mujeres  que con gran coraje y dignidad desafían a la tiranía pidiendo por sus hijos, manifestando en una extraordinaria situación de desprotección. Y el desafío es mayúsculo, porque sus cuerpos  que el sentido común imagina frágiles, pisan con decisión y seguramente con miedo, el ágora central. Están allí frente a los edificios que albergan el poder, revalorizando un símbolo de la república en momentos en que esta fue arrasada. El estado en su accionar clandestino secuestra y mata a tres de las fundadoras, pero ellas continúan. Atropelladas por los caballos de la guardia de infantería, estigmatizadas por sectores de la prensa, su lucha continuó con persistencia y lograron ser un factor fundamental en la revisión de la historia que posibilitó el juicio a las juntas, y la caracterización de lo actuado por los militares como delitos de lesa humanidad. Ese es el otro elemento fundamental que contribuirá a armar ese piso de moral común. La mirada sensible y valiente  de las madres a través de la cual la sociedad tuvo una descripción de la barbarie estatal más allá de las legítimas visiones ideológicas y políticas. Una mirada sensible de mujeres que habían sido mujeres comunes, y que lograban recomponer una moral radicalmente confrontativa con aquellas formas que los teóricos de la guerra antisubversiva habían impuesto y  un sector del mundo dirigencial había aceptado como práctica habitual: el secuestro  y cautiverio en condiciones de clandestinidad, la tortura en diversas formas, el abuso sexual, el trabajo en condiciones de sumisión y , en el caso argentino, el intento de abolir el pasado desapareciendo los cuerpos y quitando la identidad a los hijos de los secuestrados y desaparecidos
Distintos sectores de la sociedad argentina a partir de la democracia establecida en 1983, fueron rearmando su mirada de la historia reciente a través de los ojos sensibles de las madres. Ellas expandieron ese piso moral  conmoviendo a distintos tipos sociales de esta sociedad de movilidad social ascendente y de migraciones diversas, que tiene características constitutivas que habilitan esa emoción. En esta sociedad plebeya con arrolladora cultura igualitaria, conmueven, de manera preideológica, los sufrimientos de los desprotegidos que no se resignan, tanto como las rebeldías que se enfrentan, con éxito o sin él, a las arbitrariedades de los poderosos. Sensibilidades construidas con las propias experiencias familiares, con los miles de folletines estilizadores de la sensibilidad romántica de Victor Hugo, con el Martín Fierro, con Chaplin, encuentran una potente afinidad de sentimientos en la épica y la consecuencia de las madres y abuelas de plaza de mayo, derribando barreras culturales, políticas y sociales. Y  tal vez estas mujeres cumpliendo el papel civilizatorio de hacer ver  la barbarie estatal como formas nefastas de la condición humana, construyeron  algo así como un humus potencialmente habilitador de una base moral común, que quizás puede revivir ante situaciones particulares, aún en el mundo de la sobrevivencia de los mejores.


sábado, 25 de marzo de 2017

CARTA ABIERTA DE UN ESCRITOR A LA JUNTA MILITAR


Imágen. Huella de Rodas, Pomarola Talk, 2016

CARTA ABIERTA DE UN ESCRITOR A LA JUNTA MILITAR
1.   La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de
mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la perdida de una
hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a
esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente
como escritor y periodista durante casi treinta años.
El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la
acci
ón de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que
ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son
crímenes y lo que omiten son calamidades.
El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban
parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su pol
ítica
represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para
nueve meses más tarde.
En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio
de Isabel Mart
ínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el
pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.
Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en
los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones
de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como
expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de
ese "ser nacional" que ustedes invocan tan a menudo.
Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e
intereses de mino
rías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas
productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación.
Una política semejante solo puede imponerse transitoriamente prohibiendo
los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e
implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.
2.   Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas
de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.
Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales
guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra
ningún juez, abogado, periodista, observador internacional.
El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la
investigaci
ón, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que
permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio. (1)

Más de siete mil recursos de habeas corpus han sido contestados
negativamente este ultimo ano. En otros miles de casos de desaparición el
recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su
inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después
que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.
De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo.
Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en
diez días según manda una ley que fue respetada aun en las cumbres
represivas de anteriores dictaduras.
La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite
en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre
las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares
quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos.
El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores
medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el
"submarino", el soplete de las actualizaciones contemporáneas. (2)
Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la
guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la
tortura absoluta, intemporal, metaf
ísica en la medida que el fin original de
obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la
administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta
quebrarla y hacerle perder la dignidad, que perdió el verdugo, que ustedes
mismos han perdido.
3. La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es
asimismo la cobertura de una sistem
ática ejecución de rehenes en lugares
descampados y horas de la madrugada con el pretexto de fraguados
combates e imaginarias tentativas de fuga.
Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a
diez en veh
ículos que se incendian son los estereotipos de un libreto que no
está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante
ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de
represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las
acciones guerrilleras.
Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la
voladura del Departamento de Polic
ía de La Plata, 30 por el atentado en el
Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la
muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la
comisaría de Ciudadela, forman parte de 1.200 ejecuciones en 300

supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su
mando no tuvieron muertos. (3)
El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es
asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un
ano atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y solo 10 o 15 heridos,
proporci
ón desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión
es confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina que
revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en
40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y
la guerrilla 63 muertos.
Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga
cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a
prevenir a la guerrilla y los partidos de que aun los presos reconocidos son
la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes
de Cuerpo según la marcha de los combates, la conveniencia didáctica, el
humor del momento.
Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer
Cuerpo del Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos
Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca
Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de
fuga, ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor. (4) El asesinato de Dardo
Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros
siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el
general Suarez Mason, revela que estos episodios no son desbordes de
algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican
en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen
como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de
la Junta de Gobierno.
4. Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto
despu
és que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que
en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países,
por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias
fuerzas. (5)
Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en
las costas uruguayas, peque
ña parte quizás del cargamento de torturados
hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el
Rio de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años,
Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, "con lastimaduras en la región
anal y fracturas visibles" según su autopsia. Un verdadero cementerio

lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el lago San
Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia
y escribió a los diarios que no la publicaron. (6)
Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de
1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Lujan el 9 de octubre,
sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a
15 kilometros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.
En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas
herederas de las 3 A de Lopez Rega, capaces de atravesar la mayor
guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río
de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la 1a
Brigada Aerea (7), sin que se enteren el general Videla, el almirante
Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que
ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre "violencias de distintos
signos" ni el arbitro justo entre "dos terrorismos", sino la fuente misma del
terror que ha perdido el rumbo y solo puede balbucear el discurso de la
muerte. (8)
La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats,
durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan
José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz y decenas de asilados,
en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos
en Chile, Bolivia y Uruguay. (9)
La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos
Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a
través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor,
sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station
Chief de la CIA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las
que hoy sacuden a la comunidad internacional, que no han de agotarse
siquiera cuando se esclarezca el papel de esa agencia y de altos jefes del
Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia
Libertadores de América, que reemplazo a las 3 A hasta que su papel global
fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.
Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de
cuentas como el asesinato del capit
án Horacio Gándara, quien desde hace
una decada investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del
periodista de "Prensa Libre", Horacio Novillo, apuñalado y calcinado después
que ese diario denuncio las conexiones del ministro Martínez de Hoz con
monopolios internacionales.

A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la
guerra pronunciada por uno de sus jefes: "La lucha que libramos no
reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del
mal". (10)
5. Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin
embargo los que mayores sufrimientos han tra
ído al pueblo argentino ni las
peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la
política económica de ese gobierno debe buscarse no solo la explicación de
sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres
humanos con la miseria planificada.
En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40 %,
disminuido su participación en el ingreso nacional al 30 %, elevado de 6 a
18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta
familiar (11), resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni
en los últimos reductos coloniales.
Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de
las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamaci
ón colectiva, prohibiendo
asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la
desocupación al record del 9 % (12) y prometiendo aumentarla con
300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los
comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido
protestar los han calificado de subversivos, secuestrando cuerpos enteros
de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no
aparecieron. (13)
Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de
gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40 %, el de ropa más
del 50 %, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas
populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil
supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las
Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la
rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como
si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el
presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos
militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de
médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el
terror, los bajos sueldos o la "racionalizacion".
Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez
con que semejante pol
ítica la convierte en una villa miseria de diez millones
de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las

industrias monopólicas saquean las napas subterráneas, millares de cuadras
convertidas en un solo bache porque ustedes solo pavimentan los barrios
militares y adornan la Plaza de Mayo, el río más grande del mundo
contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de
Hoz arrojan en el sus residuos industriales, y la única medida de gobierno
que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.
Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar
"el país", han sido ustedes más afortunados. Un descenso del producto
bruto que orilla el 3 %, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por
habitante, una inflación anual del 400 %, un aumento del circulante que en
solo una semana de diciembre llego al 9 %, una baja del 13 % en la
inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la
fría deliberación y la cruda inepcia.
Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian
hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve aut
ónoma.
Mil ochocientos millones de dólares, que equivalen a la mitad de las
exportaciones argentinas, presupuestados para Seguridad y Defensa en
1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en
la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero
industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se
elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120 %,
prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y
de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto
crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el
dólar.
6. Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se
aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política
económica de esa Junta solo reconoce como beneficiarios a la vieja
oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de
monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las
automotrices, la U.S. Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente
el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete. Un
aumento del 722 % en los precios de la producción animal en 1976 define
la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz
en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su
presidente Celedonio Pereda: "Llena de asombro que ciertos grupos
pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser
baratos". (14)
El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido
posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento,

dónde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin
producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras,
valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son
hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el "festín de
los corruptos". Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito
nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la
Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las
bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso,
rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o
Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos hechos
cabe preguntarse quienes son los apátridas de los comunicados oficiales,
donde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cual es la
ideología que amenaza al ser nacional.
Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados, no
pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los
derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aun cab
ría pedir
a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el
abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aun
si mataran al último guerrillero no haría más que empezar bajo nuevas
formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la
resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas
por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades
cometidas.
Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto
gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin
esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al
compromiso que asum
í hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos
difíciles.
Rodolfo Jorge Walsh. - C.I. 2845022
Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.
1   Desde enero de 1977 la Junta empezó a publicar nominas incompletas de
nuevos detenidos y de "liberados" que en su mayoría no son tales sino
procesados que dejan de estar a su disposición pero siguen presos. Los
nombres de millares de prisioneros son aun secreto militar y las condiciones
para su tortura y posterior fusilamiento permanecen intactas.
2   El dirigente peronista Jorge Lizaso fue despellejado en vida; un ex
diputado radical, Mario Amaya, muerto a palos, el ex diputado Mu
ñiz
Barreto, desnucado de un golpe. Testimonio de una sobreviviente: "Picana
en los brazos, las manos, los muslos, cerca de la boca cada vez que lloraba
o rezaba... Cada veinte minutos ab
rían la puerta y me decían que me iban a
hacer fiambre con la máquina de sierra que se escuchaba".
3  "Cadena Informativa", mensaje N° 4, febrero de 1977.
4   Una versión exacta aparece en esta carta de los presos en la Cárcel de
Encausados al obispo de Córdoba, monseñor Primatesta: "El 17 de mayo
son retirados con el engaño de ir a la enfermería seis compañeros que luego
son fusilados. Se trata de Miguel Angel Mosse, Jose Svaguza, Diana
Fidelman, Luis Veron, Ricardo Yung y Eduardo Hernandez, de cuya muerte
en un intento de fuga informo el Tercer Cuerpo de Ejército. El 29 de mayo
son retirados Jose Puchet, y Carlos Sgadurra. Este último había sido
castigado al punto de que no se podía mantener en pie, sufriendo varias
fracturas de miembros. Luego aparecen también fusilados en un intento de
fuga".
5   En los primeros 15 días de gobierno militar aparecieron 63 cadáveres,
según los diarios. Una proyección anual da la cifra de 1.500. La presunción
de que puede ascender al doble se funda en que desde enero de 1976 la
información periodística era incompleta y en el aumento global de la
represión después del golpe. Una estimación global verosímil de las muertes
producidas por la Junta es la siguiente. Muertos en combate: 600.
Fusilados: 1.300. Ejecutados en secreto: 2.000. Varios: 100. Total: 4.000.
6   Carta de Isafas Zanotti, difundida por ANCLA, Agencia Clandestina de
Noticias.
7  "Programa" dirigido entre julio y diciembre de 1976 por el brigadier
Mariani, jefe de la Primera Brigada Aerea del Palomar. Se usaron
transportes Fokker F-27.
8   El canciller vicealmirante Guzzeti en reportaje publicado por "La Opinion"
el 3-10-76 admiti
ó que "el terrorismo de derecha no es tal" sino "un
anticuerpo".
9   El general Prats, ultimo ministro de Ejercito del presidente Allende,
muerto por una bomba en setiembre de 1974. Los ex parlamentarios
uruguayos Michelini y Gutierrez Ruiz aparecieron acribillados el 2-5-76. El
c
adáver del general Torres, ex presidente de Bolivia, apareció el 2-6-76,
después que el ministro del Interior y ex jefe de Policía de Isabel Martínez,
general Harguindeguy, lo acusó de "simular" su secuestro.

10   Teniente Coronel Hugo Ildebrando Pascarelli, segun "La Razon" del 12-6-
76. Jefe del Grupo I de Artille
ría de Ciudadela. Pascarelli es el presunto
responsable de 33 fusilamientos entre el 5 de enero y el 3 de febrero de
1977.
11   Union de Bancos Suizos, dato correspondiente a junio de 1976. Después
la situación se agravó aún más.
12   Diario "Clarín".
13    Entre los dirigentes nacionales secuestrados se cuentan Mario Aguirre de
ATE, Jorge Di Pasquale de Farmacia, Oscar Smith de Luz y Fuerza. Los
secuestros y asesinatos de delegados han sido particularmente graves en
metalurgicos y navales.

14  "Prensa Libre", 16-12-76.