Cinco proposiciones sobre la democratización de la UBA.
Marcelo Langieri
Primera proposición: el reglamento electoral vigente en la Universidad de Buenos Aires es la expresión notoria de un sistema de relaciones políticas elitista y antidemocrático.
Las autoridades de la Universidad vienen postergando indefinidamente el tratamiento de una reforma política que adecue sus estructuras y funcionamiento a mecanismos ágiles y democráticos que permitan y faciliten la participación del conjunto de la comunidad académica.
Esta postergación no hace más que agravar un cuadro de decadencia institucional que, combinando formas de tensión e indiferencia, opaca la vida universitaria y le hace perder relevancia a la UBA en el sistema universitario nacional e internacional. La UBA vive culturalmente de su prestigio pretérito y no se adecua a la realidad de una universidad de masas con más de 300 mil estudiantes, miles de profesores precarizados política y académicamente y vastos sectores de la comunidad marginados.
La democratización es una de las asignaturas pendientes que tarde o temprano su comunidad le va a reclamar para ponerla a la altura de los tiempos y de su historia.
Segunda proposición: las experiencias parciales de democratización realizadas en algunas unidades académicas son parte de un proceso progresivo cuyo análisis y evaluación resulta una contribución significativa para abordar las cuestiones a resolver.
El ejercicio de consulta directa a los claustros para la elección de directores de carreras de la Facultad de Ciencias Sociales constituye uno de los hechos recientes más novedosos y democratizadores de la UBA.
La implementación de un mecanismo de elección directa con voto ponderado, de acuerdo al peso cuantitativo de cada claustro, quiebra el procedimiento de elección mediante colegio electoral resguardando la existencia y representatividad de los distintos claustros y estableciendo un equilibrio en la representación en los órganos de gobierno más allá de la composición cuantitativa de cada uno de los ellos.
Estos procedimientos se llevan adelante mediante reglamentaciones Ad Hoc, con un alto consenso en la comunidad académica y yendo más allá de la letra de las reglamentaciones vigentes. Estas experiencias ponen de manifiesto el arcaísmo de una reglamentación que empuja a sus integrantes a encontrar subterfugios que le permitan soluciones superadoras a los problemas políticos existentes.
Tercera proposición: El proceso histórico de implementación de la consulta directa a los claustros tuvo su inicio en la Carrera de Sociología en los años 2001 y 2002 cuando los representantes estudiantiles de su Junta consultiva, pertenecientes a distintas tendencias, negaron el quórum reclamando la elección directa del director.
El clima de politización existente en la época fue fundamental para la puesta en movimiento de una corriente de opinión que potenció al movimiento estudiantil y generó un importante consenso en la comunidad académica de la Facultad de Ciencias Sociales. La Carrera de Sociología fue el ojo de tormenta del movimiento democratizador que levantaba la bandera de la elección directa de los directores de carrera.
En la implementación de la protesta tuvieron gran importancia los mecanismos adoptados por los estudiantes. Ello fue así: 1. Porque procedieron con unidad de acción, más allá de la composición heterogénea de la representación estudiantil – contenía desde agrupaciones independientes del nacionalismo popular hasta agrupaciones trotskistas clásicas. 2. Porque utilizaron los recursos legales de funcionamiento de la Junta. El uso oportuno del quórum les permitió impedir que se eligiera indirectamente al director. No apartarse de los recursos legales les permitió poner en crisis a la Junta y preservarse políticamente.
Esta estrategia fue viable por el clima político general de la época y específicamente porque la elección directa fue sumando apoyos y extendiendo su influencia dentro y fuera de la carrera de sociología. Ello contribuyó a aislar políticamente a los sectores de profesores y graduados representados en la Junta que habían asumido posturas conservadoras. El arma legal del manejo del quórum se fue legitimando políticamente y fue clave para crear un nuevo escenario democratizador. Así, el viejo escenario se quebraba y dejaba de ser viable. La crisis posterior tuvo distintos episodios, propios de un proceso de transición, e incluyó un pacto de gobernabilidad a través de una codirección entre un representante docente de un sector del movimiento estudiantil -elegido mediante una consulta parcial organizada un sector estudiantil- y un profesor afín al proceso de democratización. Este capítulo contó con un precario apoyo y estuvo dominado por políticas que lo llevaron al aislamiento. A pesar de estas vicisitudes el movimiento tuvo energías y contención para reencauzarse y desembocar en la adopción del sistema de consulta directa a los claustros para la elección de director.
Cuarta proposición: el principio fundante de la ciudadanía liberal “un hombre un voto” refiere a una situación de igualación de derechos dentro de la sociedad civil que no es homologable a la forma que adopta la participación en una comunidad ligada por lazos académicos específicos y organizada en función de roles fundados en procesos meritocráticos. La participación en este proceso genera las posiciones diferenciadas de estudiante o profesor cuya pertenencia se diferencia cuantitativamente en el número y cualitativamente en la trayectoria.
Que la práctica concreta haya desvirtuado estos principios y que no se responda a las necesidades actuales de miles de docentes que no están encuadrados en el claustro correspondiente no es razón valedera para desconocer la naturaleza de la relación de los claustros en el seno de la universidad.
Claus Offe señala en su trabajo sobre las lógicas de la acción colectiva que “hay dos categorías de errores o equivocaciones de los que podríamos ser víctimas como científicos sociales. Una de ellas es concebir lo igual como jerárquico –el error de los defensores reaccionarios del viejo orden. La otra es la de igualar, desde el
punto de vista conceptual, los elementos que, de hecho, siguen siendo una estructura jerárquica –el argumento de los ideólogos liberales.
El riesgo principal de la “igualación” de lo “desigual” es la dilución del claustro de profesores por la regla del número: la UBA tiene 300 mil estudiantes y menos de 30 mil docentes, si se los considerara hipotéticamente a todos ellos en un mismo claustro.
La igualación de lo diferente desconoce que en la universidad los individuos están agrupados en ámbitos específicos, los claustros, y que la distinción de las especificidades es una forma de reconocimiento a la existencia política y académica de distintas realidades. Realidades cuya presencia genuina debería garantizar la diversificación de la representación en el seno de los órganos de gobierno de la universidad y un peso equitativo de cada uno de ellos. Bueno es decir que las relaciones actuales expresan intereses minoritarios de grupos profesorales y que el propio carácter elitista del claustro -sólo pertenecen los profesores regulares, que tienen una representación mayoritaria en los órganos de gobierno- atenta contra un funcionamiento abierto y democrático. No por ello debe arrojarse al niño junto al agua sucia de la bañadera, de lo que se trata no es de diluir a los claustros sino de democratizarlos.
La elección mediante un hombre un voto significa la licuación de los claustros en base al número. Los términos de igualación deben realizarse de tal manera que se preserve la identidad y existencia de cada uno de los campos que componen a la universidad.
Quinta proposición: El reglamento electoral de la UBA además de sostener la elección indirecta del rector privilegia al claustro de profesores -integrado exclusivamente por los docentes regulares -titulares, asociados y adjuntos- a quienes le da una representación mayoritaria en los órganos de gobierno. Esta relación se ve fuertemente morigerada en el reglamento Ad Hoc de las Juntas de Carrera de la Facultad de Ciencias Sociales donde la representación de los claustros es igualitaria. Además de instituirse la elección directa de los directores. Este reglamento habilita también el voto de todos los profesores, sean regulares o interinos.
La democratización de las estructuras de gobierno de la UBA tiene al actual claustro de profesores como su principal obstáculo y su más importante destinatario. Pero la democratización no puede confundirse con la licuación del claustro mediante su dilución y virtual desaparición política. Por el contrario, las iniciativas políticas que diluyen la participación de los profesores so pretexto de la democratización, cuya máxima expresión es la consigna “un hombre un voto”, son hábilmente utilizados por las grupos hegemónicos para galvanizar posiciones en torno a visiones defensivas y regresivas.
El desafío de elaborar una propuesta superadora para el claustro debería pasar por una instancia capaz de contener, sin restricciones, al conjunto de la realidad docente. Otras universidades nacionales han reformado sus estatutos para permitir la formación de claustros únicos docentes con la participación de todos sus integrantes sean profesores o auxiliares docentes, regulares o interinos.
Una reforma de esta naturaleza implicaría la reformulación del claustro de graduados, que hoy expresa a los auxiliares docentes como graduados y no como lo que en realidad son, docentes. Es decir, desnaturalizando su condición principal.
Por último, una reforma democratizadora de la vida política de la UBA no puede dejar de incluir a los trabajadores no docentes en los órganos de gobierno.
Marcelo Langieri 1 de octubre de 2013
Obra: sin título, 2012 (lapicera, marcadores y témpera en sobre de carta blanco)
Artista: Pomarola Talk
miércoles, 2 de octubre de 2013
martes, 24 de septiembre de 2013
IDEAS PARA EL DEBATE SOBRE LA DEMOCRATIZACIÓN UNIVERSITARIA
I
Ideas para el debate sobre la democratización de la UBA
Marcelo Langieri
Marcelo Langieri
Setiembre de 2013
Ideas para el debate sobre la democratización de la UBA
Marcelo Langieri
La totalidad de las autoridades de las Carreras que componen la Facultad de Ciencias Sociales se eligen mediante el voto directo de los integrantes de los tres claustros que la componen, representando cada uno de ellos el 33% del total. Este voto directo ponderado es la mayor conquista democrática reciente del sistema electoral y de representación de la Universidad de Buenos Aires, que se caracteriza por poseer un sistema político elitista y que margina, a través de diferentes mecanismos, a amplios sectores de la comunidad académica.
El reglamento electoral de la UBA, que rige para todos los Consejos Directivos de las distintas Facultades, además de sostener la elección indirecta del Rector privilegia al claustro de profesores -integrado por los profesores titulares, asociados y adjuntos regulares- a quien le da una representación mayoritaria en los órganos de gobierno. Esta relación se ve fuertemente morigerada en el reglamento Ad Hoc de las Juntas de Carrera de la Facultad de Ciencias Sociales al igualarse la representación de los claustros e instituirse la elección directa de los directores. Además, el reglamento de las Carreras habilita el voto de todos los profesores, sean regulares o interinos, en el claustro de profesores.
Estas conquistas democratizadoras del sistema político universitario fueron producto del proceso de movilización estudiantil registrado en los años 2001 y 2002. Proceso protagonizado por un vigoroso y amplio movimiento estudiantil que supo encontrar oídos atentos en el activo de profesores y graduados. Así se generó una masa crítica que comprometió a las entonces autoridades de la Facultad, recientemente constituidas tras desplazar a sus sectores más conservadores, a institucionalizar las demandas expresadas por el movimiento. Demandas que se sintetizaban inequívocamente en la elección directa de los directores de las Carreras. Las representaciones en las Juntas de Carrera ya habían incorporado oportunamente la igualación en la representación de los claustros y el voto de los profesores interinos.
Es conveniente subrayar que las movilizaciones protagonizadas entonces fueron fruto de la movilización estudiantil con la bandera de la elección directa de los directores de las carreras. Este extraordinario movimiento fue iniciado en la Carrera de Sociología donde el conjunto de las agrupaciones representadas en la Junta impidieron la formación del quórum necesario para su funcionamiento y, específicamente, para la designación de un director como se venía realizando hasta el momento, mediante voto indirecto.
El movimiento por las directas fue extendiendo su influencia en toda la Facultad y particularmente en la Junta de la Carrera de Sociología, que se constituyó en el ojo de tormenta del conflicto. Así fue ganando adhesiones y crispando los nervios de la mayoría en Profesores y Graduados, de origen progresista, que con el desarrollo del conflicto fue virando hacia posiciones cada vez más conservadoras. La pretensión de esta mayoría de forzar una salida burlando las reglas de la Junta que ella misma reivindicaba –designar un director más allá de la ausencia estudiantil- quebró el equilibrio existente y abrió una instancia de superación de la crisis que estuvo fundada en el reconocimiento al movimiento construido bajo la reivindicación de la elección directa.
Conviene subrayar que los sucesos descritos transcurrieron a inicios del año 2002 cuando los vientos de cambio del 2001 soplaban con fuerza y permanecían incólumes los deseos colectivos de transformaciones y de rechazo al statu quo. Este clima fue clave para la construcción del movimiento por las directas y los sucesos posteriores.
Dentro del movimiento hubo una fracción integrada fundamentalmente por los partidos trotskistas que sumó a la reivindicación de la elección directa la consigna “un hombre un
voto”. Esta postura, que tuvo un importante apoyo en el trotskismo, circunscribió sus apoyos fundamentalmente dentro de los espacios de influencia de los partidos trotskistas.
La consigna “un hombre un voto”, más que expresar un deseo democratizador representa una postura de licuación de los claustros con menor número de integrantes, especialmente el de profesores. Para dimensionar el fenómeno, en las últimas elecciones en la Carrera de Sociología votaron 148 profesores y 2700 estudiantes.
Una de las graves cuestiones pendientes en la UBA es la democratización de sus estructuras de gobierno. De manera especial lo es con relación al claustro de profesores, hegemónico y restrictivo con relación al resto. Pero la democratización del claustro de profesores no puede confundirse con la licuación del mismo mediante su dilución y virtual desaparición política. Por otro lado, la pretensión de igualar desde el punto de vista conceptual los elementos de una estructura jerárquica fundada en la meritocracia requiere de discusiones que van más allá de los argumentos inspirados en caras figuras de la ideología liberal.
La propuesta superadora debería pasar por una instancia capaz de contener, sin restricciones, al conjunto de la realidad docente. Otras universidades nacionales han reformado sus estatutos para permitir la formación de claustros únicos docentes que contienen a todos los integrantes, sean profesores, auxiliares, regulares o interinos y la incorporación de todos los integrantes de la comunidad universitaria en los órganos de representación.
Una reforma de esta naturaleza respetaría el carácter legítimo de existencia del claustro docente, que no es necesariamente una clase opresora en sí sino también una instancia en la carrera académica susceptible de ser accesible a toda la comunidad académica y que está relacionada a un proceso de formación y acumulación de saberes. Más allá de las relaciones de poder que también contiene, que se verían afectadas favorablemente con la introducción de medidas de este tenor.
Las juntas de carrera bien podrían ser un espacio de avanzada impulsando la democratización del claustro de profesores para incorporar a todos sus miembros, cualquiera sea su condición mientras se trate de docentes cumpliendo las funciones correspondientes.
El armado de una propuesta en tal sentido debería contemplar una reformulación del claustro de graduados que hoy expresa a los docentes auxiliares junto a los graduados “puros” de las distintas Carreras sin distinción de ninguna naturaleza.
También, manteniendo un sistema de ponderación del peso relativo de cada uno de los claustros, sería conveniente discutir el aumento del peso estudiantil para garantizar una mejor y más equitativa representación.
Esta es una discusión compleja y profunda que la Universidad de Buenos Aires tiene pendiente y que habrá de irrumpir necesariamente. Pero hoy a la luz de las discusiones que están apareciendo resulta importante distinguir entre la democratización y la licuación de los claustros.
Setiembre de 2013
lunes, 15 de julio de 2013
EL "DESPINTOR IMPOSIBLE".
EL
"DESPINTOR IMPOSIBLE".
Ayer domingo 14 de julio de 2013, en el Parque Rivadavia y como parte de una
experiencia que un colectivo de artistas activistas denominan ataques
artísticos, el artista Tatú Carreta realizó una performance que llamó El “Despintor
imposible”.
Por el parque Rivadavia a las 4 de la tarde de un domingo
pasean familias de distintas franjas de sectores medios. Muchas parejas jóvenes
con hijos pequeños. Algún grupo de muchachos sentados escuchan a quien toca una
guitarra. En uno de los espacios infantiles hay títeres. De tanto en tanto pasa
algún hombre de edad mediana con un libro en la mano quizás comprado en la Feria que atrae a cultos de
barrio con preocupaciones políticas y también a coleccionistas de discos. En un
banco dos muchachos de casi treinta o treinta años y un poco más, atienden a la
lectura en voz alta que hace otro. Tienen un aspecto de serios. Hay varios papás
jugando a la pelota con sus chicos de cinco, seis, o siete años. Una pareja
mayor con vestimenta de gimnasia se sientan, cansados, en un banco, quizás
después de haber caminado a ritmo por alguna recomendación médica.
Están arreglando el parque y en algunas zonas se puede
caminar solo por los senderos de ladrillo. A un costado de uno de esos senderos,
donde es posible sentarse en el pasto, Tatú puso el caballete, se sentó en un
banco pequeño, acomodó los tubos de óleo, tomó el pincel y comenzó a hacer
movimientos cual si estuviera trabajando sobre una tela. Los que pasaban
tranquilos, en general parejas, detenían un poco la marcha y miraban con un
poco de sorpresa y luego quizás con alguna conmiseración paternalista, al que
estaba pintando en el aire. Algunos se detenían y con curiosidad simple a veces
y otras con gesto de comprensión, interrogaban acerca de qué estaba haciendo.
Tatú respondía que estaba tratando de encontrar un tono de marrón oscuro para
construir el fondo de la escalera. Si se respondía cuál, el artista respondía
señalando el caballete: esto que estoy haciendo. ¿Te gusta? Algunos seguían la conversación y otros
insistían un poco y se iban riendo y comentando con el otro, sin enojos.
Hay que decir que esta sociedad no le teme ni le sorprende
lo inesperado. O mejor que ciertos niveles de
lo inesperado, es esperable. Los sectores más propensos a respetar el
status quo, podrían condensarse en el barrio de Caballito y en muchos de los
que pasean por el parque Rivadavia. Esos sectores que quieren creer, que desean
tener un patrón de normalidad, que forman parte de un proceso de conquista por
lugares que consideran respetables de la sociedad (cuyo símbolo es un negocio
de palos de golf frente al parque), pese a ellos, ya no son creyentes ingenuos,
aunque lo sigan intentando.
A ellos es a quienes los Bancos estafaron. Los Bancos, esa
institución tan significativa para quien con esfuerzo a conseguido comprar una
casa, un auto y educar a sus hijos en una zona respetable de la ciudad, sin ser
la más prestigiosa, los han traicionado. A sus más fieles creyentes. Porque es
verdad que a miembros de algunas instituciones en crisis estos mismos sectores
les permiten transgresiones que no los afectan directamente, como el caso de un
sacerdote de una ciudad del norte de la
Pcia de Buenos Aires, cuyo carisma le permitía tener una muy
buena relación con sus fieles, aunque todos supieran que el hacía fiestas
sexuales con muchachos del pueblo. Eso de algún modo acostumbra a no portar
creencias muy dogmáticas, pero la traición de la institución más importante
para una clase media en ascenso como es un banco, le deja una marca de
descreimiento más profunda.
Además el pequeño
burgués urbano argentino se aleja un poco del tipo ideal construido por la
literatura y los análisis sociológicos franceses. El nuestro tiene, de algún
modo, elementos de la cultura igualitaria que se expresa en una poderosa
voluntad pragmática de integración, y, en el marco de instituciones débiles,
por esa misma voluntad, puede burlar a esas instituciones para quedar mejor parado
en la pelea, a la vez que necesita creerles para construir su ansiado patrón de
normalidad. Este pequeño burgués,
buscavida burlador de instituciones y burlado por una institución central en su
cultura como es el Banco, no se asombra demasiado por la ruptura de ciertos
paisajes relativamente naturalizados de la vida cotidiana. Sin embargo, algo
ocurre.
Y lo que ocurre es interesante para observar. La normalidad
de un parque de un barrio de clase media de la ciudad de Buenos Aires, incluye
situaciones que modifican la rutina de la semana, pero sin lugar a dudas hay
una rutina de parque en domingo. Y en ella se incluyen alguien que toque la
guitarra, otro que camine en zancos para entretener a los niños y seguramente
algún pintor que remeda una práctica plein
air. Allí como un elemento constitutivo de esa normalidad de domingo en el
parque, estaba Tatú con vestimentas comunes a ese mundo social y con una
presentación de su persona en general nada disruptiva: portador de gestos
amables al igual que sus respuestas a las preguntas también amables. Casi puede
ignorarse esa presencia, de la misma manera que casi se ignora las presencias
de otras personas parecidas a uno que están sentadas en un banco charlando sin
producir gestos o movimientos que alteren la rutina. El mínimo gesto que la
altera en este caso es desacomodador una vez que se percibe. El pintor, el
caballete, los gestos, es lo esperable. Quizás hay curiosidad por ver lo que
está pintando y ahí se produce el desacomodamiento: no hay tela, el pintor
pinta en el aire. Y cuando lo interrogan el pintor habla de su tela y de su
trabajo en curso como si existiera. Esa tela existe porque él la piensa,
imagina una señora cómplice, empleada de un ministerio con vocación por entender cierta magia del mundo artístico
y siente satisfacción porque ese pensamiento le permitió imaginar que compartía
algún secreto de ese mundo ignorado por los vulgares. Pero quizás, como dijo un
fotógrafo que acompañaba a Tatú, lo más interesante son las miradas de los que
no se detienen: porque no quieren perder tiempo, porque no se animan a asumir
una situación de relativa anormalidad que tampoco genera confrontaciones ni
escándalos, porque es algo que quizás tiene algún sentido para un mundo que es
algo extraño y “yo no se lo encuentro porque no soy de ese mundo”, porque puede
ser un poco anormal, pero el actor de la anormalidad no tiene cara de poeta
maldito, no está en situación de éxtasis creador. En suma es una anormalidad
que no tiene el rostro esperable de la anormalidad y quizás eso produzca un
tranquilo desacomodamiento que no es conmocionante porque casi acompaña el
fluir de los sentidos naturalizados de la vida cotidiana y produce un
desacomodamiento que no es provocado por una retórica del manifiesto, ni
siquiera es anunciado. La convencionalizada disrupcióin escandalosa forma parte
de la cultura televisiva de los programas como el de Jorge Rial o de las
respuestas estereotipadas de lo bueno y lo malo como en el viejo Titanes en el
Ring o en los programas de Tinelli. En el caso de lo generado por “El despintor
de lo imposible”, es la mirada curiosa la que percibe la disrupción en un clima
de normalidad y convencionalidad contundente.
En la vida social somos moneda y reproducimos un orden, pero
también acuñamos. Y ese acuñamiento no es necesariamente el gran cambio de
colectivos sociales homogeneizados por banderas comunes, sino también la
pequeña filtración, el mínimo gesto de desacomodamiento que como un pequeño
grano de arena deja plantada la noción de “qué las cosas no son tan así”, aún en
las profundas zonas de la convencionalidad de la vida cotidiana.
LR
jueves, 23 de mayo de 2013
martes, 14 de mayo de 2013
Palestinian Women, Pomarola Talk
El 15 de mayo de 1948 es para los palestinos el inicio del éxodo,
el desastre, la catástrofe, la Nakba ,
Con la creación del estado de israel fueron expulsados de sus hogares entre
700.0000 y 900.000 ciudadanos palestinos que se transformaron en refugiados.
Hoy, de acuerdo a Naciones Unidas que también considera refugiados a los
descendientes, el número es de más de 4.000.000.
Dice Sayigh que en
todos los casos estas historias cautivan al auditorio, por el empuje dramático
en las más ancianas, por la reflexividad en las jóvenes escolarizadas. Formas
habituales, casi ingenuas para relatar una historia trágica cuyo punto de
partida es la nakba. Narradoras quizás
no contempladas en una historiografía convencional, y revalorizadas por Rosemary Sayigh como elementos
de una riqueza fundamental en la construcción de una compleja historia nacional.
“Palestinian women” es una obra de Pomarola Talk.
sábado, 11 de mayo de 2013
domingo, 5 de mayo de 2013
For Bobby Sands, by Pomarola Talk
For Bobby Sands
El 5 de mayo de 1981 moría Bobby Sands en el hospital de la prisión de Maze, en Irlanda del Norte, luego de una huelga de hambre de 66 días. Era un muchacho de 27 años, oficial al mando de los prisioneros del IRA en la cárcel. Progresivamente se unieron a esa huelga otros 9 jóvenes del IRA y del ILNA que también murieron. Bobby Sands fue enterrado en el cementerio New Republican Plot en donde se realizó un ritual de formación militar y salvas al aire por parte de integrantes del IRA,en medio de una multitud de 100.000 personas que acompañaban el cortejo. El inicio de la protesta tenía que ver con la negación del status de prisioneros de guerra a los republicanos irlandeses por parte del gobierno británico a cargo de M Thatcher.
Las sociedades humanas en conflicto atraviesan situaciones trágicas que redundan en sufrimiento extendidos a toda la población. En esas situaciones límites los seres humanos realizan acciones de renunciamiento por su propia comunidad, inexplicables en situaciones de normalidad. La multitud que asistió a esos funerales tenía lazos tradicionales de identidad común, aunque no necesariamente poseían previamente fuerza. Esos gestos, exageradamente fuera de lo ordinario, sobre todo, conmueven. Y quizás, produjeron religamientos culturales y políticos en esa comunidad que dieron algo de la fuerza política que se necesitó para la paz.
Sobre la obra de Pomarola Talk, que claramente no es una bandera, sino apenas un pequeño gesto de habilitación de sentimientos, se arma este video.
https://www.youtube.com/watch?v=e7HNatGvI5U
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