domingo, 23 de octubre de 2011

Los últimos homosexuales

"Marcel Proust", de Pomarola Talk ( papel recibo de lavadero, con marcador y pintura de uñas)


Publicamos el reportaje que el Suplemento Soy de Página 12 le hace a nuestro amigo Ernesto Meccia, uno de los grandes sociólogos contemporáneos, con motivo de la aparición de su libro "Los últimos homosexuales".
Un compañero y maestro de la sociología le decía a los estudiantes de grado que cuando desde la sociología, los indios escriben sobre indios y los judíos sobre judíos, en la mayoría de los casos resulta en un producto reduccionista. Porque el analista no es ( o no debe ser en tanto sociólogo) el propagandista de los indios o los judíos. Omitía mencionar que cuando hay gran capacidad analítica, ser parte de lo que se analiza produce un encuentro extraordinario del producto intelecual con la vida. De la mejor manera: produciendo conocimiento. Que por supuesto no es hablar bien, ni siquiera de uno mismo como bicho social. Ernesto dice, estoy allí, en las páginas del libro. Y eso, lejos de ser un obstáculo, convierte a su trabajo analítico en una obra compleja y vital.
Página12 suplemento SOY
Viernes, 21 de octubre de 2011

¡Paren el mundo!
La experiencia de la homosexualidad, marcada por la clandestinidad, la solidaridad entre pares y los códigos del erotismo, se desvanece ante la llegada de la cultura gay, tiempo amigable y de reconocimiento de derechos. ¿Qué pasa con las personas que quedan entre un mundo y otro? En su libro Los últimos homosexuales. Sociología de la homosexualidad y la gaycidad (Gran Aldea Editores), Ernesto Meccia propone responder a la pregunta sobre cómo será la vida para los homosexuales el día después de la desaparición de la homosexualidad.
Por Liliana Viola
El último mohicano, El último de los amantes ardientes, Los últimos homosexuales... La palabra último asigna a todos los personajes una combinación de heroísmo y derrota. Entre el último orejón del tarro y la especie en extinción, los que quedan de la serie cargan con una concentración plus de ADN que los convierte, de pronto, en más raros que lo que ya fueron. Por fuerza del destino o por obstinación, son la prueba viviente de que las cosas cambiaron. Los últimos homosexuales, es decir, los representantes de una época sin mojones temporales, larguísima, dominada por la afrenta, ingresan a la era gay, un tiempo que si aún no es perfecto, mantiene una distancia abismal con el pasado de la injuria. Antes de que la experiencia homosexual ya no tenga cuerpos, el libro que acaba de publicar el sociólogo Ernesto Meccia recoge las voces de señores mayores de 45 años “que la vivieron”, “que son del palo”, con el objetivo de dar cuenta de esta transición de la homosexualidad a la gaycidad, las dificultades y las diferentes estrategias para alinearse. Caído el velo de todo lo que tenía códigos pero no nombres, queda en evidencia un entorno encantador y expulsivo, que ofrece restaurantes, publicaciones especializadas, representaciones artísticas, salas de chat, matrimonio igualitario, padres atentos a no meter la pata, pero que además ofrece descuentos a los menores de 25 años en sus saunas y se reserva el derecho de admisión. “Si eso no es un síntoma de las condicionalidades de la sociabilidad gay... –reflexiona Meccia– Porque de algún modo parecería que el precio del reconocimiento es segmentarnos como ocurre en la lógica heterosexual. Creo que es algo que merece ser discutido.”

Ni homenaje a los caídos, ni un réquiem a los yires y a las teteras, aunque se les eche de menos (“¡Cerraron los baños de Constitución que aparecen en Plata quemada en la escena esa de Sbaraglia! ¡Eran 40 mingitorios en hilera, nada que ver con estos nuevos baños llenos de Durlock...!”, se lamenta uno de los que dan su testimonio de este libro). Como tampoco se trata de una condena a esos viejos que no se integran, o que insisten en mantener gestos de homofobia internalizada. Meccia lo advierte ya desde el prólogo: abstenerse quienes esperen un veredicto sobre quién es mejor que quién, y ante la pregunta por una posible nostalgia responde con buenas coartadas: “No creo que sea un trabajo nostálgico, ni tampoco es un retrato estático. Vas a ver que elaboro una tipología de sentires donde podemos encontrar dos extremos de acuerdo a la relación con la gaycidad, desde el más incorporado al más rebelde”.

Efectivamente, el libro propone dividir estos dos últimos siglos en tres períodos: el homosexual, que culmina en 1983 y donde predomina un imaginario de una colectividad sufriente, la etapa del miedo; el período pre gay, que llega hasta mediados de los ’90, donde se empieza a hablar de una colectividad discriminada, la etapa del Gay Power; y finalmente, la era gay, el siglo XXI, donde el lenguaje de los derechos ya no es el de las minorías sino el de los individuos, se disuelve la colectividad, es la etapa de la globalización. Y en el tránsito de esos tres momentos, el autor caracteriza seis tipos de “últimos homosexuales”, de acuerdo con su proximidad con el modo de ser gay: el incorporado, el sensato, el extrañado, el neutralista, el replegado y el contestatario.

“Trato de poner en evidencia los distintos estados de ánimo al día después a la desaparición de la homosexualidad. ¿Qué quiero decir con desaparición de la homosexualidad? Que ya no se puede hablar de homosexualidad como experiencia social. Y si no hay cabida para la nostalgia, sí para una aproximación crítica a la sociedad gay. Por todas partes leo festejos acríticos, indulgencias para con nosotros mismos, un hacer la vista gorda. La vida no tiene final feliz, el conflicto hace al desenvolvimiento de la sociedad. Toda forma de liberación trae aparejadas nuevas formas de opresión, estamos mejor que antes sin dudas, pero detesto la fábula.”

¿Cómo no leer este libro como un trabajo sobre “todas esas locas que se obstinan en el closet y el sufrimiento”, Meccia reacciona categórico: “Rotundamente no. ¿Qué es eso de hacer mal un coming out? En esa sugerencia, que ya me han hecho algunos colegas, está implícita la presuntuosa hipótesis de que ese afamado proceso no pudiera salir mal, como si sus beneficios fueran automáticos. Me parece que verlo de ese modo es otra forma de castigo hacia esas personas que el heterosexismo ya castigó durante años. Y además no entender que no se trata de un enjuiciamiento moral sino un trabajo de escucha de sensibilidades”.

¿Qué significa hacer una sociología de la homosexualidad?
–Hablar de una sociología de la homosexualidad es casi hablar de una sociología sobre una colectividad, trabajar sobre un colectivo humano, en este caso el colectivo homosexual. Un grupo relativamente unificado en torno de ciertas características, algunas reales y otras que son invenciones fantásticas de la sociedad. En este caso, esa relativa unidad se debe a una situación de clandestinidad.

¿Y cuál sería el rasgo que identifica al colectivo homosexual?
–Si estamos hablando de que hay un grupo unificado y que esta unificación se debe a que la sociedad lo clasifica en los escalones más bajos de las categorías sociales, no existe mucha posibilidad de desarrollar estilos de vida, de diferenciación biográfica. Eso significa hablar de homosexualidad.

¿Y la gaycidad?
–Por el contrario, hablar de la gaycidad implica consecuencias a nivel de biografías individuales, la posibilidad de individualizarse, de construir un propio estilo de vida. Ya no se puede hablar de colectivo sino de una categoría social.

¿Cómo llegamos hasta aquí?
–Por el incesante trabajo de las organizaciones sexo-políticas, por un cambio de la sensibilidad contemporánea, que valora cada paso hacia la diversidad. Concomitantemente a ese trabajo de las organizaciones y a esta sensibilidad social que legitima las relaciones entre personas del mismo sexo, está la política de la visibilidad. Va descongelando eso que antes estaba fijo en el espacio social.

Por momentos parecería que le estás encontrando la quinta pata a la visibilidad.
–No, lo que digo es que la visibilidad produjo un lado oscuro, que es la movida comercial. Hoy por hoy, hay procesos de diferenciación social dentro de la gaycidad que pasan por el consumo. Con bastante frecuencia, la capacidad de distinguirnos está relacionado con enclaves de sociabilidad gay distintos. La pauta de sociabilidad de la gaycidad es una pauta de distinción, se establecen distinciones que operan como fronteras simbólicas que ubican en el espacio social distintas clases de gays. Esto contrasta con aquella pauta de homosexualidad, que era una pauta ecuménica, que está presente en los trabajos de Pasolini, Perlongher, Modarelli y Rapisardi.

¿Quiénes son “los últimos” de los que hablás en tu libro?
–Bueno, en el libro hago un recorte muy concreto. Son habitantes de sectores urbanos, de ciudad y provincia de Buenos Aires, que tienen más de 45 años. Trato de elaborar enunciados muy dependientes de tiempos y de lugares. Me concentro en un período que a su vez es un no tiempo y un no lugar. Los años de la experiencia muda. Que no se entrega a decírsela y que no está por fuera de la lógica de lo que no sea el discurso opresivo. Es la época de la colectividad. En este momento, con la aparición de Facebook y todas las tecnologías digitales, se disolvieron aquellas temporalidad y especialidad estáticas. Las tecnologías disolvieron la temporalidad y espacialidad. Esto, a su vez, por fuera de las grandes ciudades, plantea un interrogante. Hasta qué punto estos recursos van o no de la mano con las nuevas sociabilidades. Por ejemplo, a raíz de la publicación de mi libro anterior, La cuestión gay, desde la gobernación de Santiago del Estero me invitaron a dar una charla. En la sala, con toda la publicidad y las tecnologías disponibles, tenía entre el público unas cuantas travestis (que por razones obvias ya son visibles) y unas prostitutas que, como yo iba a hablar de la tolerancia, me hicieron algunas preguntas sobre la relación con la policía. No había ningún gay.

¿Los testimonios que fuiste consiguiendo confirmaron tus hipótesis o además te sorprendieron?
–Me sorprendieron los testimonios. Me sorprendió Antonio, cuando lo primero que me dice es una bravuconada: “Yo no necesité ir a un sauna para ser puto”. Me pareció una respuesta sintomática a las condicionalidades que la sociedad gay te pone. Si antes era meterte en el baño y jugártela a suerte y verdad, ahora hay una serie de condiciones que tenés que cumplir. Me sorprendió también el comentario de Gabriel, sobre la ley de matrimonio igualitario, cuando dice “es algo que la Presidenta dispuso” y que a él le hubiera gustado esperar a que la sociedad hubiera acompañado, que en un punto es provocar a la sociedad. Me parece sintomático el tema de la provocación, que es muy de la era homosexual. Los homosexuales, en términos muy generales, éramos expertos en un saber regulativo de la tensión con el medio ambiente, para no provocar reacciones éramos capaces de hacer ejercicios insoportables para contener las reacciones de la gente.

Ubicás en los ’80, en el regreso de la democracia, el comienzo del cambio. –Me peleo con colegas que dicen que en la época de los baños había resistencia. Y no, lo que había era una pasmosa adaptabilidad. Se gestaban esos medios de sociabilidad segura. Una normalidad que no se cuestiona: si un tipo, en el lugar más sucio del mundo, me guiña un ojo y nos relacionamos a partir de eso, yo ya no me pregunto por nada más. Esta adaptación a contextos de opresión son situaciones. Y también me da un poco de impresión cuando leo historias de la política sexual en Argentina y se habla del Frente de Liberación Homosexual, de un modo ahistórico. Porque por supuesto que fue una experiencia valiosa y revolucionaria en su momento, pero la política referida a la cuestión homosexual es dable a partir de 1983.

¿Por qué?
–Porque no podés hablar de una política de liberación en tanto y en cuanto no hayas construido ese objeto del que te tenés que liberar. Es decir, mientras la homosexualidad no dejara de ser una experiencia muda. Las luchas del Frente, a nivel del impacto social que tuvieron para los damnificados, creo que son incomparables con las otras luchas que estaban acompañando en ese momento. Se enciende el almanaque cuando los homosexuales, a nivel de vida cotidiana, se ven a sí mismos en Clarín, en el programa de mierda de Mirtha Legrand, cuando empiezan a circular en tapas de revistas de la familia. Ahí es cuando entran en la historia. En un principio construidos como una minoría, los que eran del palo, se construyó la opresión. Y cuando decís “una minoría”, estás diciendo que son tantos, que tienen tales características, que les suceden tales cosas, tenés que argüir una diferenciación de política identitaria.

La minoría tampoco es la misma ya...
–Ahora no tiene buena prensa el tema de lo minoritario porque te hace pensar en una especie de raza, de estirpe, algo muy concreto en el mapa social. Hoy por hoy, convicción teñida de lecturas ideológicas mías, la condición socioeconómica de gays y lesbianas permite tramitar cierta disolución del lenguaje de la minoría. La pertenencia económico-social abre puerta con relativa independencia.

Y la aparición de familias homoparentales en el panorama de los reclamos, ¿cómo la leés?
–Yo ahí sinceramente sigo viendo actos de resistencia para defender la legitimidad de vinculaciones que no son espejo de las familiares predominantes. Un acto de pararse para defender algo... Hay que bancárselo.

En este libro, que es un libro académico, escrito por un sociólogo, aparecen marcas de tu primera persona. Por momentos parece que también estás hablando de vos. ¿Puede ser? ¿Hablás de vos?
–Sí, buscame en algunas de esas páginas, que me vas a encontrar. Yo estoy adentro.

lunes, 22 de agosto de 2011

MELERO Y LOS FANTASMAS DEL MUNDO OBRERO






























Melero con los fantasmas del mundo obrero

Atrás del Parque la zona de Parque Patricios tiene todavía, luego del proceso de desindustrialización, inmensos galpones. Algunos son depósitos de importaciones y otros quizás albergan algún resistente establecimiento industrial. A la vuelta del barrio autoconstruído que el MTL organizó con desocupados de distintas zonas y que fue diseñado por prestigiosos arquitectos (y allí la radio Sur conducida por los compañeros de El Andamio de la Facultad de Ciencias Sociales), está el edificio de lo que hace más de treinta años fue la fábrica Bruno y Cia, productora de Amianto, gomas y afines. No fue necesario esperar a las disputas que el reducido mundo trabajador de occidente entabló en relación con los peligros de los productos que contuvieran asbesto como el amianto, para cerrar la fábrica. La política económica de la dictadura promotora del Terrorismo de Estado comenzó a vaciar fábricas antes de los años noventa.
En ese barrio, entre el parque y Amancio Alcorta, las madrugadas se poblaban de obreros que iban temprano a su trabajo, hasta los primeros años setentas. “A las cinco de la mañana, había por estas cuadras más gente que un domingo en la calle Florida”, dice un viejo vecino. “Claro todos vestidos de mameluco” Y allí había una continuidad. Los obreros caminaban esas calles desde principios del siglo XX. En alguna vieja fonda se celebró con un brindis el acto vindicatorio de Simón Radowitzxky; y el entero barrrio se conmovió en el trágico enero del año 19, El 17 de octubre se vivió como una fiesta popular como todas las movilizaciones del primer peronismo y en esa época la población creció y la alegría popular inundó esas calles empedradas. Hasta los primeros años setentas las asambleas obreras expresaron un proceso de radicalización quebrado violentamente por el terrorismo de estado.
Esos fantasmas construidos con maximalismo libertario, la rebeldía y la celebración peronista, el sufrimiento, las luchas y un lazo social fuerte, caminan hoy por las calles del barrio y su herencia concreta quizás está hoy en las luchas de los desocupados, hecha barrio digno. Quedan los restos de una potente cultura obrera. Sobre esos restos y acompañado de esos poderosos fantasmas es que Diego Melero realizó su performance en la ex fábrica Bruno y CIA, productora de amianto, convertida hoy en un centro cultural. Quiebra, unión obrera metalúrgica y amianto en Parque Patricios es el título de esa performance.
Horacio torres fue coordinador de este proyecto y sus buenos resultados no son independientes de que ya en otras oportunidades este artista, curador y director de museo, había curado obras de Diego Melero.
La ley de quiebras es la división que arma la performance de Diego melero convertido en un representante de la Unión Obrera Metalúrgica. Y es aquí que la obra de Melero adquiere la forma de paradoja construyendo un objeto que problematiza la historia argentina, o, si se quiere, una parte dramática de la historia de los trabajadores en Argentina. La primera parte de la performance se desarrolla en un entrepiso de la fábrica que desde el galpón donde estábamos los espectadores se veía a través de tres grandes ventanales de vidrios cuadriculados que estaban densamente empañados. Veíamos la sombra de Melero y escuchábamos su voz. La sombra hablaba de la cesación de pagos, el concurso, la hipoteca, y escribía en los vidrios empañados esas palabras que eran dibujadas al revés desde atrás de esa improvisada pizarra de vidrio para que quienes estábamos abajo pudiésemos leer correctamente. La sombra nos cuenta desde otro momento una historia que se hace difícil de convertir en un relato legible. Algo percibimos, pero, como siempre, solo algo, aunque las voces que sufrieron el derrumbamiento de una cultura obrera gesticulan y tratan de llamar la atención sobre lo que fue el final de una forma de vida. Esa sombra se movía de uno a otro ventanal escribiendo y hablando y nos decía muchas cosas de lo que provocó la Ley de Concurso y de Quiebras, la 24 522, como dicen los abogados. Esa es quizás la línea jurídica y simbólica que divide dos momentos. Pero, es verdad no todo se esfuma hay obreros y hay nuevas luchas. Las instituciones sindicales actúan sobre un mundo que entre otras cosas les ha sacado miles y miles de obreros y con ello parte importante de su fuerza política y cultural. Un gesto de la UOM en los años cincuenta, sesenta y primeros setentas era escuchado con atención por distintos sectores de la sociedad, por factores de poder y el gobierno que fuera. La UOM le hizo un célebre paro al primer peronismo en la primera mitad de los años cincuenta. Hoy la UOM es un sindicato importante, pero en una población que ha perdido miles y miles de puesto de trabajo industrial. Hoy la UOM no “para” el país. En las décadas mencionadas antes si podía hacerlo. Sin embargo, ahí está el viejo sindicato y algunas franjas de obreros como sus representados. Lo que es verdad es que la cultura sindical aprendida por sus dirigentes en otras épocas sirve para negociar, pero para negociar en retirada.
Por eso en la obra de Melero la lucha contra el amianto que contiene asbesto que produce cáncer de pulmón es una lucha justa que resulta extemporánea. Y allí es que baja Melero al primer piso y se lo ve ya no como sombra, sino como ser humano que se calza el casco amarillo y se enfrenta a los que éramos su público. La sombra era la voz confusa de la historia, el hombre de casco amarillo es el mundo presente con actores desacomodados. La lucha que escenifica el artista Melero es la lucha que debía haber ocurrido en los años noventas cuando se comenzó a debatir sobre el amianto como productor de cáncer de pulmón. En esos años las leyes laborales habían arrasado con los derechos de los trabajadores y antes el proceso de desindustrialización había provocado el cierre de esta misma fábrica convertida ahora en centro cultural. Hay momentos en los que el pasado no termina de morir, aunque el escenario sea claramente otro y lo que puede ser nuevo no queda plenamente configurado. En esos momentos se actúa con conocimiento de receta. Se habla del asbesto a los fantasmas de obreros que probablemente hayan muerto de cáncer sin poder atribuir esa enfermedad a sus condiciones de trabajo. Y se recuerdan las grandes luchas obreras desde un discurso peronista, se recuerda la semana trágica y el 17 de octubre, se canta la marcha peronista y los obreros ya no están en Bruno y CIA y en decenas de otras fábricas de amianto. Esos lugares que los enfermaban les permitían también a algunos soñar con un mínimo mundo mejor producto de esa integración y seguridad laboral y a otros soñar con enteros nuevos mundos. Pero ese discurso fantasmático aquí como elemento potente de una obra de arte sea quizás no solo la ironía sobre los gestos extemporáneos, sino también las formas en que se condensan en un trato mano a mano, igualitario, alejado de las maneras pomposas y grandielocuentes, los núcleos significativos que permiten la reinvención de una tradición ligada a las posibilidades de la emancipación humana.
Es arte político el arte de Melero, no porque prometa algo a futuro o porque parta de un modelo preconcebido que es necesario alcanzar, lo es porque cuestiona lo dado, problematiza lo cercano, desacomoda.
LR



viernes, 24 de junio de 2011

Presentación del libro "01 10 Creatividad, economía y cultura en Buenos Aires"





























La presentación del libro compilado por Paulita y Lucas se realizó en la sala Abuelas de Plaza de Mayo del Centro Rojas de la UBA. Adelante de la sala había una muestra en el mismo horario que era de nuestro amigo Fernando Goin. Aprovechamos y los organizadores de la presentación del libro promovieron el intercambio con el vino del libro y el fernet de la muestra. había mucha gente entre ello los autores del libro que están todos en las fotos. Casi todos porque Diego Vecino no pudo venir y entonces Pomarola fotografió a un flaco de barba que bien podría pasar por él. Entre todas los autores sobresalieron dos que escriben juntos y se llaman igual Martín y Martina, un verdadero dúo dinámico. Entre los invitados estaban Susana, Erica y Pancho, además de nuestro amigo Bernardo. Bernardo le explicó a Sonia que es del Quebec que el peronismo es quebecuá y que los del quebec, entonces son peronistas. Recordó que cuando llegó Degaulle que pronunciaría la frase "viva el quebec libre", los militantes peronistas habían elaborado una consigna en francés: "Degaulle y Perón Troisieme position" . Una de las autoras principales, Paulita tuvo la siempre grata compañía de Maya,la economista, su única amiga, que nunca falla. Maya fue un aporte fundamental en la post presentación cuando hubo que hacer las cuentas y demostró, en medio de una cantidad incontable de doctores, que las operaciones básicas no salían con facilidad y debió asumir un papel manolítico para el que obviamente estaba sobrecalificada.


En la presentación contamos con el aporte valioso de nuestros amigos Gabriel y Claudio quienes aportaron polémicamente a que la presentación fuese un ritual efectivamente intelectual

Performance de Blanca Rizzo en el Obelisco





El domingo anterior a partir de las 14s, en la plaza del Obelisco la artista Blanca Rizzo, amiga de sociocontraataca construyó una experiencia decididamente singular. Un muchacho vestido como un elegante camarero interceptaba a los paseantes en el día cubiero de niebla y les hacía una oferta que era un regalo singular. Se les proponía una danza a la carta. Las personas elegían un tema de una carta y Blanca danzaba para esa persona cada uno, con un auricular, la artista y el privilegiado espectador y escucha. Solo escuchaban ellos. A un costado los ocasionales paseantes, los amigos de lo que fue El Entre y este cronista disfrutaban de la elegancia y vitalidad de Blanca que danzaba acompañada por una melodía que no escuchábamos.

Seminario experimental de Diego Melero en Sociales







El jueves anterior fue la ultima de las cuatro reuniones del Seminario Experimental dictado por Diego Melero en la sede de la Facultad de Ciencias Sociales, en la Carrera de Sociología. Ya hace cuatro años que Diego viene implementando esta experiencia realmente singular. Por el seminario han pasado muy distintas y relevantes figuras del arte contemporáneo argentino y se han abordado cuestiones centrales para pensar la relación arte-sociedad. En esta oportunidad estuvieron los hermanos Alemian, Fernando Goin, Frank Paredes, Daniel Kurij, Lucas Rubinich, Pomarola Talk, Lux Linder, la curadora, galerista y verdadera armadora cultural Pelusa Borwitk.


Poesía, performance, dibujo, mundo editorial alternativo, obras en múltiples soportes, curaduría, gestión cultural nacional e internacional, en fin, en el seminario de Diego Melero se producen encuentros mágicos entre agentes de distintas zonas del mundo del arte que no es habitual encontrar reflexionando en un espacio común.







lunes, 30 de mayo de 2011

El Remate


“¡Porque sigue dando criollos,
Muy lindos criollos, el tiempo!”

Yamandú Rodriguez, “El remate”

El domingo 22 de mayo un día después de su apertura, el stand de la Galería De’ll Pete realizó un remate que ya en sus anuncios vía mail prometía un hecho, en principio poco común en estas ferias de arte: rematar obras de artistas (“los mejores artistas vivos de la feria) con base única de 200$. El Flyer enviado por correo electrónico explicaba que el stand de galería De’llPete era el 101 y a pie de página se veía el auspicio: se trataba de ACAVA (Asociación de críticos de artes visuales de argentina). La llegada de dos miembros de sociología contraataca con la intención de participar en el evento mencionado se encontraba con algunos obstáculos quizás propios de la organización de ARTEBA. Las encargadas de informes en la entrada del pabellón tenían dificultad para encontrar el stand de De’llPete. ¿Del Prete podrá ser?, preguntó amablemente una de las encargadas de informe, “porque De’ll Pette como vos decís no está en la lista”, y volvió a mirar con algún asombro el mapa de la feria en el que no encontraba la respuesta a mi pregunta En ese mismo momento llegó Roberto Jacoby a saludarnos. El era el alentador de esta galería nueva, pujante y quizás efímera. Le aclaramos a la informadora que Roberto era el dueño-artista de la galería y ella se sintió desconcertada a la vez que amable y risueña mientras Roberto marcaba en el mapa el lugar: Acá, dijo, el 101.

No encaminamos al stand 101 y efectivamente vimos el cartelito que indicaba “De’ll Pete” y abajo se aclaraba la nacionalidad de la galería: Italia. El espacio del stand resultó ser muy pequeño, casi un baúl de los stands vecinos. Allí adentro estaban guardadas las obras que se rematarían. Faltaban 15 minutos y Jacoby fue a buscar algo así como un mostrador, una mesa, o algo que sirviese para hacer caer el martillo en el remate. Volvió un tanto transpirado por el esfuerzo arrastrando un tambor o tubo con tapas de metal y un martillo común de clavar clavos. Se instaló en el pasillo frente a la puerta pequeña del stand de De’ll Pete y comenzó a convocar al remate con el martillo en su mano derecha: “Los mejores artistas vivos de la feria” decía, y además: “En las galerías van a pagar estas obras 800 pesos o más. Acá salen a 200”. Y comenzó con una pequeña obra en papel del ganador del premio en ARTEBA Carlos Herrea. “Carlos Herrera, ganador del premio Petrobras de Arteba. Quién da 200 pesos?”. Levantaba la pequeña obra y la gente que se había detenido en el lugar no terminaba de entender qué pasaba. Insistía el rematador sosteniendo la obra en alto y a veces revoleando el martillo: ¿“Nadie quiere dar 200 pesos por el ganador de Petrobrás”? y entonces comenzó a bajar el precio con el acuerdo del artista. Y llegó al límite: ”¿ Nadie quiere en 14 pesos la obra del ganador del premio de este Arteba?” Mariela Sacafati con cara de “no puede ser que nadie compre esto a este precio” levantó la mano y Roberto Jacoby bajó el martillo: “Vendido a Mariela Scafati en 14 pesos”. Siguió el remate: “Obra de Virginia Negri artista rosarina, feminista, alternativa, etc.” Y no se vendía. Luego vinieron dos obras de Diego Melero. “¿Nadie compra a Diego Melero?”, decía Jacoby. “En cinco años Melero va a valer una enormidad, es un gran artista” No había respuestas. Mariela Sacafati, la gran compradora del remate, dijo “la compro”, y dirigiéndose al artista le solicitó si podía pagar los 200 pesos en cuotas a lo que Diego Melero accedió con placer de que su obra quedase en manos amigas y de artista.

Otra obra de Melero, luego de las reiteradas interpelaciones al público que miraba y no se animaba. En realidad parecían no conocer a los artistas prestigiosos cuyas obras estaban siendo vendidas con una base de 200 pesos. Al fin levantó la mano Maxi Jacoby, curador del Centro cultural Ricardo Rojas y se llevó el otro Melero. El artista Dudú presentaba en el remate una serie de cinco forografías. Primero se intentó vender la primera serie de tres y luego el rematador Roberto ante una sugerencia el artista propuso todas las fotos por la misma base. Había llegado el lugar el coleccionista de arte contemporáneo Iconikof a quienes todos los que lo conocían miraron de manera expectante. Sobre todo los artistas. Iconikof dijo: Sí, compro todas a 200 pesos”, y fue su única intervención. Varias otras obras fueron ofertadas y algunas no se vendieron. Compró también la artista Florencia Cabeza, y sociocontraataca adquirió (adquirimos) una obra de Vicente Grondona que consiste en dibujos en negro en un sobre de papel madera de ambos lados.

“Marrone: Artista de bienales internacionales, residente en Barcelona. Marrone vale mucho más. Sus obras se venden por lo menos en dos mil dólares”, decía Jacoby mirando con firmeza al público que se congregaba en torno al hecho que estaba ocurriendo en la puerta del stand de De’ll Pete. Apareció el comprador del Marrone por el precio de base y se vendió.

“Lux Linder, quién no compra por apenas 200 pesos un Linder. Vale más”, dijo Jacoby y subió a 220, alguien ofertó 230 y el rematador comprador intervino subiendo más 240. Nadie intervino y el rematador dijo: “Me la quedo yo para mi colección privada”. Luego acercó a la mesa de remate una inmensa caja de cartón que habría albergado obras y comenzó a sacar una serie de papeles y etiquetas hasta que quedaron solamente dos en las que se leía FRÄGIL. "Esta es una obra de Roberto Jacoby" decía el rematador jacoby."Se llama Frágil.El artista está exponiendo actualmente en el Reina Sofía. Doscientos pesos ¿Quién oferta?" Desconcierto, sonrisas y ausencia de ofertas.

“Tenemos que terminar porque ahora a las 20hs se hace la performance de Mariela en Barrio Joven”, anunciaba el rematador, quien tenía todavía obras en las manos y continuaba ofertando. Apareció Marta Minujin en el final del remate. Saludó a Jacoby y éste le dijo:
- Comprá estas obras de artistas jóvenes con base de 200 pesos...
Marta Minujín respondió mientras se iba rápidamente:
-Yo no compro arte. A mi me regalan.

Pomarola Talk y Patricio Dean

viernes, 27 de mayo de 2011

Mariela Scafati y el "Kamishibai de campaña" en ARTEBA



















Video del Kamishibai de campaña
http://www.youtube.com/watch?v=-V2Gdpb5CKY&feature=player_embedded

¿Hubo arte político en ARTEBA?: Sí, acá

Cómo se hace arte político directo sin ser fagocitado por el discurso político, como se hace arte panfletario, directo, potente, sin que eso sea un simple y, por supuesto, legítimo panfleto político que, obviamente no es arte político. Como producir un objeto que a la vez de intervenir decididamente contra una posición defendiendo otra en un espacio determinado, no sea, en la síntesis, la condensación, mediados por algunos elementos artísticos, de los sentidos comunes descalificatorios de la posición enfrentada. Cuando es así, ni los adherentes ni adversarios de esa posición se sorprenden, actúen como actúen en función de esa intervención.

La artista Mariela Scafati el domingo 22 de mayo en el sector barrio joven de la feria de arte ARTEBA realizó una experiencia en la que se puede encontrar una respuesta imaginativa a las preguntas planteadas. Acompañada por la artista visual Florencia cabeza y por la guitarrista de Orquesta Roja, Lola Granillo, realizó una performance a la que llamó “Kamishibai de campaña” valiéndose de los recursos del viejo teatrote papel ambulante japonés

Dicen que el kamishibai o teatro de papel o quizás más literalmente drama de papel parece poder encontrarse por el siglo XII en Japón y revivido fuertemente en la primera parte del siglo XX-. Los gaito kamishibai eran andantes que establecían sus pequeños teatritos y relataban historias que iban siendo acompañadas por ilustraciones en papel que cambiaban en la pequeña pantalla en función de esa historia. En esa pequeña pantalla delineada por un marco de madera que no es mucho más grande que una carpeta oficio, Mariela comenzó su tarea de gaito kamnishibai argentina interviniendo en el debate de campaña por la elección del jefe de gobierno de la ciudad. La artista no hablaba, simplemente pasaban las láminas de papel que en principio no contenían imágenes. Colores, pura pantalla de color que cambiaba. Cuando llega al amarillo, Mariela saca ese papel y lo entrega a Florencia que esta parada muy seria, detrás de una mesa que alberga a un aparato destructor de papel que se usa en las oficinas. Florencia lo rompe en partes y lo introduce en el aparato y el “relato de colores” continúa hasta que llega otro amarillo, en este caso con algún símbolo pequeño que identifica al partido del actual jefe de gobierno. En ese momento se repite la misma ceremonia que se realiza con alguna ostentación. Distintas etapas en las que por fin aparecerán frases que ya claramente no dejan dudas sobre esa identidad que está siendo enviada al destructor de papeles. Sin encuesta, pero con sensibilidad sociológica sostenida en las vivencias por estos mundos en esta ciudad, es posible imaginar que entre el público de esa feria hay un porcentaje importante de votantes del partido que actualmente está en el gobierno de la ciudad. Ese partido se relaciona con sus votantes y potenciales votantes con pocos argumentos y mucha performance de sentido común: alegría exigida de fiesta animada por profesionales, algunos globos y frases de sentido común. Por supuesto, también hay propuestas concretas, pero hay un discurso superficial sobre la nueva política, la no confrontación y la buena onda. El partido que censuró a un candidato a la secretaría de cultura por gay, tiene no obstante, un discurso central por la nueva política y por la no confrontación y una recurrente preentación en clima de fiesta y buena onda..

En ese espacio donde hay un alto porcentaje de votantes del PRO, Mariela Scafatti construyó un objeto performático bajo formas artísticas no convencionales de alta confrontación. Los objetos estéticos de intervención directa no andan con vueltas y este no anduvo con vueltas. Para decirlo también sin vueltas, fue agresivo en el sentido vital que tiene la agresividad simbólica en la lucha política. El relato del Kamishibai de campaña era explícitamente "no sos bienvenido",“no queremos ese partido ni a sus políticas, decididamente los rechazamos y se lo hacemos saber al mundo”. Claro, el objeto, por decirlo rápido, tenía algo de angelical. La guiarrista con un look fifty’s rasgueaba una melodía que se tornaba creadora de suspenso en los momentos de destrucción de los papeles, Mariela con su vestimenta singular, centelleante, pensada por una artista, pasaba las láminas con su natural onda de amabilidad y decisión, Florencia, en todo caso era el ángel malo. Pero se trataba de tres chicas que no son las clásicas militantes políticas; que eran parte de ese mundo naturalmente, con la posibilidad de ser singular que otorga el ambiente, y que se valieron de un recurso artístico no convencional para hacer arte, arte político, e implicar y quizás confrontar con una parte del público y seguramente con un clima de ARTEBA. Que haya sido un objeto artístico el que se construyó, que no sea la simple mimetización con el discurso político, le dio a esa experiencia, en ese lugar, algo de lo que algunas acciones políticas carecen: fuerza política.

LR