jueves, 26 de marzo de 2009

"POR EL ENCANTAMIENTO DE LOS APUNTES" Muestra de arte-clase, el martes 31 de marzo de 17 a 19 hs.l aula 512 de Sociología, M T de Alvear 2230

¿Qué hacemos con los apuntes? ¿Hay que hacer algo con los apuntes o en verdad no suponen un problema en el marco de otros muy significativos? ¿Y si tienen algo de problemático?, ¿de qué se trata efectivamente ese problema?, ¿Simplemente los demonizamos, para estar a tono con la indignación frente a lo vulgar, pre-sesentista, retórica e individualista, abierta en algunas zonas de la cultura?
Las preguntas se habilitan porque efectivamente, sobre todo en las universidades masivas como la UBA (que poseen de cinco a diez veces menos presupuesto que otras similares de Brasil y México, por ejemplo) las bibliotecas están debilitadas y en desventaja ostentosa frente a las latinoamericanas mencionadas. En este contexto, la utilización de los apuntes, está relacionada con la cantidad de estudiantes, cuestión que hace por lo menos problemática la consulta simultánea en biblioteca de selecciones de diez textos diferentes para trescientos o más estudiantes. Concretamente los llamados apuntes consisten en selecciones de fragmentos de textos, en la mayoría de los casos fotocopiados, que componen a criterio de una cátedra, cuestiones relevantes para el desarrollo de un programa de estudios. De esta tarea se encargan las secretarías de publicaciones de los centros de estudiantes y comercios privados.

La masividad en la universidad no es incompatible con la calidad educativa, aunque el sentido común argumentado y promovido por los especialistas en educación que construyeron los programas del Banco Mundial, sostenga lo contrario. Claro que la masividad, más presupuesto exigüo y ausencia de políticas universitarias, arman un mapa preocupante y en el caso de una universidad con historia como la UBA, decadente. La masividad, aún en este contexto, no impide el uso del libro, como mostramos desde esta cátedra de Sociología General, en la que nos valemos de libros clásicos de la teoría social (Las reglas del método sociológico, El Suicidio, La ética protestante y el espíritu del capitalismo. La lucha de clases en Francia y La guerra civil en Francia) y de, por lo menos tres obras más de autores contemporáneos. Promovemos la relación con el libro, ubicándolo en la biblioteca si estuviere, en la red, o comprándolo. No me valdré del recurso retórico rápido de promover el robo de libros que el patetismo pequeño burgués identifica como transgresión. A nuestros amigos libreros les compramos los libros. Y si alguien quiere trasgredir en serio, que vaya y robe un banco.

No obstante, además de los libros, utilizamos también el recurso de los apuntes porque en la situación en la que estamos, los consideramos una herramienta pertinente que contribuye a nuestros objetivos de formación. Pero lo que resulta evidente para cualquiera, es que el objeto real, si hay algo que no posee- para decirlo de una manera contundente y clara-, es encanto. Por lo tanto nuestra propuesta es encantar los apuntes y para eso invitamos a artistas visuales a hacer obras que acompañen el cuadernillo “La construcción del objeto”, de nuestra cátedra Sociología General. Con los mínimos elementos (blanco y negro en papel A4) los artistas Diego Bugallo, Mariana Cerviño, Nadia Finck, Syd Krochmanly, Fernanda Laguna, Diego Melero, Pomarola Talk, Jorge Porcel de Peralta, Gustavo Rios, Lucas Rozenmacher y Mariela Scafatti, construirán cada uno, una obra que será reproducida separando los distintos artículos del cuadernillo. Además, en la clase teórica de la cátedra Sociología general, del martes 31 de marzo de 17 a 19hs, en el aula 512 de Marcelo T de Alvear 2230 esas obras serán serigrafiadas y se pegarán 800 copias en las puertas, ventanas y paredes del aula. Será algo así como una clase- muestra que se llamará “Por el encantamiento de los apuntes”, de la que participarán todos los artistas. Al finalizar la muestra las reproducciones serigrafiadas de las obras estarán a disposición de todos.

Este hecho artístico con voluntad de reencantamiento y de reconstitución de lazos en el mundo cultural, puede ser también una mínima expresión de la necesaria y significativa lucha político cultural por reencontrar a la UBA en su implicación productiva con diferentes zonas de la ciencia y la cultura, y por lo tanto, con la fortaleza simbólica que le posibilite abordar las grandes cuestiones de la sociedad argentina.
Lucas Rubinich





domingo, 15 de marzo de 2009

sábado, 7 de marzo de 2009

Muestra "Sos un sueño", de Mariela Scafati. Miércoles 11 de marzo 19 hs.Galería Daniel Abate, en Pasaje Bollini 2170

Mariela es amiga de Sociocontraataca, Nos ha cedido una obra para la muestra "Por el encantamiento de los apuntes" que haremos desde la cátedra Sociología General y en los próximos meses realizará una intervención en nuestra facultad empapelando un aula. Ahora queremos estar todos en su muestra de galería Abate donde además toca Dj "Orquesta Roja"
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Enjuiciar es convertir en atributo del otro lo que es en realidad mi reacción emocional hacia él. (N. Levy).
Por ejemplo…si me gustás mucho y nunca había conocido alguien así podría decir…Sos un sueño.
I. Haber visto cómo Mariela tiene organizada su casa- taller me hizo reflexionar sobre algunos temas acerca de su obra. Punto uno y único: En la casa de Mariela no hay distancia para ver: casi no hay perspectiva. Uno al entrar es devorado por el espacio hasta convertirse en algo bidimensional: parte de un cuadro. Todo está bajo el registro de la realidad plana de la pintura. Y bueno…ella es pintora así que hay que hacerse pintura. Alguna vez…hace muchos años Leonardo Da Vinci y colegas flashearon con la perspectiva. Por esas épocas descubrieron la pólvora de la realidad. Este espacio (Scafati) me revela otra realidad como si todo me estuviera diciendo al oído: acá la realidad es plana. Y es tan convincente la sensación, que uno podría llegar a creer que hasta la tierra es plana. Pero no quiero que piensen que soy exagerada y que me dejo llevar por términos poéticos. Si no sólo contéstense esta pregunta: ¿Cómo Mariela puede pintar un cuadro de 3m (alto) x 7,5m (Largo) en una habitación que mide 4 x 3,5 x 3 y que aparte en el mismo espacio hay entre otras cosas: un sillón de tres cuerpos, ¡tres mesas!, tres sillas, varias lámparas, una computadora, dos equipo de música, una biblioteca con libros, dos banquitos, un puff, una escalerita, varias cajas con elementos de serigrafía, una bicicleta, un tablón donde tiene exhibidos nueve pequeñas pinturas sobre terciopelo, y para el colmo está trabajando en otro cuadro de 2m x 3m? ¿¿¿¿¿¿¿Eh?????? A mí se me ocurre una respuesta y es: Solo pintando desde adentro del cuadro. Poniendo textualmente al observador en el punto de vista. Este efecto de planitud se lo puede ver en las rayas de sus cuadros. La vertical (y), la horizontal (x) y la unión de ambas (z) no nos llevan a ningún horizonte de playa lejana. Estas coordenadas traen a la playa hasta el mismísimo pasaje Bollini. Y en el mismo lugar se fusionan las dos realidades. Horizonte de playa - Galería. Lo imposible se hace real a través del aplanamiento. Traer lo que está lejos acá cerca. Una de las actividades a la que más nos dedicamos.
II. Ella a veces trabaja mucho falsificándose a si misma. Creando unas obras que parecen de utilería, de segunda. De pintura rápida y tomados de otros cuadros que aparentemente serían los verdaderos. Eso también crea aplanamiento. Lo falso es chato, carece de profundidad. Como los sueños, que son una especie de farsa de la realidad, a los que se los ha exiliado de la vida. Como si los sueños no fueran vida vivida también. Como si lo falso no tuviera materia y peso. Por eso también a lo falso se lo llama liviano. Mariela le devuelve su lugar a lo falso sin tener que convencer a nadie de que es verdadero porque lo falso es verdadero. Y muchas veces lo falso-copiado nos provoca más satisfacción que lo original. Oscar Wilde dice que la naturaleza imita al arte y que es una mala copia de una buena obra de arte. Pero que la naturaleza mejora en contacto con el arte. Pero original y copia no son más que diferentes formas de aplicar la perspectiva. Diferente lugares dónde situar el punto de vista.
III. Todo esto no es la obra de Mariela Scafati es simplemente lo que yo siento y elaboro frente a ella. No hay necesidad que su obra sea así, porque lo que yo siento tiene una existencia real dentro mío.
Fernanda Laguna

viernes, 6 de marzo de 2009

Otra oportunidad desperdiciada, por Hernán Vanoli. Sobre la película "Gaby La montonera", de César D'angiolillo, 2008



El verano en Buenos Aires tiene un raro encanto de calles vacías, menos colas en el banco o los supermercados, burócratas con buena onda porque acaban de volver o les falta poco para irse a la costa y la tranquilidad de andar en bicicleta por Avenida San Martín sin quedar enganchado en las ruedas de un 109. En un punto, enero en Buenos Aires materializa la fantasía del porteño sobre la vida en una capital de provincia: birra fría en la terraza, siesta al son del turbo y sentirse el personaje secundario de una película uruguaya donde en algún momento hay un perro que duerme en la calle y un hincha de Danubio que fuma porro en el baño de una pizzería decadente. Es imposible ganarle la batalla al verano. Una de esas tardes de calor, un domingo, tuve la idea de ir al MALBA a ver Gaby la montonera. A los diez minutos de película entendí que estaba pasando algo similar, aunque de signo absolutamente inverso, a lo que sucedió una tarde de sábado allá por 1993 en el cine Rivera Indarte de Flores. Mi padre nos había llevado a mi hermano, que tendría once años, y a mí, que tendría trece, a ver Tango Feroz. En ese momento, lo único que entendí fue que en la parte donde Tanguito se cogía a Ceci Dopazo en la terraza después de haber defeccionado en una manifestación, todo el cine, que tenía un sector pullman y todavía no estaba dividido en salas, explotó como la barra de Argentinos frente a un gol de media cancha de Ortigoza. Fue un momento enorme. Varios años más tarde, en la facultad, hablé de Tango Feroz como la película que prepara ideológicamente el repliegue de la franja politizada de las clases medias urbanas durante el menemismo, construyendo la figura de un rebelde marginal y vagabundo que termina de modo trágico porque “no se vendió” y canta que el amor es más fuerte. Un tipo sensible, un flaneur. Esta imagen de la rebeldía está absolutamente concatenada con el repliegue en los consumos que cimentó la cultura libidinal del neoliberalismo triunfante: Tango Feroz habilita que a Menem no se le reclame la revolución productiva, entre otras cosas. En mi medio social, la película tuvo más fuerza que cualquier libro de Fukuyama. Pero volvamos al MALBA. Rew. Tras viajar los setenta minutos que me separan de esa versión sexualmente confundida y llena de aluminio del Jockey Club, estaba sentado en segunda fila y entendí, de una forma oscura, que Gaby la montonera venía a cerrar el ciclo de la reivindicación lastimosa de los derechos humanos por parte de una generación derrotada y sin propuestas de actualización doctrinaria. La diferencia, notable, era que Tango Feroz fue un fenómeno masivo, y Gaby la montonera reunía sólo a una extraña paleta de vecinos de Palermo y Barrio Parque, estudiantes de humanidades educados en colegios de elite y morbosos de diverso signo. Mientras pensaba en eso, masticaba caramelos comprados a precio quiosco, empezando a morirme de frío en esas butacas cómodamente refrigeradas por el aire acondicionado más potente de la Capital Federal. Ráfagas heladas que me hacían pensar en el viento de la Villa Gesell enredando la crenchas rubias claro claro ceniza de mi vieja, que toma sol con un cocker atado a la reposera.Ahora, retrocedamos un poquito más. Mientras hacíamos la fila para entrar, le dije a Popi dos cosas: primero, esta película va a parecerme ideológicamente pobre, y segundo, voy a enamorarme perdidamente de Julieta Díaz. Las profecías no siempre se autocumplen: solamente acerté con la primera. El problema de Gaby la montonera no es sólo que se trata de una película aburrida que gira en el vacío del discurso lacrimógeno y paralizante sobre los setentas, una mala reescritura del Nunca Más digamos, ni que muestre a una Arrostito inexpresiva y bastante descerebrada. Tampoco que genere una fantasía de que ser montonero era romántico y copado, porque no llega ni a eso.Nada de nada: la película no cuestiona el mito de los militantes idiotas útiles cínicamente manipulados por sus líderes perversos (bastante igual al mito de los pobres cínicamente manipulados por los punteros peronistas en la idea del clientelismo sostenida por las ONGs de la eficiencia y la progresía liberal), sino que más bien lo refuerza. No se entiende cómo llegó Normita a ser una de las primeras de la orga. En realidad, los montoneros no son mostrados como una orga. Eso a pesar de que no está mal ser organizado, ¿no? Los terratenientes que cortan rutas se organizan, y los montoneros también se organizaban. Aunque los del campo son más inteligentes y democráticos, obvio. Son “laburantes”. Gaby la montonera mecha “reconstrucciones de época” con testimonios de gente que estuvo presa en la ESMA. Como si la “libertad” de ficcionalizar tuviera que ser refrendada por la “verdad” del dolor filmado para las vitrinas del museo y el “saber” de dos o tres especialistas en setentismo para principiantes. Es difícil pensar en algo más lamentablemente progresista que eso. Aunque las reconstrucciones son aceptables técnicamente, se mueven dentro del medio pelo del género y carecen de función adentro de la película. De pronto, pintó ficcionalizar el secuestro a Aramburu y lo hacen, aunque Fernando Abal Medina se parece a más un adolescente que no sabe qué hacer con su pito y por eso fusila a “un general de la nación” que a un militante convencido (humanizándolo de forma superficial, se le quita dimensión a la tragedia). Por suerte la Gaby lo consuela, maternal aunque nunca quiso tener hijos.Los testimonios son emotivos. Demasiado emotivos. Me trago el sapo otra vez, el discurso me parece lastimoso pero esta gente por lo menos creía en algo más que en el arte y los happy hours con amigos, o por lo menos dice eso. La casi única virtud de la película, no deseada, es que uno se da cuenta de que hay tipos que estaban metidos en las celdas comunes y tenían que bancarse la atención preferencial que tenía la Gaby ahí adentro en la ESMA, y que a pesar de todo la siguen revindicando y hablando de ella como si hubiera sido una santa, mientras que, bien leída, la onda que se sugiere es que ahí adentro ella transa un poco con los milicos. Por todo esto, Gaby la montonera no es sólo una película. También es un catálogo de las limitaciones de una generación y de una formación intelectual para renovar el imaginario político y emotivo del nacionalismo popular. Sinceramente, hubiera preferido una Gaby resentida, un poco titubeante pero fálica y tirana, trepadora y quilombera. Si el género “da para cualquier cosa porque ya relevante en la serie política”, como dice la derecha literaria, hagamos la prueba, faltémosle un poquito el respeto a los bienpensantes culturalmente derrotados. Con amor, como hace Bruzzone en Los Topos. Había recursos y un gran personaje, buenas intenciones, tal vez faltó encontrar la historia. O no hubo presupuesto, no importa. El problema, entonces, no es que en esta película Gaby no pueda enamorar a nadie, ni las flojeras múltiples. El problema es la oportunidad desperdiciada.Al final de la película, Julieta Díaz (haciendo de Julieta Díaz, no de Gaby) aparece en los jardines de la entrada a la ESMA, abrazada con una señora que estuvo secuestrada ahí y con las hijas de esa señora. Sentí vergüenza ajena y nos fuimos antes de que encendieran las luces. Afuera hacía mucho calor.

jueves, 26 de febrero de 2009

EL MANIFIESTO DEL DIABLO, por Juan Anselmo Leguizamon



Sobre de “The Palermo Manifesto” de Esteban Schmidt (Emecé, 2008), Juan Anselmo Leguizamón

. Ahora solo quiero largarme de aquí con un poco de dignidad”
Lotus Weinstock (cit. por Justin Bond en
SHORTBUS, John Cameron Mitchell, 2006)

"Como los criminales, como los novios y como los cobradores, yo regreso siempre..."
Enrique Santos Discépolo

Un monólogo brutal. Como diría La Moria en los ochentas: ¡Brutal, Esteban! Primero veamos lo que dijo cierta prensa hasta el momento: "Si fuese un newyorker sería una celebrity de Queens y haría stand-up en bares pro-argentinos, pero bueno, es de Caballito y transita Palermo" (The 2nd New York Review of Books); "Un sujeto lamentable con observaciones brillantes" (The Crooner of Confusion Review); “Una fina exploración del patetismo de principios de siglo in the Peronist / Maradonian´s/ Apache´s/ Ginóbili´s / Messi´s Argentina" (Al Palo Quarterly); "Con su alter ego Estebitan inventa el cool trash post-noventas. Agárrese fuerte, lector" (Rico Tipo); "Con estas 180 páginas Schmidt se revela como el easy-rider porteño de la era blogger" (Rajá Magazine); "El Pepe Argento lúcido: si Francella fuese literato y pasilleara en sociales escribiría un libro como éste" (Revista Pendencia); "Toda la carne en el asador. Un poderoso insight sobre los sueños, ingenuidades y la roña que soportó toda una generación de tiernos jóvenes educados e interesados en política. Para leer en el yate rumbo a Floripa" (lagrasasequitaconlimon.blogspot.com); "El radicalismo necesita recuperar a sus muchachos, como éste, y si no que se venga nomás al peronismo que siempre los puede contener a todos" (Antonio Cafiero con Chiche en Radio 10)
Oye, pues, reseña lo que se dice una re-seña es volver a señar algo que se pretende tener, adquirir, conseguir, o sea marcarlo, decir “esto es casi mío” pero si se reseña es porque perdiste la seña anterior o bien porque reafirmas que lo quieres aunque todavía no es del todo tuyo, es “más que casi” mío pero no es “del todo” mío; y es como hacerle el bookmark, ¿viste (o está en bolas)? Como me dijo un chabón re-cool: “guardia con esa piba que ya le hice el bookmark”), o sea ponerle un señalador y apuntar ahí algo, digo: para anotar o bien para disparar pero más como para calcular el tiro, porque Estebitan es el que dispara a boca de jarro, pero tampoco es para dispararle, es decir: para huir de él o de lo que dice (¿o sí? Tal vez sí, si lo pensamos bien) de salir corriendo ¿de dónde? ¿De Palermo? Llegamos corriendo y nos vamos corriendo, rajando ¿a dónde? ¿Rajando qué: el aire, la tierra? Puede ser: como Renton y Spud escapan de los guardias de minimercado al ritmo de Lust for life. Pero si la tardecita es cálida no, y si esta noche en el depto la honey nos enjabona mientras sorbemos un Chivas y habla el Pocho por el winamp, naahh, todo bien. Pero también se corre como se corre un mueble, o te apartas del camino del tren: te corres para que no te lleve puesto; o el ¡corréte, man! que profieren los que “sí la ven”, los que ven cómo es la cosa y les estorbas, te metes en el medio, Esteban, man; pero también cuando te corres de lo habitual, de la diaria, del diario, del daily, de lo ordinario y de la rutina que te carcome, de la rutina que te arruina y te mueves de la foto postal, de lugar, del lugar, re-mueves y dale que le das, le das, le das, le das, le das y le das para que tenga y hasta que te corres también (acabas)
Ok, pero a mí la rúcula me gusta. ¿Dónde estaba, en Siberia? ¿Se cultiva en secretas macetas como la ganja? Solo en Palermo, no hay en las verdulerías de barrio en Santiago del Estero. Claro (Claro sí hay) achicoria con sardo no vale ¿quenó? Pero hay una pizzería que tiene, pero la deben comprar importada en el Híper Libertad que también tiene arroz negro de Italia a setenta pesos la caja y el sushi instantáneo. Aquí en Santiago comemos asado, locro y comida árabe porque somos unos machos tremendos. Sin embargo, Estebitan no habla de la rúcula y hace bien porque es re-barato pegarle a la rúcula como símbolo palermitano. Pegarle a un vegetal, loco, no da (diría Schmidt) Lo que sí nota es el cambio del menú, el abaratamiento: pasar de ofrecer los pescados copados del sur por los pescados de río, que al ser de río y de por ahí son “más pescados”¿mentendés? Ponele un surubí empapelado de Entre Ríos (la provincia, no la banda copada) que medio que no da pero igual la semiosis, que es infinita y todo lo transfigura, hizo que ahora para un golden boy de la city porteña (o un silver boy, incluso un bronze boy, que nadie se quede afuera) sea muy copado llevar a su novia la costurerita o la empleada del mes de Pumper (ok, seamos por un rato ochentas boy) a comer un “pescado de río” cortado a machete en Palermo –y la mamá de la piba tan chocha como asustada. Esto también nos cuenta Estebitan –que usa machete- y esto cuenta para él, porque la cuenta del restó sigue igual de alta, pues Pistola Moreno hasta acá no llegó. Lo único que no tiene vuelta es la caída del bar El Coleccionista de Caballito cuando los mozos pasaron del saco té con leche al floreado y chau, adiós, da para tango mal; y atención el día que pasen al animal print -como se le dice ahora al estampado porno- porque la cosa sí que se va a poner pesada, man. Barrios caen, barrios se levantan. Caballito/Palermo: Panchos al paso en un kiosco/Fritanga Thai en el Festival Good Mourning. “Un mundo de sensaciones, un mundo de vibraciones” que nos regala la verba florida de Estebitan en su mitin de Palermo (o sea: meeting ¿tá? que no dice nada de Florida aunque sí de un hotel del downtown o sea del Bajo) desde su modesta tribuna en la esquina de Borges y Paraguay, una encrucijada que vendría a ser como la Biblia y el Calefón, Minguito y San Martín, Faena y Discepolín.
Imaginemos un rapeo with attitude: Elige la vida en Honduras / pero no-te-confundas / no necesitas vacuna contra la malaria / ni llevar Off gel-crema-aerosol / elige la vida en el centro / de la contrarrevolución. Y en permanente transcurso yendo por la vida Estebitan hace trainspotting en el pasonivel que corta la calle Honduras: en el iPod nano oye sobre Ziggy Pop (Lust for life) la voz de la conciencia que le susurra mientras pasa a todo trapo el tren: “Choose life. Choose a job. Choose a career. Choose a family, Choose a fucking big television, Choose washing machines, cars, compact disc players, and electrical tin openers. Choose good health, low cholesterol and dental insurance. Choose fixed-interest mortgage repayments. Choose a starter home. Choose your friends. Choose leisure wear and matching luggage. Choose a three piece suite on hire purchase in a range of fucking fabrics. Choose DIY and wondering who you are on a Sunday morning. Choose sitting on that couch watching mind-numbing sprit-crushing game shows, stuffing fucking junk food into your mouth. Choose rotting away at the end of it all, pishing you last in a miserable home, nothing more than an embarrassment to the selfish, fucked-up brats you have spawned to replace yourself. Choose your future. Choose life.”
Well, entonces rebobinemos con Estebitan ahora cómodamente echados del mundo y cuasi-despiertos en un bar con mozas onda Bruce Lee por efecto de la danza butoh, y seguiremos escuchando: Choose Thai fried food. Choose Mama Racha. Choose L´ Eclipse du Livre pero pedí prestada una mac con batería de seis horas porque no hay onda con los cables. Choose Amapola. Choose Pencils and Clips form the MOMA. Choose Coca Zero and Body Pump. Choose Un Gallo pero no para Esculapio que ya fue. Choose Cañas de la India. Choose Jabones en Frascos. Choose a Wok. Choose a home in Briyit Bardo´s Buzios with a hot afrobrazilian maid. Choose Baby Cotton NOT Once. Choose Palms and Amor Líquido. Choose el Riojano, el Aburrido y el Cabezón. Choose Espacios políticos. Choose No votar. Choose Surfing the PJ on all its waves. Choose CBC´s Foucault. Choose FLAXO. Choose Magdalena. Choose Being in Gesell. Choose Hacer Algo en el Rojas. Choose Boga con Ajenjo. Choose Habermas and Tito Bacman. Choose el spleen de Uruguay. Choose Barugel y Azulay. Choose life.
Me parece bien que este lanzallamas, y llamado a las lanzas (y contra la Gran Avivada Argentina de “la llama que llama”, además), en la ficha para bibliotecas de la página seis se lo encuadre en “Ciencias políticas” aunque sea literatura del subgénero “monólogos al palo”; porque es un libro político en todos los sentidos que quiera dársele a esta palabra, incluso que “lo personal es político” porque, obvio, está atravesado por el lazo social” -el amoroso, por ejemplo: Leonardo Favio se anotó en el PC por una mina y está todo bien- y porque estaría bien que los muchachos y chicas alistándose en esa rama de las ciencias se crucen con Estebitan, nieto perdido de Adorno y bisnieto de Ambrose Bierce. Este libro construye puentes al deconstruir y sí, está escrito en voz alta. Como señala Artemio “Clearwater” López los setentas tienen sus mil y un relatos pero después hay badén, agua de borrajas, un hueco, y digo yo que parece que la democracia nos quedó poco heroica para contarla. Había que contar desde otro lado y hacía falta hacer relato. Este es el único tal vez por su estilo y polenta sobre esa cosa post setentas llamada ochentas, noventas y después (sí, salió una antología sobre los noventas pero éste divierte y quema) y llegando hasta, o mejor: arrancando desde el 2002. Entre los asesores y técnicos multinorma que vienen aportando diagnósticos –léase “fabricantes de humo”, según Estebitan- que certifican una vez más el naufragio, los usos y costumbres del progresismo y la siempre, ay, dicen inicua dirigencia del meta chorizo que mañana ganamo´, Estebitan es un ex joven político dice que retirado, veterano de la juventud, aunque sostiene pertenecer a la “ultra”: los diez mil que valen la pena en este país pero que están fuera, out, y que todavía no se fueron a Barcelona (donde sí se darán cuenta de quién sos realmente y de lo que valés) Por ahora nos quedamos como nos deja Estebitan, en sintonía con el compañero argelino que en paz descanse Derrida: en el balance(o) de esto y aquello, vuelta y vuelta, en el baile de los espectros, en el banquete de pordioseros con el brindis por lo que venga -somos aliados tácticos del futuro- y maquinando bufonadas disfrazados con los vestidos pesados, decadentes y raídos con los que dijo Marx que se sale del closet de la historia.


Posdata: POSTGRADUATED SUMMER SEMINAR.
A continuación adelantamos nuestro TEMARIO del libro de principio a fin.
The Palermo Manifesto
Suiza. Somos esto. Los 80. Verde democracia. Radicales: La Claringrilla y la Guerra del Peloponeso. Y los 90. Adiós al prusianismo del comité. El 2001. Reconstruir. Apocamiento Now. No voto y qué. Dieta. Ocuparse de Uno mismo. Pobre hace tenis y no tiene para el taxi. Somos esto. Esplendor y caída de Caballito. Pon un poco de Flaxo en tu vida. Anagrama puede esperar. Introducing Manteca al techo. Ministerios con baños horrendos. Ahora pescados de río. Uruguay in my mind. Manteca otra vez. Introducción a No Toca Botón. Volver mil veces de exilio. Vamos al Rojas. Talk shows y GH. Trayectoria estelar. Utopía con U de Uruguay. Un habitué de La Celeste. Camila pediodizta. The Filmus campaign. Proletas de la prensa: movileros humillados. Tomasito en el Espacio, a tiro del investment grade. La densa realidad y las Ciencias Políticas. Un cierre. 2002: año cero. Bares y librerías de Palermo. Good Mourning, joven argentino. El eclipse de la ilustración. Una ucraniana hace mejor patria. El signo televisivo. Mariconeemos expropiando. Perdimos: estamos contentos. PRO Dance. Somos esto. Perón no laburó. Somos esto. Apocalipsis. Linda tarde para pasear. Agradecimientos. Fin del libro.
Trabajo Práctico: Hacer un cuadro comparativo de la “Ultra” con la película Fight Club y proponer diseños de remeras, afiches, banners, calcos y pins con la cara de Edward Norton y la frase NO W E CAN.

miércoles, 21 de enero de 2009

Nota en Página 12 de nuestro amigo Fabro


Flores de Cortázar
Por Fabro Tranchida*
La censura de mis erecciones sospechosas se planteó en mi etapa escolar. De muchachito se me educó con angustia católica escolástica patriótica. La culpa cristiana, agriando mis crayones, es una sensación recurrente cuando repienso la construcción discursiva de mi cuerpo niño. Me recuerdo como un muchachito tibio insidiosamente coercionado. Coercionado en las acotaciones del discurso, sin enmudecer el brote erótico, sexual, pero enseñándolo (hablándolo conmigo mismo) como un secreto culposo o juego insinuado. Así mi sexualidad se reducía en un nivel discursivo que, ansioso, se volvía casi práctico en el rito colectivo posterior al deporte: mi sexualidad la vivía en los vestuarios del club. Latigazos de toallas mojadas, el chiste del jabón peligroso frente a la dominación, algún travieso que te toca el culo, que te estira el boxer hasta colarlo en el enredo lúdico del descubrimiento mutuo, en la comparación de tamaños y la legitimación grupal de la hombría del que la tiene más grande.
Lo mismo me sucedía en las prácticas de taller en la escuela industrial a la que iba, donde no solo se me pretendía cristiano sino también conocedor de las labores dignas de un hombre, pero claro, mi tentación era poderosa. Y poco me importaba la carpintería o la electricidad ante el espectáculo de mis compañeros sudados y desnudos bajo el enterizo de trabajo a medio abrir. Se repetía la historia entonces, cuando alguno me apoyaba al pasar por el pasillo. “Como te gusta maricón”, me decía el activo casual. “Salí puto”, le contestaba, varonil, disimulando la dilatación y ocultando mi identidad.
Luego, ya egresado, conocí al chico de mi vida. Nos llenamos de flores leyendo a Cortázar y esas cosas. Y nos escribíamos poemas. En una ocasión, a raíz de mi atontamiento de enamorado, dejé olvidado en la cocina uno de los poemas que mi pareja me había escrito, firmado con un gigantesco “Te amo, Tincho”. Salí de ducharme y me encontré a mi madre con el texto en sus manos. “¿Qué es esto?”, preguntó, perpleja. Y atiné a responderle: “Es lo que es. ¿Qué queres que te diga?”. Así, dentro del propio entorno discursivo en que me escondía, se me halló sorpresivamente y se me sacó (sin chistar) a patadas del armario.

*Artista plástico, escritor
© 2000-2009 www.pagina12.com.ar República Argentina Todos los Derechos Reservados, 16 de noviembre 2009